Rafael Archondo

Jenaro, el precursor

jueves, 29 de agosto de 2019 · 00:12

Jenaro Flores Santos ha muerto este 25 de agosto, tres semanas antes de cumplir los 77 años. Su partida nos incita a recordar su paso por este país, que tanto le quedó debiendo. Su vida coincide milimétricamente con la del movimiento político y sindical, que encabezó a fines de la década del 60. Queda como el primer gran katarista. 

Nacido el 19 de septiembre de 1942, en Antipampa, provincia Aroma del departamento de La Paz, fue seguido atentamente por Javier Hurtado, autor de un libro ya clásico sobre el paso de quien despedimos ahora como el fundador de la Csutcb. En Katarismo (1986), Hurtado recuerda que el padre, Mariano, gozaba de alta estima entre los agricultores locales por su conocimiento de los engranajes de la naturaleza. A su madre, Magdalena, se le atribuía cierto parentesco con Pablo Zárate Wilka, el caudillo de la Guerra Federal.

  El niño Jenaro alternaba las faenas agrícolas con la escuela. En Antipampa cursó hasta el tercero de primaria. Enseguida se mudó a Sica Sica para concluir ese ciclo escolar. Luego sus padres juntaron dinero para enviarlo a La Paz, donde se matriculó en el colegio Gualberto Villarroel y después en el Ayacucho. Jenaro formó parte de esa primera generación de aymaras que fue migrando a medida que iba recorriendo los peldaños del ensanchado sistema educativo.

 En 1964 alcanza el bachillerato y al año siguiente presta su servicio militar. Como conscripto estuvo al mando del general Gary Prado, quien en 1967 dirigiría la captura del Che Guevara.  Fenecidos sus días cuartelarios, Flores se inscribió en la Facultad de Derecho de la UMSA. Por razones económicas dejó esas aulas y se enroló como obrero de la Bolivian Power. En 1966, se casa con Nieves Velasco, con quien educa seis hijos. Formada en un hogar proletario, ella acercó a Jenaro al mundo sindical urbano.

  En 1969, Flores regresa a Antipampa. Casado y con el servicio militar cumplido, ya posee los requisitos para ser líder sindical. En 1970 es elegido secretario general de su comunidad. Despliega una extraordinaria habilidad para jugar fútbol. Dicho deporte lo ayudaría a hacerse conocido en todas las provincias. Su siguiente paso fue convertirse en dirigente de la subcentral Lahuachaca, desde donde impuso tarifas justas a los transportistas. El hecho le reportó aplausos. Los campesinos veían que Flores no se portaba como los demás dirigentes, quienes  muchas veces operaban como empleados del Ministerio de Asuntos Campesinos. 

En marzo de 1970 fue convocado en Ayo Ayo el congreso sindical agrario de la provincia Aroma. Flores disputó la cabeza de la central con el inolvidable Raymundo Tambo, prominente ideólogo del katarismo. El voto favoreció al moderado Flores frente al radical Tambo. Ese choque hizo posible no sólo que ambos se conocieran, sino que terminaran fundidos en un abrazo que derivó en un pacto de ideas. Jenaro se hace katarista. 

En marzo de 1970 se organiza el congreso departamental de campesinos. El resultado es impactante: Jenaro resulta como nuevo ejecutivo paceño. Su primera decisión es añadir el nombre de Tupaj Katari al emblema de la Federación.  El ascenso victorioso de Jenaro no acabaría ahí. El 2 de agosto de 1971, a sólo 19 días del golpe militar del coronel Banzer, Jenaro es elegido máximo dirigente nacional del campesinado. Gobernaba el general Juan José Torres, uno de sus principales aliados. Pese a ello, la Asamblea Popular se negó a recibir a Flores en su seno. Todos, torristas o no torristas, se reencontrarían en el exilio semanas más tarde. Había fallado el primer acercamiento entre la izquierda y el katarismo. 

El error fue enmendado en 1979, cuando, con el respaldo de la COB, se crea la Csutcb, encabezada por Flores. Por ello, kataristas e izquierdistas enfrentarían juntos el golpe de García Meza. El 19 de junio de 1981, cuando Jenaro salía de una reunión clandestina, fue interceptado por los agentes de la represión. Al saltar del vehículo en el que se desplazaba, una bala penetró su espalda, a la altura de la vértebra 17. El disparo paralizó sus piernas para siempre.  En esas condiciones complejas fue candidato a la Presidencia en 1985 y 1989. 

La idea que lo acompañó desde 1975, año en el que Raymundo Tambo murió en un accidente de tránsito, fue la construcción de un instrumento político que llevara a su pueblo a la restitución de sus derechos. La izquierda que lo aceptó en 1979 lo desplazó en 1988 y lo reemplazó en 1995, es la misma que en estos días ha preferido olvidarlo. Su pueblo lo sabrá sostener en la memoria.

 


Rafael Archondo es periodista.

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