Javier Torres-Goitia Torres

Cáncer, huelga, SUS y MAS

sábado, 03 de agosto de 2019 · 00:10

 Con los ojos nublados por  la emoción y conmovido por tanto dolor acumulado en personas, que sin culpa alguna sufren la indolencia de autoridades, que cuanto más  ofrecen más engañan, me ha tocado compartir con mis colegas médicos el trágico espectáculo de mujeres enjutas, bañadas en lágrimas con signos evidentes de inanición y clamando desesperadamente audiencia con el Presidente del Estado para pedirle cumpla su promesa de brindarles atención médica. 

 Nuestro país debe ser uno de los pocos, quizá el único en el mundo, donde los enfermos se ven en la dura alternativa de hacer una huelga de hambre para conseguir servicios de atención médica. Y ya, sin quizá, el único en el mundo, cuyo pueblo está obligado, bajo severas formas de control, a perpetuar con su voto a un jefe absoluto y omnipotente, aún sin recibir de él nada objetivo. 

 Más allá de lo insólito de contemplar una huelga de hambre de enfermas con cáncer, que termina sin un  solo logro, algo más funesto y de negras proyecciones ha sido escuchar a una de las huelguistas decir que ojalá los candidatos de oposición no aprovechen su dolor para hacer política, ya que todo lo que quieren es que el “hermano Evo” las reciba. 

 La tragedia de una enfermedad terminal, plagada de dolores físicos diversos, la imposibilidad de acceder a un medicamento siquiera medianamente paliativo, el cierre de todo horizonte de esperanza, se ve que no produce solamente agotamiento físico, sino también psicológico. Así como en la violencia intrafamiliar, la psicológica es más perniciosa que la física o la sexual, en la política estatal la opresión que genera    miedo a perder lo poco que queda es la expresión de la peor violencia.

 La actitud de aquella huelguista  recuerda el síndrome de Estocolmo. Un trastorno psicológico temporal que aparece en la persona secuestrada y que empieza por agradecer la cortesía del secuestrador, aun sabiendo que es fingida, para llegar paulatinamente a identificarse con su guardián y hasta a protegerlo de la Policía durante el cautiverio y a veces, incluso, después de la liberación. La actitud, obviamente es resultado de quienes después de perder toda esperanza de vivir encuentran que algunos de sus raptores no son tan criminales como parecen y sublimando conductas los ven comprensivos  y benevolentes, llegando incluso a ponerse en contra de los que luchan por liberarlos.

  Cuando el gobierno inauguró el ya famoso SUS y muchos pronosticamos su fracaso por sus múltiples falencias y limitaciones en planificación, financiamiento, dotación de recursos humanos, materiales  y otros cientos de defectos, nunca pudimos suponer que tan pronto estaríamos frente al sombrío espectáculo que no ha terminado con la suspensión de la huelga. 

Siempre consideré que el SUS era solamente un engaño electoral, de los muchos que el partido de gobierno anuncia a diario para ganar votos de la gente humilde y tan ingenua que después de 13 años sigue esperando que le lleguen los beneficios del “Evo cumple”. La crisis económica aún no ha empezado, la gente tiene todavía los bolsillos llenos y puede comprar lo necesario, pero así como no percibió que la impericia y la arrogante ignorancia derrochó 600 mil millones de dólares que ingresaron al TGN en la época del alza del precio de las materias primas y esa enorme suma, que pudo servir para mejorar la salud y la educación se perdió definitivamente, no valora que el régimen actual agotó su reserva de ilusiones.

Ya no tenemos gas para exportar porque desoyendo las reiteradas observaciones de los expertos no se modificó oportunamente la política hidrocarburífera. Todavía tenemos algunos bosques sin talar, pero el derroche en propaganda electoral, la dependencia cada vez más marcada de China, a la que debemos más de mil millones de dólares, las misteriosas ventas de uranio a Irán  y los nexos teñidos de energía atómica con Rusia no son relaciones santas. Recuperar la soberanía nacional o terminar como Maduro depende de la inteligencia y sensatez de la oposición y quizá más de la responsabilidad de los electores oficialistas pensantes y opositores.

 


Javier Torres-Goitia Torres fue ministro de Salud.
 

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