Jaime Durán Chuquimia

El papel de los intelectuales en economía

viernes, 09 de agosto de 2019 · 00:09

El papel de la clase media y los intelectuales ha sido con frecuencia criticado en todas las sociedades. En general, las críticas a los intelectuales se han dividido entre los que los acusan de justificar el orden existente y los que propugnan el cambio mediante el uso del arsenal teórico a favor de los desposeídos del planeta.

El mejor ejemplo de esto lo constituyen Friedrich Hegel y Carlos Marx. El primero puso la dialéctica al servicio del Reino de Prusia, asumiendo que la mejor forma de gobierno era la guiada por “la razón” y ella se cristalizaba en la monarquía prusiana. Al frente se situó Marx, que con la misma dialéctica (puesta de cabeza) criticó duramente a la monarquía y al capitalismo, como intelectual se puso al servicio de la causa obrera, y encauszó el camino al socialismo.

Juan Antonio Morales en su artículo “La clase parlanchina” parece creer que por definición los intelectuales deben ser fieles defensores del orden establecido. Cree que es una herejía que puedan existir académicos al servicio de las causas populares o que vean el socialismo como el horizonte de la humanidad. De hecho, reconoce que la educación “a menudo perpetúa las desigualdades de ingreso y de riqueza”. En resumen, los intelectuales conforman la élite de un pueblo y así debe ser tratada.

No obstante, a despecho de lo que cree Morales, sí existen intelectuales al servicio de las causas populares. En economía, los trabajos pioneros de Pablo Ramos y Carlos Villegas abrieron la senda de crítica al neoliberalismo, en una época en la que criticar al “pensamiento único” significaba la condena al ostracismo. En el plano internacional, el libro de José Valenzuela Feijjo Crítica al neoliberalismo, fue el punto de referencia que permitió construir un pensamiento crítico que sentó las bases para superar los nefastos efectos de la crisis neoliberal. 

Valga el apunte de que al principio, el propio Morales escribió en  contra del neoliberalismo, pero, con el tiempo y por razones oscuras, cambió de bando, y se convirtió en ferviente admirador del libre mercado.

Por supuesto que lo descrito no implica que necesariamente los intelectuales deban estar a favor del cambio y la revolución. Cada uno es libre de elegir las ideas a profesar. Aunque no debe olvidarse que, con frecuencia, en este camino los organismos internacionales y las transnacionales acuden al expediente de ofrecer “jugosos sueldos” a cambio de la adscripción a ciertas ideas.

En Bolivia los supuestos críticos del modelo económico vigente cometen un error aún más grave. Falsear la realidad. Para ello, en lugar de realizar un análisis integral, destacan elementos fuera de contexto con el único propósito de confundir a la población.

Un ejemplo de ello está en la persistente advertencia de una “crisis económica”. Desde 2006 los “intelectuales” han anunciado que en breve la economía boliviana se hundirá víctima de la recesión o la inflación. Que la misma se derrumbaría junto a la caída de los precios de materias primas. Durante 13 años nada de eso ha ocurrido (de hecho, en los años más duros de la caída del precio del petróleo Bolivia se ha destacado como la economía de mejor desempeño). Sin embargo, no ha existido el menor asomo de crítica a porque se equivocaron en todas sus predicciones.

 Frente a este escenario se asombran de que Luis Arce los llame opinadores. Un académico de verdad mínimamente, por honestidad intelectual, debería decir las razones por las que se equivocó en sus pronósticos.

Por supuesto que los intelectuales tienen un papel en el proceso de cambio. Las ideas deben servir para que indígenas, campesinos y obreros demuestren que un gobierno popular puede administrar bien la economía. Estar a su servicio es un gran honor.   

    
Jaime Durán Chuquimia es Viceministro de Presupuesto. 
 

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