Wálter Guevara Anaya

El trampolín del aguafiestas Óscar Ortiz

domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:12

Óscar Ortiz está utilizando la elección del próximo 20 de octubre como un trampolín para proyectarse a la presidencia dentro de cinco años. Es una decisión legítima por parte de una persona que tiene un destacado pasado político y mucho futuro por delante. 

Ortiz ha tenido un excelente desempeño como senador por Santa Cruz. Realizó denuncias valientes contra numerosos actos de corrupción. Mucha gente los delata pero no se molesta en investigarlos. Ortiz documentó las pruebas y las presentó con claridad. 

Las evidentes cualidades de Ortiz no son suficientes para ser un candidato ganador el 20 de octubre. Hasta el momento no ha logrado generar un apoyo significativo fuera del oriente. Lo sabemos todos, incluyendo el propio Óscar. Por eso se puede decir que está jugando el papel de aguafiestas.  

A nadie le escapa el hecho de que al dividir el voto de la oposición, Ortiz favorece la reelección de Evo Morales. Por algo Ortiz apunta sus más severos ataques contra Mesa, mientras minimiza sus ataques a Morales. Por su parte, la campaña de Morales concentra todo su fuego en Mesa y elogia a Ortiz. 

Para Ortiz esto no es otra cosa que un efecto colateral de su proyecto presidencial. Para sus oponentes se trata de un apoyo consciente y deliberado a la reelección ilegal, inconstitucional e ilegítima de Morales.

Por su crecimiento económico y demográfico, Santa Cruz está a punto de consolidar un liderazgo nacional. Si un candidato cruceño se maneja con tacto e inteligencia, como lo hizo Hugo Banzer, en su momento, el país puede acoger otro presidente cruceño. 

Con la astucia que lo caracteriza, Evo intenta volcar a su favor el voto cruceño de este año, lanzándole la zanahoria de que apoyará a un candidato cruceño en la subsiguiente elección. Si los cruceños le creen, Evo puede dejar a Ortiz en un lejano tercer lugar, incluso en Santa Cruz.

  Para algunos empresarios y banqueros, el mal mayor deriva de la incertidumbre de un débil presidente Mesa. No sin razón, creen que Mesa sería acorralado y destituido desde la oposición por un opositor despiadado como sería el MAS, lo que provocaría un caos económico y financiero. Por eso prefieren que Evo Morales continúe en el poder, sin pensar en las consecuencias hasta para sus propios intereses. 

Un gobierno ilegítimo se mantiene en el poder volviéndose despótico. No le importa dañar a quienes lo apoyaron y al resto del país. Cuando eso suceda, la población se volcará contra una dictadura cada vez más sofocante y represiva. Nadie perdonará a los que la habilitaron por mirar solamente sus propios intereses. 

En suma, el efecto aguafiestas de la candidatura trampolín de Ortiz promueve tres objetivos compatibles con la reelección de Evo: 1) proyectar su propio futuro político, 2) precautelar los intereses de algunos empresarios y banqueros y 3) afianzar las ambiciones regionales de Santa Cruz. En política sumar es legítimo y necesario, siempre y cuando se sume bien.

  Si calcula mejor sus opciones a futuro, Óscar Ortiz dejará de ser el aguafiestas de esta elección. Aprovechará la penúltima incoherencia del organismo electoral para proponer una candidatura conjunta con Carlos Mesa. Por inverosímil que parezca, esta acción audaz bastaría para lanzarlo por el resto del siglo XXI como un candidato a la Presidencia con una verdadera proyección nacional, que es justamente lo que le hace falta para tener una carrera política exitosa y llegar a la primera magistratura de la nación.

El oficialismo fragmentó a la oposición mediante las primarias postizas y tramposas del 27 de enero. Para facilitar la recomposición del binomio fracturado de Ortiz y dañar la candidatura de Mesa, el Órgano Electoral permitió la sustitución de candidatos. Sin quererlo, ha abierto un resquicio para que los candidatos de oposición se pongan de acuerdo. 

Una candidatura que sume la fuerza de oriente a la fuerza de occidente sería imbatible, siempre y cuando estos dos candidatos fueran capaces de ponerse de acuerdo en una redistribución equitativa de diputaciones y senadurías, y en montar un mecanismo independiente de recuento de la votación. Fiel a Evo, el Órgano Electoral hará piruetas para evitar que la oposición aproveche esta mínima ventana de oportunidad. Si Ortiz y Mesa desbaratan esas tretas y tienen la osadía de presentar una candidatura común, el país los apoyará masivamente. La mayoría de los votantes quiere una presidencia estable que nos libre de los actuales abusos del poder.

Walter Guevara Anaya es analista
 

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