Sonia Montaño Virreira

Izquierda y derecha unidas

domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:11

“La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”, lo dijo el anti poeta Nicanor Parra, en 1972. Palabras que expresan el descreimiento frente a la verdad verdadera de la historia contemporánea, que borró los contornos de las ideologías para fundirlos en abrazos pragmáticos en los que  mandan más que nunca los intereses económicos. Es el lucro inmoral el que hermana a los extremos políticos y el que explica por qué el furibundo izquierdista Evo Morales  tiene tantas cosas en común con el neofascista Jair Bolsonaro.

 Desde su posesión le hizo guiños “con la convicción de que las relaciones Bolivia-Brasil tienen raíces profundas de lazos de hermandad y complementariedad de nuestros pueblos” ¿Un acto diplomático? Bienvenido sea, ¿Necesidad de convivir en un vecindario adverso? También. Evo Morales  ha dado una vuelta de carnero para aparecer más del lado de los ricos que de los pobres. Por eso es que su semejanza con Bolsonaro es algo más que una anécdota y confirma la profecía poética de Parra. 

Ambos han ganado elecciones democráticas gracias a los errores y delitos de sus antecesores. A Morales no le costó mucho seducir a su electorado con la retórica antineoliberal que impregnó la región hace más de una década,  así como a Bolsonaro le costó poco aprovechar maliciosamente los escándalos de corrupción. Los dos sorprendieron por la adhesión de los más pobres  y son duchos en medir con doble vara a sus adversarios, ignorando los escándalos entre sus aliados. Evo Morales y Bolsonaro, como lo ha demostrado la tragedia en el Amazonas, se han aliado con empresarios agroganaderos para ampliar la frontera agrícola y destruir los bosques para producir carne, y soya y así seguir compitiendo  para ver quién lo tiene más grande, me refiero al PIB, adorado por el sistema financiero internacional. 

Cada uno, en su momento, se ha ensañado con las ONG defensoras del desarrollo sustentable y ambos, a su manera, buscan liquidar  al movimiento indígena que habita en los territorios que son los pulmones del planeta. Qué curioso, frente al desastre, ambos se han  hecho los bellos, rechazando o retardando la ayuda internacional con el pretexto de defender la soberanía, muletilla que usan para impedir que se cumplan los compromisos internacionales, tanto sobre derechos humanos como de la Madre Tierra.

Los cambios políticos de los últimos años los  han complicado y han puesto en evidencia las  incoherencias de Morales, por llamar amablemente a sus alianzas con la derecha político-empresarial. El acercamiento con Bolsonaro se confirmó recientemente,  con la inédita abstención de  Bolivia en la OEA, que censuró la violación a los derechos humanos  en Venezuela. 

Morales, cuyo apego al poder ya es un poco enfermizo, ha enfrentado por lo menos dos hitos en su alejamiento de su agenda original y originaria:  la ruptura con los indígenas a raíz de  la construcción de la carretera del Tipnis y la alianza con los  empresarios agroindustriales, que llevan de la mano a colonizadores y cocaleros . 

En el Tipnis ha conseguido una victoria, ojalá provisional, y está por verse el precio que tendrá que pagar por su conducta ante los incendios de la Chiquitania. “Evolsonaro”, como los han retratado humoristas que nos revitalizan con su ingenio, entonan un mismo canto en este momento de grave crisis ambiental y civilizatoria. 

Lo que es interesante es la distancia que hay entre ambos presidentes respecto a las luchas feministas. Mientras en Brasil, han sido desde el primer momento las mujeres quienes han liderado la lucha contra la misoginia de Bolsonaro- recientemente las indígenas han marchado con coraje y valentía, poniéndole rostro de mujer a la multitud; en Bolivia, Morales ha logrado someter a las principales organizaciones de mujeres, como las Bartolinas, ha cooptado y vuelto funcionales a algunas  líderes  que firman pactos con los candidatos ilegales y fingen demencia ante los abusos. 

Él, además de  haber creado las condiciones para fracturar el movimiento  de mujeres, ha sido muy exitoso en convencer a parte de la comunidad internacional  de que sus virtudes nacen de su identidad y aún son muchos  los que se niegan a creer lo que ven. Todavía hay quienes piensan que un indígena, pobre, ignorante pero audaz, es lo mejor que pudo suceder.

En este momento, Bolivia es escenario de una catástrofe que puede acabar con los bosques y también borrar la tenue frontera entre la derecha y la izquierda, para poner en el centro la lucha por la sobrevivencia del planeta. 

Los incendios están contribuyendo al  reverdecer  las luchas sociales en los cuerpos de los pueblos afectados por la tragedia y sus jóvenes,  quienes en todas partes están liderando esta lucha.

Sonia Montaño Virreira es socióloga, miembro  del Colectivo  Mujeres por la Democracia.

Confidencial

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