Javier Torres-Goitia T.

La salud, la muerte y el cambio imprescindible

sábado, 28 de septiembre de 2019 · 00:11


 A tres semanas del fin de su gestión, no hay perspectiva alguna de que el MAS corrija sus desaciertos, abusos de poder o suprima la corrupción y el derroche improductivo de 14 largos años de poder incontrolado. La esperanza de la gente que había confiado en un ilusorio cambio ha terminado en decepción generalizada. La expectativa actual es que el voto popular exprese sin miedo su hastío y Bolivia recupere su libertad junto a todos sus derechos conculcados. En un nuevo ambiente de paz, seriedad institucional y vigencia de derechos podemos confrontar opiniones de muchos para beneficio de todos. Estamos frente a una última oportunidad de lograrlo, después será más difícil.

 En el campo de la salud, hay hitos valiosos que podemos recuperar y superar, la creación de la Caja Nacional de Seguridad Social en 1956, fue el primero. Al recuperarse la democracia en 1982 una política nacional de salud democrática y participativa con  participación popular genuina, no partidizada, logró que la mortalidad infantil bajara de 200  por mil a 75, desaparecieron la poliomielitis y las epidemias de sarampión. El bocio endémico que afectaba al 65.5% de la población, con secuelas de debilidad mental e idiocia, fue eliminado en un periodo de 10 años. 

 En 1994 se introdujo al país el seguro universal. Por falta de recursos solo pudo aplicarse parcialmente pero el 2002 culminó con la creación del SUMI, Ley aplaudida dentro y fuera de Bolivia. El nuevo seguro no laboral en sus primeros 10 años de gestión logró una reducción de la razón de mortalidad materna de 390 por 100  mil, que era en 1944 a  229 en el 2003 con una reducción de casi 45% en 10 años. La gestión del MAS iniciada en el año 2006 frustró aquel avance y lo desaceleró hasta la fecha, 2019.

 El MAS no sólo perjudicó la aplicación del SUMI. Por Ley 475 de diciembre de 2013 lo remplazó por el llamado Seguro Integral de Salud. Incorporó a  los discapacitados, y adultos mayores sin estudio previo ni financiamiento adicional, fue el principio del fin que culminó con  la creación del SUS, y el fracaso actual. Los pacientes no pagan la consulta pero no tienen espacio físico de atención, no tienen medicamentos y los exámenes de laboratorio están librados a la suerte. Ante la tragedia, los médicos reviven el SUMI y atienden a madres y niños. Los demás están a merced de lo que los enfermos llaman SUS MENTIRAS.

 Lamentablemente, no solo la salud perdió el rumbo, están igual o peor, la justicia y la educación con potencial daño a la personalidad misma de los niños. En la administración pública el derroche, la corrupción y la ineficiencia no tienen límite.  Peñaranda ha publicado el “Abecedario de los elefantes blancos” (Página Siete. 02-06-19) y en un apretado resumen muestra las obras innecesarias en las que el MAS gastó 18.440 millones de bolivianos. Entre otras  figuran aeropuertos sin uso, fábricas que no generan utilidad alguna, estadios con capacidades hasta diez veces mayor a la población de la comunidad y el gran fiasco de la ciudadela para Unasur que sirve ahora para matrimonios de los allegados a los movimientos sociales.

 Pero todo ese y otros derroches no enumerados resultan minimizados por la quema de cuatro millones de hectáreas en la Chiquitania y la irresponsabilidad gubernamental de no declarar desastre nacional por ocultar culpas de loteos en zonas de reserva ecológica y autorizar por decreto quemas de bosques que han dado origen a los incendios. El fuego arrasa viviendas y enseres de humildes campesinos, quema el hábitat de una biodiversidad irremplazable con un daño mortal a la naturaleza y los habitantes del mundo, pero al mismo tiempo ha encendido la hoguera de la rebelión social decidida a parar la secuencia de totalitarismo, autoritarismo, machismo, violencia, general, familiar con infanticidios, y feminicidios que nos abruman y ahora el ecocidio. Frente a esta cascada de la muerte, están las próximas elecciones en las que cada uno de nosotros debemos decidir si votamos por el continuismo del MAS o por un nuevo gobierno que lo remplace.

 

Javier Torres-Goitia fue ministro de Salud

Confidencial

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