Rolando Morales Anaya

Feminicidios y violencia

martes, 03 de septiembre de 2019 · 01:04

Se debe castigar severamente los feminicidios y cualquier acto de violencia contra mujeres y niños. Paralelamente, es necesario tener en cuenta que el temor al castigo no contribuirá mucho a frenar estos delitos y que es necesario enfocar este problema desde ángulos más amplios, teniendo en cuenta que las personas no sólo buscan asegurar su integridad física, pero además quieren tener una vida feliz, o por lo menos agradable, con sus parejas, sus familias y su medio social.

El problema de fondo reside en fallas en el relacionamiento entre personas. Como una manifestación de ello, las encuestas de Lapop realizadas en los últimos 20 años muestran a Bolivia como el país con mayor desconfianza interpersonal en América Latina, además de  muy  intolerante. Tenemos dificultad para hacer un balance adecuado entre los beneficios y riesgos de confiar en los demás y nos caracteriza una escasa densidad de relaciones personales, por lo que no podemos lograr un adecuado conocimiento de los otros. Conocer a los otros es vital para poder comprenderse, lo que significa tener en cuenta sus gustos, caprichos, debilidades, fortalezas, deseos y tratar de compatibilizarlos con los nuestros. La intolerancia que nos caracteriza se opone a ello como un rasgo cultural y social, pero también como resultado del bajo nivel educativo incluso en clase media. 

Las fallas en el relacionamiento interpersonal crean otros problemas, como el déficit de amor y cariño, incluyendo el físico, que sufre mucha gente por el desconocimiento del otro(a) o su ausencia, hecho que, en situaciones de estrés, lleva a practicar la violencia.

Entre los rasgos culturales, llama la atención la persistencia de la cultura del castigo. Muchos varones suelen decir que en el Ejército se hicieron “hombres” porque recibieron sanciones crueles. Hay familias que siguen pensando que el castigo es la forma de “enderezar” a sus hijos que van por el mal camino. Se hereda la práctica de la violencia, es decir, los niños y jóvenes que fueron víctimas de castigo en sus hogares o en el Ejército lo reproducirán cada vez que tengan un contratiempo contra otros hombres, niños o mujeres.

Entre los rasgos culturales está también el machismo. Incluso gente con buenos niveles educativos piensa que hay roles “naturales” de los cuales no deben escapar las mujeres y que para ello deben dejar de estudiar, trabajar, tener placer, participar en política, etc. Cuando las mujeres se rebelan, se creen con el derecho de enderezarlas. Es tan frecuente esta manera de pensar que cuatro  de los siete candidatos presidenciales actuales tienen discursos machistas apoyados por algunos credos religiosos.

Un factor frecuente de conflicto entre parejas está constituido por las diferencias en las opciones de gasto familiar frente a presupuestos restringidos. En forma subyacente están las diferencias en las escalas de valores, algo que debe ser trabajado o discutido previamente a la constitución de un hogar, aunque nunca es tarde. 

Se requiere castigar a los que ejercen violencia, pero al mismo tiempo sería bueno iniciar un plan de largo alcance orientado a mejorar las relaciones humanas, el conocimiento de los otros y alentar la consolidación de la cohesión social. Sin perjuicio de fomentar otras acciones, ello pasa por alentar la densificación de las relaciones interpersonales, es decir, por la ampliación del espectro de conocidos y amistades de cada uno, por un mayor conocimiento de gustos, deseos y aspiraciones de los otros y por la discusión de los valores que queremos que rijan en la sociedad. La educación de hombres y mujeres debe ir en el sentido de enseñarles a convivir con los demás, de pasar momentos agradables con los suyos, compatibilizando gustos, obligaciones y necesidades. Algunos países del mundo, sobre todo los europeos, han desarrollado políticas permanentes en este sentido. Ellas se basan en fomentar el encuentro entre ciudadanos a partir de eventos sociales, deportivos o culturales y en la enseñanza de aspectos relativos a las ventajas de confiar y cooperar con los demás.

Varias campañas de buena voluntad llevadas a cabo por algunos órganos de prensa buscando proteger a posibles víctimas con un discurso orientado a mostrar desconfianza con “extraños” y mostrar a los hombres como malvados y violadores intrínsecos van a contracorriente con todo lo señalado anteriormente.

Nota: La expresión “feminicidio” se refiere estrictamente al asesinato de mujeres por su condición de género, pero en este artículo la hemos utilizado en un sentido amplio.

 

Rolando Morales es economista.

Confidencial

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