Jorge Patiño Sarcinelli

Animales que matan a sus hembras

martes, 14 de enero de 2020 · 00:09

El hombre es el único mamífero que mata a su pareja. La viuda negra, las leonas, las hembras del pulpo y de la anaconda matan a sus machos, pero en el reino animal no he encontrado machos que maten a sus hembras. 

Es decir, ese feminicidio en el que un hombre mata a la mujer con la que vive es un invento del homo sapiens que, en lugar de avanzar con relación a sus ancestros animales, da un salto hacia atrás. 

La violencia existe entre los humanos desde las cavernas en todas las escalas. Cuando se trata de los números totales, la víctima más frecuente es el hombre. El universo criminal es mayormente masculino: 80% de las víctimas de asesinato son hombres y 95% de los asesinos son hombres. 

Sin embargo, en la casa los números se invierten: 80% de las víctimas de asesinato por su pareja son mujeres. Estas cifras no son una casualidad injusta. Hay más hombres asesinos y asesinados porque el mundo de la calle y del hampa es masculino y porque son de machos muchas de las actitudes que llevan a desenlaces fatales. 

Pero no son las estadísticas del hampa las que nos estremecen, sino la cantidad de mujeres que mueren por mano de sus parejas; es decir, de aquellos que un día les prometieron amor y felicidad y con quienes han formado una familia. Que de lo que un día fue amor nazca el odio y el asesinato es una evolución sicológica contra intuitiva, pero tristemente cotidiana. 

“El día que me casé con ella fue el día más feliz de mi vida, y el día que la maté el más triste de mi vida” dice un feminicida en prisión, y ninguna frase podría capturar mejor el drama de esa inversión de sentimientos. Si a eso sumamos el trauma de los niños que quedan huérfanos y a veces ven morir a su madre en mano de su padre, tenemos el cuadro del feminicidio en sus colores más desgarradores.

En Bolivia fueron 117 feminicidios en 2019, ya van doce en los primeros días de 2020  y va en aumento la alarma por la violencia a la que están sujetas las mujeres y que termina demasiadas veces en muerte. Se clama por soluciones, pero no las hay. 

En el ranking internacional podemos alegrarnos de no estar ni cerca de una medalla. De los diez países con más feminicidios en el mundo, cinco son latinoamericanos en este orden: El Salvador, Honduras, Guatemala, Venezuela y Colombia. Las expertas podrán explicar esta concentración geográfica de la violencia contra la mujer; quizá sea la forma de patriarcado de la región.

Evidentemente, una mujer boliviana no sufre menos los golpes por saber que en otros países de la región la violencia es mayor, ni el hecho nos sirve de consuelo o de excusa moral. Volvemos al problema de partida: ¿Qué hace que un hombre mate a la mujer que amó a su manera un día? ¿Qué podemos hacer como sociedad para que eso suceda menos? 

No bastan respuestas teóricas sobre las causas -aunque estas sirvan como punto de partida- sino respuestas concretas y efectivas que vayan más allá de discursos de efecto mediático o pactos absurdos. 

Necesitamos acciones específicas que no solo protejan a la mujer, sino que hagan esa protección menos necesaria cambiando el pensamiento y comportamiento nocivo de los hombres que creen que amar es poseer y terminan por meter odio en la pérdida y asesinato en el desamor. 

Ante la escasez de padres libres de los códigos patriarcales que distorsionan los valores y el comportamiento de los jóvenes, y ante la ineficacia de la ley sola como disuasión, no veo más remedio que comenzar a crear conciencia de esos códigos y prejuicios en la escuela. 

Hacerles saber a los niños en qué es nociva la educación que han aprendido de quienes más admiran no es trivial, pero es necesario abrir ojos y mentes. Después cada uno verá cómo asimila las lecciones. Una mayor conciencia de que el macho que llevan dentro no es para estar orgulloso ya sería un avance. 

Si hay ideas mejores, adelante, pero debemos ir más allá de la indignación, del grito y de la ley. El proceso será largo, y cuánto más tarde empecemos más tarde erradicaremos el mal.

Jorge Patiño Sarcinelli  es matemático y escritor.

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