Óscar Antezana Malpartida

Olvidemos a Evo, pero no los 14 años

martes, 14 de enero de 2020 · 00:10

Lo que ha sucedido en Bolivia desde el 20 de octubre ha sido inédito en nuestra historia y parece que terminará con un final feliz. Nos liberamos de un Presidente mentiroso, ambicioso, cínico, descarado, abusivo y endiosado. Él ha estado por encima de la ley de principio a fin. A pesar de  que la población le dijo un rotundo No en 2016, creía que Bolivia era su chacra y podía hacer lo que le daba la gana. Se fue del país voluntariamente, nadie lo echó, y eso solamente lo hace un cobarde o un delincuente, no hay otra. 

Y como tal, cual preso con teléfono celular en su celda, direccionó la convulsión social que se suscitó justo después de su salida del país. Su cinismo lo llevó a ofrecerse a volver a Bolivia para pacificar el país –como no, qué descaro, si él era el dueño del fósforo-. 

Sería ideal olvidar a Evo, pero como no sabe nada más que cultivar coca, organizar paros y bloqueos, mentir, hacerse víctima del racismo y de su supuesta condición de indígena, sigue y seguirá, desde donde esté, azuzando la agitación y violencia. 

Pero no podemos ni debemos olvidar los casi 14 años de Evo, así como no olvidamos de la hiperinflación de los 80.

Las elecciones de este 3 de mayo deben y tienen que ser un hito en nuestra historia moderna. ¿Por qué? Porque el próximo gobierno tiene que empezar a moldear una nueva sociedad, más unida, más solidaria y más transparente. 

La movilización ciudadana voluntaria sin liderazgos políticos ha sido la más genuina demostración de que Bolivia estaba cansada de las groserías de Evo y de la arbitrariedad de su régimen. La población no soportó la idea de que Bolivia siga siendo chacra de Evo por cinco años más, que reinase cual si fuese un rey medieval, por encima de la ley, con casi 11 millones de vasallos. 

La resistencia ciudadana tiene que terminar de cuajarse en la unidad de la ciudadanía, en la convergencia de valores, en el control de nuestro destino.

Esa resistencia ha sido de todos –collas, cambas, chapacos– de norte a sur y de oriente a occidente. Las pititas se convirtieron en un gran lazo de bolivianidad, que incluía a Nelson Condori, Fernando Camacho, Diego Pumari, Waldo Albarracín, Tuto Quiroga, Carlos Valverde y todos, incluyendo aquella cholita y aquella joven que se fusionaron en un “high five”.

 Mineros y chuquisaqueños unidos hacia La Paz, y valientes policías protegidos por ciudadanos; los bravos motoqueros cochabambinos, que protegieron la ciudad tal cual muro medieval, los ciudadanos cruceños que controlaban la filtración de mercenarios nacionales y extranjeros. 

El pundonor final de los militares fue una muestra de solidaridad, de que mi lucha es tu lucha, de que tú y yo queremos justicia y libertad, y rechazamos el miedo y la mentira. 

Todos alcemos la bandera boliviana y la wiphala, pero también reconozcamos, respetemos y levantemos la rojo y blanco de Potosí, la verde y blanco de Santa Cruz, la verde y granate de La Paz, y todas las banderas departamentales, porque un potosino vale lo mismo que un beniano, y a una mujer se la respeta como a un hombre.

Y tengamos una Bolivia más transparente. Eso empieza en estas campañas electorales. Primero, estamos cansados de la manipulación de datos oficiales y de noticias sesgadas o, simple y llanamente, mentiras; del ocultamiento de la información oficial, que por ley nos corresponde tener acceso; del miedo, amenazas y amedrentamientos.

 Del negociado de  votos por obras y de hacer creer, cual borregos de un rebaño, ofendiendo a la población, que Evo es enviado de Dios y que se ocultará la luna; en vez de  transparentar las cuentas de Entel y de toda empresa pública o los gastos de recursos públicos;  en vez de  informar a los ciudadanos que los coliseos deportivos hicieron en centenares de poblaciones en vez de instalar agua potable u hospitales; que todos sepamos lo que sucede en cada rincón del país y que  no se mantengan o creen Chapares, feudos de bolivianos masistas, venezolanos y cubanos, cual republiquetas dentro de nuestro territorio soberano. 

Segundo, la situación económica, institucional y el medioambiente que Evo nos ha dejado es muy precaria. Los candidatos deben generar una visión de país no sólo de crecimiento, sino de igualdad, de instituciones justas y transparentes, de estabilidad y cohesión social, porque hay más de 10 millones de razones. No serán años de bonanza y derroche. 

Los candidatos y eventuales gobernantes tienen que ser responsables para manejar las expectativas de la población de manera tolerante y solidaria. No hacerlo es fórmula segura para que Evo vuelva como salvador, de aquí a cinco años. 

Evo o gente populista, mentirosa, embaucadora, dañina, aprovechadora, prebendalista, corrupta, abusiva, racista y cínica ¡no tienen y no deben volver a gobernar Bolivia nunca más!

 
Óscar Antezana Malpartida es economista.

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