Iván Finot

En Bolivia cada voto no vale igual

sábado, 18 de enero de 2020 · 00:10

El poder democrático descansa en el principio de que cada ciudadano debe tener igual poder para conformar los órganos del Estado. Y en la conformación del Legislativo, si bien deben tomarse en cuenta diferencias territoriales, debe predominar este principio. Es normal que en la conformación de la Cámara de Senadores predomine el criterio territorial pero en la de la Cámara de Diputados, con más poderes, se debe tender a una representación estrictamente proporcional.

En lo que se refiere a Senadores, en Bolivia el aspecto territorial siempre ha sido no sólo dominante sino único: mismo número de senadores por departamento sin importar el número de habitantes en cada uno de ellos.

Pero en Diputados, en cuya elección debería prevalecer la igualdad del peso de cada voto, no ha ocurrido así: contrariamente, lo que más pondera aún es el factor territorial. En efecto, la Ley Electoral de 1991 establecía que, para elegir un diputado, un voto en Pando valía 10,6 veces más que uno en La Paz, y uno en Beni o Tarija, más del doble. En la de 1996, la diferencia entre el voto con más peso y el con menos peso disminuyó a 8,1 – 1 y en la de 2014 se redujo aún más. Pero todavía es demasiado grande: ¡un voto en Pando todavía tiene 3,5 veces más poder que uno en La Paz! Y en Beni cada voto pesa 84%, en Chuquisaca 66%, en Potosí 63%, en Oruro y Tarija 57% más que en La Paz, Cochabamba o Santa Cruz.

Las diferencias son mayores en lo que se refiere a diputados uninominales: un voto en la circunscripción 63 de Pando, vale cuatro veces más que uno en circunscripciones de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz. Y con frecuencia el poder de un voto en una circunscripción duplica al de un voto en otra. ¿Por qué algunos ciudadanos tienen que tener el doble, o más de poder  que otros?

Pero la situación llega a extremos en el caso de los diputados electos por “circunscripciones especiales”, las cuales no están definidas geográficamente sino por la potestad de los ciudadanos de algunas áreas rurales de poder escoger votar o por un candidato de su respectiva circunscripción uninominal o por uno indígena de circunscripción departamental (uno en cada departamento excepto Chuquisaca y Potosí donde no hay circunscripciones especiales), lo que en la práctica resulta en que los diputados por estas circunscripciones son electos con muchos menos votos que cualquier circunscripción uninominal.

Para las elecciones de 2014 cada circunscripción uninominal de Cercado de Cochabamba contaba con más de 200 mil habitantes (según el  censo de 2012) mientras la circunscripción especial del departamento contaba con ¡sólo 1.287 inscritos! Y mientras en Cercado de Oruro, cada circunscripción uninominal alcanzaba en promedio a más de 125 mil habitantes, en la circunscripción especial del departamento sólo se habían inscrito 1.129 votantes. ¡En este caso un voto puede valer como 100 veces más que otro! En aquellas elecciones el Movimiento Al Socialismo ganó seis de las siete circunscripciones especiales en varios casos “con sólo 500 o mil votos” (Los Tiempos 21/07/2019). 

En cuanto a las Asambleas Departamentales, si bien se debería combinar la representación proporcional con la territorial y, si fuera el caso, con la étnica, también debería predominar la proporcional (cada voto igual poder). Pero no es así: en el caso de Beni esta no existe y en los otros alcanza como máximo al 50% (La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí) (Ley transitoria de elecciones subnacionales de 2014).

Es necesario seguir avanzando hacia la igualdad jurídica del ciudadano. Desde ya, seguir tendiendo a igualar la relación número diputados/población en todo el país; en segundo lugar, también propendiendo a igualar el número de habitantes por circunscripción uninominal.

La conformación de circunscripciones especiales según decisión de cada ciudadano representa un problema particular ya que, al conformarse voluntariamente, el número de electores es poco previsible. Una solución podría ser conformar circunscripciones que correspondan a autonomías indígena-originario-campesinas, siempre que el número total de habitantes de estas fuera superior a un mínimo.

Y en las asambleas departamentales, si bien se debe combinar la representación territorial con la proporcional, esta última también debe ser predominante.

 

Iván Finot es MSc en economía, posgrados en planificación y ciencias políticas y sociales. Experto en descentralización y desarrollo.

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