Javier Torres-Goitia T.

“¿Evo de nuevo?... ¡Huevo, carajo!”

sábado, 18 de enero de 2020 · 00:11

 El gobierno de transición, cumpliendo uno de sus principales compromisos, tiene ya garantizado un proceso electoral imparcial y trasparente. La ciudadanía podrá votar libre y conscientemente. La decisión, indudablemente así en abstracto, corresponde al pueblo, pero éste tiene que elegir entre los políticos que se postulan con nombre y apellido concretos. 

 Lamentablemente los casi 14 años vividos bajo un régimen absolutista, con culto a la personalidad de un solo sujeto, deificado por sus acólitos prebendales y con sañuda persecución a los disidentes, control de los medios de difusión y juicios injustificados, lapidarios contra cualquier fuerza política opositora, han devastado los partidos políticos existentes y han cerrado el paso a cualquier intento de estructurar uno nuevo. 

Esta anulación de cualquier poder político que no sea el evista ha creado un vacío político tan profundo que afecta incluso al MAS, que no ha podido construir liderazgo alguno entre los adulones que lo siguen sin doctrina ni principios. Como consecuencia cualquier pelafustán se cree con derecho a postularse no ya por un partido sino, más simplemente, en un “binomio” y una sigla cualquiera.

La atomización y pérdida de valores afecta a toda la sociedad boliviana, menos  al MAS, que nunca ha cultivado fidelidad a una doctrina ni respetó principios.   El “Evo cumple”, remplazó al “Viva Bolivia”, que antes aprendíamos la escuela.

 En estas condiciones resulta difícil construir una nueva democracia. La inteligencia, prudencia y firmeza con la que el gobierno actual está cumpliendo su ardua misión de pacificar el país, conciliar posiciones y refundar la democracia, pudieron haber sido motivos suficientes para prolongar su gestión con solo retardar la fecha de las elecciones por uno o dos años. Las circunstancias que vivimos han imposibilitado esta alternativa que habría sido de gran consenso.

 Los dirigentes políticos que han logrado sobrevivir a la presión destructiva del MAS están en la ineludible obligación moral y patriótica de posponer sus intereses particulares, por legítimos que sean, para reconocer que necesitamos por lo menos un periodo más de gestión gubernamental de transición. 

 Un período de paz constructivo y solidario donde puedan expresarse libremente empresarios, trabajadores, desempleados. Indígenas engañados y abandonados por el más cobarde de los caudillos que escapó temblando de miedo cuando una juventud, sin más arma que su fe en la justicia y la verdad, desafió al tirano repitiendo: “Nadie se rinde”, “Nadie se cansa”  

 El desastre político es tan grande, que aunque el MAS ha descendido en apoyo popular a cerca del 20% sigue teniendo mayoría electoral. Sus seguidores, unos disfrazados con piel de cordero, otros cínicamente al natural, proclaman, sin vergüenza que su jefe puede ser narco, mentiroso, delincuente y cobarde pero es su jefe.

 Sus parlamentarios, prorrogados inconstitucionalmente, buscan una ley para que vuelva su ídolo al país, aun sabiendo que no volverá mientras no tenga la seguridad de estar protegido por fuerzas armadas, policías y ahora milicianos armados y bien pagados por los cocaleros. 

Él estará siempre dispuesto a matar a centenares o a ordenar que mueran por él otros tantos, pero nunca desafiará el menor riesgo. Esa es la fuerza política mayoritaria de la Bolivia actual, descaradamente consentida de que el 80% de la población que no los quiere se dividirá en ocho o 10  en la primera vuelta para que el MAS vuelva a tener parlamentarios cómplices de la corrupción, el engaño de un SUS  tramposo, de jueces venales y una educación deformante de las virtudes ciudadanas con abusos de poder que generan la cadena, que mencionamos antes, de violencia política, estatal, intrafamiliar, etc. y culminar con infanticidios y feminicidios intolerables.

 Aunque las pititas nos unieran en la segunda vuelta, el gobierno electo, débil y abrumado por una artera lucha sin cuartel y sin moral del masismo no podría lograr gobernanza y entonces sí, volvería Evo blindado y protegido.

 Es de esperar que eso no ocurra. Todavía podemos confiar en nuestros políticos y, finalmente, después de los debates, una encuesta seria puede definir quién tiene más apoyo, no sólo para orientar el voto útil, sino para estructurar un indispensable acuerdo de unidad nacional, sólido, amplio, democrático y constructivo, capaz de regenerar la política y rehacer nuestra patria retaceada.

     
Javier Torres-Goitia T. fue ministro de Salud.
 

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