Fátima López Burgos

De las hazañas a los delitos

lunes, 27 de enero de 2020 · 00:09

Para evaluar a profundidad los más de 13 años del gobierno del MAS, no queda otra que ponerse guantes y separar las hazañas de los delitos en capas, como si se tratara de separar la carne de la grasa para preparar un cerdo relleno.

Hay mucha sangre, delitos a montones y hazañas que hirieron a Bolivia y, por tanto, no merecen ser celebradas, sino sancionadas. 

Simbología tóxica

Los creadores del mito Evo  empezaron por cocinar a fuego lento libros imaginarios alejados de la realidad, cuentos para niños de lectura obligatoria en las escuelas, pagados con recursos estatales. Luego vino la fiebre de los bustos, monumentos y un museo para inmortalizar a un personaje violento, vengativo y sin méritos. La Evolatría lo envolvería todo, incluyendo campos deportivos, carreras y juegos plurinacionales.

La mesa estaba servida. La fiesta masista era un preste eterno de paradas militares itinerantes, grandes concentraciones, proclamaciones pagadas y con fichas. Entrega de obras malhechas y con sobreprecio para que el innombrable se diera baños de popularidad y disfrutara con la mirada un rodizio de quinceañeras, por las que sentía debilidad.

En el camino quedaron discursos vacíos, que podrían llenar cuatro rellenos sanitarios, cuyo fin era defenestrar a los neoliberales, vendepatrias e imperialistas a pesar que “estaban en su derecho”. 

Soportamos la cara de Evo en el catering de Boliviana de Aviación (BOA), computadoras distribuidas a los maestros, cabinas del teleférico, estampado de ropa deportiva con su rostro y monedas, como si se tratase de un álbum coleccionable con figurita repetida y la mentada Agenda 2025, una copia más de lo mismo.

Cada 22 de enero se esmeraban en celebrar el nacimiento del Estado Plurinacional, enterrando la República, pero manteniendo los símbolos y el himno nacional.

Juan Ramón Quintana jugaba a la guerra, ensayaba epitafios, golpes, atentados, cárteles y quebranto para los bolivianos alentado por los hermanos Linera, que creían en la lucha armada y disfrutaban de contar muertos y regalar ataúdes.

Este prontuario masista no debe quedar en el olvido, el proceso de cambio fue una estafa, la justicia boliviana debe aplicar sanciones con todo el peso de la ley. 

Un memorable 20 de octubre de 2019 y tras un fraude monumental, la sangre llegaría al río y el pueblo boliviano pondría en su lugar a los opresores con un epitafio final: “Nadie se escapa”.

 

 Fátima López Burgos es periodista.

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