Fernando Salazar Paredes

Que el Cóndor de los Andes vuelva a volar alto

lunes, 27 de enero de 2020 · 00:11

 Ocupado en mis aficiones numismáticas, me topé en el internet con un negocio que vende variadas condecoraciones. Ausculté si vendían alguna boliviana. Curiosamente puede comprarse el Cóndor de los Andes –en el grado que más plazca– por alrededor de doscientos dólares… Hay varias casas que las ofrecen...

 Uno se pone a cavilar de cómo llegaron esas condecoraciones a ser un objeto de transacción comercial. Pensando benévolamente podríamos imaginarnos a un diplomático extranjero venido a menos que tuvo que vender su condecoración para poder sobrevivir. Pero el pensamiento va más allá y divaga no solo sobre el destino final de estas joyas, sino sobre el porqué y a quién se las otorga.

 Según la ley, la más alta distinción que confiere el Estado boliviano a ciudadanos e instituciones nacionales o extranjeros es la Orden del Cóndor de los Andes. Se la otorga por eminentes servicios que hubieren prestado a la nación y a la humanidad. O sea, quien recibe la condecoración debe ser alguien cuyos servicios al país o a la humanidad se consideren, sin duda, sobresalientes y destacados por mérito propio.

 En los pasados catorce años, el gobierno ha entregado más de una treintena de condecoraciones de la Orden del Cóndor de los Andes.  Una ligera revisión de los beneficiados con la más alta distinción boliviana en los últimos años –para mostrar la tendencia y lo que el anterior gobierno consideraba como eminentes servicios a la nación y a la humanidad– refleja que, por ejemplo, tres beneficiarios que, sino causan hilaridad, provocan pena al demostrarse cómo se abarataba ésta, la más alta distinción del país.

 El caricaturesco dictador venezolano Maduro recibió la condecoración en el más alto grado, Gran Collar, el 24 de mayo del 2013. Resulta difícil, mejor dicho, imposible, entender qué eminentes servicios prestó este individuo a Bolivia o a la humanidad.  Seguramente su afición a los “pajaritos chiquiticos” que se le aparecían recurrentemente, según su propio relato, motivó a los gobernantes masistas que le condecoraran con la presea que representa una enorme ave como es el cóndor andino.

 Teodoro Obiang Nguema, sanguinario y antropófago dictador de Guinea Ecuatorial desde 1979, también ostenta la distinción del Cóndor de los Andes debido a que, según Evo Morales, compartió con él algo que el mismo pretendía: la fórmula para ganar continuamente las elecciones con mas del 90% de votos.

 El hombre que se hacía pagar con su empleador, sus colchones, sus trajes de gala y su lavandería personal, amen de otros gastos íntimos, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, electo en febrero 2016 y suspendido por la propia FIFA en julio de 2016, el 31 de marzo de ese año, iniciando su mandato, fue condecorado con el Cóndor de los Andes en el grado de Gran Cruz. ¿Sus eminentes servicios a Bolivia y a la humanidad…? Habría que preguntarle al ahora aspirante presidencial David Choquehuanca.

Está claro que el ansia de perpetuarse en el poder y el fútbol eran méritos prioritarios para ostentar la máxima distinción boliviana. ¡Qué bajo volaba nuestro Cóndor de los Andes!

Durante la dictadura de García Meza, el embajador Marvin Weissman fue hostigado al extremo que tuvo que abandonar el país.  Recuperada la democracia, el presidente Hernán Siles Zuazo condecoró, como era de rigor, al embajador norteamericano. Un encomiable ex post facto gesto de reparación de una injusticia.

Siguiendo este patrón, una forma en la que nuestro Cóndor de los Andes remonte vuelto apropiado sería condecorar póstumamente al extinto senador Roger Pinto porque, como dice la ley, esta condecoración se haría en testimonio de gratitud nacional por sus méritos y servicios eminentes.

Dos diplomáticos brasileños también podrían merecer una condecoración, especialmente porque la tradición diplomática así lo establece cuando un embajador termina su misión: Marcel Biato, actual embajador en Viena, y Eduardo Saboia, al presente embajador en Tokio, que acompañaron al senador Pinto, el primero, en su asilo y, el segundo, en su posterior y audaz traslado al exilio. Estas tres condecoraciones pondrían a nuestro Cóndor de los Andes, tan ultrajado y barateado en el inmediato pasado, en la ruta correcta y alturada.

No obstante, no debemos olvidar que la ley señala que, en ciertos casos, se puede perder el derecho al uso de la Orden; dejo al lector la inquietud de identificar a quiénes se les podría aplicar esta sanción.

Fernando Salazar Paredes  es abogado internacionalista.

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