Javier Torres Goitia T.

2020 y el camino a la libertad

sábado, 04 de enero de 2020 · 00:11

 Y llegó el nuevo año en libertad, sin que el “sol se esconda ni la luna se escape”. Quien huyó fue Evo. Nadie disparó un solo tiro en su contra, ni blandió un cuchillo. Millones de pititas entramadas lo acorralaron, voces dulces -para él aterradoras- repetían “Nadie se cansa. Nadie se rinde ¿Evo de nuevo?  Huevo, ¡¡carajo¡¡”. 
 

Su burdo fraude descubierto y el miedo a morir como los que él mató lo abrumaban. Evo sintió un vacío en sus entrañas. Sus rodillas no soportaban el peso de su cuerpo, se le doblaban al caminar y le temblaban todos los músculos. Entre las sombras de la noche voló al Chapare, pero las voces “Nadie se cansa. Nadie se rinde”, zumbaban en sus oídos. 

Mandó un SOS a los militares y la respuesta fue: No podemos matar a todos, el fraude es demasiado evidente, mejor renuncie. La Policía dijo estar cansada de reprimir y reprimir, quería paz y conciliación. El tirano sintió en su piel helada el rechazo colectivo, un frío cadavérico palideció sus mejillas húmedas. El Chapare era su fortaleza, pero con todas sus pozas de maceración, no era un lugar seguro. 

¿Por qué no llamar a Sinaloa? ¡No!… el peligro podría ser mayor. Mejor llamar a AMLO: Me van a matar, gritan por todas partes, sólo tú puedes salvarme… Y vino el avión oficial desde México al Chapare.  Renunció al cargo, prefería no ser más presidente, pero las voces no callaban, hasta que subió al avión y llegó a México. 

 Honores, mariachis y guaruras le quitaron el rictus de sus labios y pudo sonreír, callaron las voces y no murió de miedo. 

 Evo fue nuevamente Evo, el invencible y ordenó por teléfono a sus secuaces cercar las ciudades, que no reciban alimentos ni luz, ni agua. Quintana debía convertir Bolivia en un nuevo Vietnam.  Hay que contar bien los cadáveres, porque cada muerto será una bandera. Yo volveré triunfante. Patria o muerte. Hasta la Victoria, siempre.

 El narco comunismo, desde el Chapare, intentó atacar la ciudad de Cochabamba, y en Sacaba lograron algunos muertos. En Senkata, igual que en 2003, intentaron tomar los depósitos de carburantes. Pudieron hacer volar un tercio de la ciudad de El Alto, pero las Fuerzas Armadas lo impidieron. Fue un ataque con pocas banderas de muertos, todos ingenuos apasionados.

Los comandantes  optaron por lo más seguro: provocar guerrillas diplomáticas desde las embajadas “amigas”, sacrificando, sin rubor, las misiones de México y España.

 El inesperado final del imperio del rencor y el odio terminó como nadie imaginaba. Los parlamentarios del MAS, contrariando su tradición, facilitaron una conciliación inédita y contribuyeron primero a que la sucesión presidencial se cumpla constitucionalmente y a que la nueva Presidenta pueda tender puentes y restañar heridas. Tenemos ya una nueva Corte Electoral y habrá elecciones limpias. 

 Empezamos así un nuevo año con un nuevo sueño. Con luminoso sol y cariñosa luna, irradiando paz, tranquilidad y fe en este nuevo amanecer que promete bienestar y felicidad para todos. Nunca el Feliz Año Nuevo campaneó tan optimista y jamás la utopía estuvo tan cerca del alcance de nuestras manos.

 El penúltimo día del año pasado Página Siete publicó las 15 diferencias en el estilo de gobernar de Jeanine Añez y Evo Morales, cuanto más grandes son éstas, más crece la confianza en las bondades del año que comienza. Hasta los masistas no cocaineros se sienten libres y se suman a la esperanza colectiva. 

 En cuanto a la salud, nuestra preocupación de siempre, la última noche del año que pasó, la presidenta Añez anunció que su mayor aspiración es concluir su corta gestión haciendo algo por la salud. Esa misma noche, en otro programa, el Ministro de Salud informaba que los enfermos de cáncer tendrán pasaje gratuito en BOA y otras líneas aéreas para su tratamiento y se organizarán albergues especiales.

 Ninguna de las dos autoridades habló de inversiones millonarias, ni de apoyos políticos, sino de amor, vigencia de derechos y deberes solidarios. Realmente, Bolivia cambió. Nadie tiene que arrodillarse ante un jefe y todos somos libres y podemos participar en bien de todos.

   
Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud.

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