Alfredo Villca

Ciclo económico y ciclo financiero

sábado, 04 de enero de 2020 · 00:09

Se habla sobre la relación entre el ciclo económico y el ciclo financiero con poca precisión y muchas ambigüedades. Primero, los ciclos son fenómenos de corto plazo. Segundo, la literatura macroeconómica más o menos ha llegado a un consenso en cuanto a la noción del ciclo económico que se refiere a las desviaciones del producto (PIB), aunque no la única variable  respecto a su equilibrio de largo plazo. Existen muchas técnicas para capturarlos. Desde aquellas puramente estadísticas hasta aquellas que tienen estructuras económicas. Esto es clave para la toma de decisiones de política económica. 

Tercero, el concepto de ciclo financiero, por otro lado, no es del todo claro. La bibliografía argumenta que el estudio de este fenómeno es anterior al ciclo económico y fue relegado por la corriente principal de la historia del pensamiento económico, en la que el papel del sistema financiero no tenía cabida. No obstante, esto se sustenta en el famoso teorema Modigliani-Miller. 

Después de la crisis financiera del 2008 se empezó a retomar el estudio del papel del sistema financiero en la economía. Específicamente  los ciclos financieros. Trabajos pioneros en ese sentido son el de Mendoza y Terrones (de 2008 y 2012), en las que caracterizan los hechos estilizados de los ciclos financieros tanto para economías avanzadas como para economías emergentes. Pero ¿qué es el ciclo financiero? 

La respuesta a esta pregunta fue desarrollada por el banco de los bancos centrales o Bank for International Settlements (BIS). En particular Claudio Borio (2014), directivo importante de este organismo internacional define lo siguiente: “El ciclo financiero denota las interacciones que se autorrefuerzan entre las percepciones de valor y riesgo, las actitudes hacia el riesgo y las limitaciones de financiamiento”.

Pero también hay mucha discusión acerca de las variables a utilizar. El BIS sugiere tres alternativas desde el punto de vista de las cantidades y precios: a) usar el crédito interno, b) usar un conjunto de tasas de interés y c), una combinación de (a) y (b) en la que se incluye precios de la vivienda. Con los datos de la cartera de crédito para el caso boliviano y tomando en cuenta las tasas de crecimiento centradas en cero, podemos mencionar que el ciclo financiero es más profundo  que el ciclo económico. 

Esto significa que las fluctuaciones del crédito son más volátiles (2%) que el del producto (0,8%). Un resultado que llama la atención, más allá de presentar un comportamiento procíclico, es la magnitud de la correlación entre ambos tipos de ciclos (16%). En el límite de considerarlo acíclico. Esta bajísima correlación se puede deber a muchos factores, que no entraré a discutir.

Por su parte, las correlaciones con desfases en el tiempo indican que el crédito se anticipa al producto en cuatro trimestres. El crédito es un indicador líder. Esto sugiere que las épocas de expansión del producto están asociadas con las épocas de expansión del crédito en cuatro trimestres atrás. 

En otras palabras, una expansión del crédito hoy tendrá sus efectos sobre el producto un año más tarde. Sin embargo, no se puede concluir que el crédito causa al producto, que a menudo se confunde de esa manera. De hecho, usando una técnica de causalidad de Granger, no existe causalidad unidireccional. Al contrario, se encuentra una causalidad bidireccional, lo que nos sugiere que tanto el crédito como el producto se retroalimentan. 

Esto es lo más lógico e intuitivo. Si el producto aumenta es porque las empresas están invirtiendo con crédito. A la inversa, el crédito aumenta porque las empresas tienen el colateral suficiente para obtener más crédito. En conclusión, el ciclo financiero es un tópico de la macroeconomía que todavía no se ha estudiado a profundidad, particularmente en países como Bolivia.

 

Alfredo Villca cursa un  doctorado en economía  de la  Universidad EAFIT.

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