Pedro Portugal Mollinedo

El eslabón más fuerte, el eslabón más débil

sábado, 04 de enero de 2020 · 00:10

Es sabido que una cadena se rompe en su eslabón más débil, sea esta material o institucional e ideológica. En el continente se estableció no hace mucho una cadena de gobiernos de izquierda, componentes de un nuevo proyecto denominado socialismo del siglo XXI. 

Esa cadena, como modelo y en su mejor momento, se publicitaba innovadora, triunfadora y expansionista. Sin embargo, los sucesos empezaron a atenuarla, en especial el cambio de tendencia de algunos de sus gobiernos, producto de procesos electorales democráticos. 

Cuando Brasil y Argentina pasaron a tener gobiernos de derecha, los otros eslabones asimilaron mal la lección, entendiendo al proceso democrático de elecciones libres como el mal mayor que había que evitar. Sin embargo, lo que electoralmente se puede perder, democráticamente también se puede recuperar, como lo demostró recientemente el triunfo peronista en Argentina.

Así, el rasgo común de los eslabones sobrevivientes fue el de escamotear los recursos de la democracia formal tras el puro formalismo que les permita certificar su permanencia en el poder, recurriendo para ello a cualquier mala maña que el uso del poder les puede permitir.

De esta manera, esa cadena perdió el lustro que al inicio cautivaba. Brillaba todavía, sin embargo, Bolivia. Era el “eslabón fuerte” al estar encabezado por un indígena –recurso utilizado hasta el cansancio, sobre todo en el exterior– y porque durante todo el periodo de gobierno del “proceso de cambio” se evitó el descalabro económico al estilo de Venezuela o la represión y enfrentamientos crónicos, al estilo de Nicaragua.

El modelo boliviano no estuvo exento de quiebres y errores. Baste recordar el caso del Hotel Las Américas, o las discordancias con el mundo indígena: Chaparina, Caranavi, Achacachi… Pero es correcto afirmar que fueron menos intensos que en otros eslabones y compensados con guiños y requiebres hacia los enemigos que declarativamente se anatemizaban: el empresariado local, especialmente cruceño, el desarrollismo extractivista y el capitalismo internacional.

El gobierno de Evo Morales fuera universalmente cortejado a medida que perdía toda identidad innovadora, intentada en sus inicios bajo el epíteto de “suma qamaña”. Se consolidó una esquizofrenia de conductas y discursos gubernamentales. En las universidades mundiales se cosechaban por la mañana doctorados honoris causa por su discurso respetuoso a la Pachamama y el socialismo comunitario; por la tarde se firmaban acuerdos con gobiernos y convenios con corporaciones, en sentido contrario.

Asentada esa conducta en un manejo de la realidad local indígena, el eslabón fuerte se convirtió en el más débil. La adhesión del mundo indígena hacia Evo Morales provocó la ilusión de que ese era su gobierno y que jamás los indios permitirían perderlo. Sin embargo, una ojeada a nuestra historia constata que el indio prácticamente apoyó todo gobierno criollo, empezando a las huestes españolas que nos invadieron. 

Esa anomalía colonial estuvo contrarrestada con violentas insurrecciones armadas, siendo la más emblemática la de Tupak Katari, pero sólo pueden ser entendidas como correlativas a la sumisión antes citada.

Descolonizar implica quebrar esa lógica, pero el gobierno del MAS, en sus inicios, más bien la mistificó pachamamísticamente. Al carecer de un cuerpo interpretativo adecuado y de políticas apropiadas, se dedicó a aprovechar el ambiente histórico de sometimiento indígena hacia el poder central… sin darse cuenta que así también cultivaba la reacción del pueblo colonizado cuando ese poder trastabilla y es reemplazado por otro.

Al no descolonizar, el MAS deja intactos esos mecanismos de apoyo indígena a cualquier otro gobierno. 

El actual de transición y los partidos que lo apoyan tienen también indígenas que los apoyan, algunos en funciones de gobierno, así sea en puestos nada estratégicos, y muchos más en cola de espera… Pero también les deja un regalo envenenado.

No habrá verdadera paz social en Bolivia y construcción de una sociedad integrada y próspera si no hay verdadera descolonización. Resta entenderla adecuadamente.

 

Pedro Portugal Mollinedo es autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia y actual director del periódico digital Pukara.

 

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