Renán Estenssoro V.

La noche de la justicia ultrajada

domingo, 05 de enero de 2020 · 00:10

Hace 81 años, durante la noche del 9 al 10 de noviembre, en la Alemania nazi, alrededor de 91 judíos fueron asesinados y otros 30.000 fueron detenidos y deportados en lo que la historia denomina como “La noche de los cristales rotos” en alusión a las vitrinas y escaparates de las tiendas destrozadas e incendiadas. Pocos años antes, en 1934, en la denominada “Noche de los cuchillos largos”, las tropas de Hitler dieron fin con la temible SA y asesinaron a los dirigentes de esa milicia.

He escuchado a varios colegas periodistas, así como a políticos y a otras personas, señalar que los 14 años de masismo fueron como una “larga noche” en la que los gobernantes de ese entonces cometieron todo tipo de abusos, desde persecuciones judiciales hasta asesinatos a sangre fría.

No creo que los crímenes que haya cometido el régimen del MAS se equiparen a los de Hitler u otros dictadores, quizá porque se lo frenó, paradójicamente, en el momento en que gozaba de las más amplias libertades para hacer lo que se le venía en gana y quizá, por ese exceso de confianza, descuidó la puerta trasera. 

Hago periodismo desde la década de los años 90 y en la cobertura he sido testigo de los grandes aciertos como también de los grandes fracasos de los gobiernos llamados “neoliberales”. Quizá el mayor de sus pecados fue -durante los 22 años que estuvieron en el poder- no haber construido un sistema de justicia probo, sólido y eficiente. Y esta debilidad fue hábilmente aprovechada por el masismo para perseguir, extorsionar y encarcelar no sólo a opositores, sino a todo quien de una u otra forma caía en sus manos.

Entre 2004 y 2005 fui gerente de Canal 7 ENTB porque creía en la televisión pública y pensaba que se podía construir un sistema de medios estatales que sirviera al interés público y no al Gobierno de turno. Hoy, casi 20 años después, sigo creyendo en el potencial de los medios públicos para mejorar los niveles educativos de la población con programas de calidad, que aborden ciencia, tecnología, historia, medicina y cultura.

Sin embargo, a casi 15 años de aquella gestión, me pregunto si mi paso por la televisión me dejó algo además de los 36 procesos coactivos y penales que me inició el ahora prófugo exgobernador de Cochabamba, Iván Canelas, y sus sucesoras en el Ministerio de Comunicación. A todas luces son juicios políticos, a pesar de que no soy político. Siete de ellos son por compras de bienes y servicios por intercambio de publicidad. Ahí, la Contraloría, al mando del exdiputado masista Gabriel Herbas, aseguró que había “daño económico al Estado” y me cobró desde las pizzas que se repartieron durante la jornada de trabajo que se realizó para transmitir el referendo del gas, hasta la ropa de trabajo que se le otorgó al personal.

Otra batería de 29 procesos se refieren a los beneficios sociales que se pagaron a los trabajadores eventuales de la empresa que se despidieron -tras varios años de servicios y contratos-, acatando un decreto supremo de austeridad emitido por el gobierno de Carlos Mesa, y a jubilados que, tras más de 30 años de servicio, decidieron retirarse y cobrar su finiquito en cuotas.

En los 36 años de vida que para ese entonces tenía Canal 7 ENTB siempre se había pagado beneficios sociales. Sentencias de la Corte Suprema lo ordenaban, así como auditorías de la Contraloría. Pero, además de eso, resoluciones de los ministerios de Hacienda y Comunicación ordenaban el pago para evitar que los trabajadores inicien protestas y huelgas en demanda de justicia social.

No considero justo que un trabajador se retire tras más de 30 años de servicio con un salario de 1.700 bolivianos  y que no tenga derecho a beneficios sociales. Tengo la certeza de que quienes se jubilaron en la década del 2000, lo hicieron con la ilusión de que recibirían su dinero, con lo que podrían enfrentar de mejor manera esa nueva etapa de la vida, en la que, con seguridad, las carencias son mayores.

No contento con estos procesos, Canelas y sus abogados me entablaron un juicio penal -y pedían mi detención preventiva- por “incumplimiento de deberes” y “daño económico” al Estado porque, en algún momento, algún funcionario de administración se olvidó de entregar en formato digital la liquidación de impuestos y eso generó una multa.

No me arrepiento de mi paso por canal 7, dejé algo de mi vida y corazón en ese medio. Los procesos preocupan, no sólo porque ponen en riesgo la libertad y los bienes, sino porque constituyen un atentado a la dignidad y hacen la vida mucho más difícil. Los abogados del Estado se encargan de que así sea, a ellos no les importa la justicia; les interesa quedar bien con su jefe. 

Sí, definitivamente, fue una larga y penosa noche la del masismo. Más que los procesos, duele el silencio al que me sometí para evitar la pérdida de mi libertad y de mis bienes. La larga noche masista no fue la de los cristales rotos, ni la de los cuchillos largos, fue la de la justicia ultrajada.

Renán Estenssoro V. es periodista.

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