Pamela M. Quino Montenegro

Hiperpadres: uno de los eslabones de la violencia de género

lunes, 06 de enero de 2020 · 00:09

El 2 de enero se inició en nuestro país la lista de feminicidios de esta gestión. 2019 cerró esa lista con 117 mujeres asesinadas de diversas formas. Nos hemos alarmado con la cifra, incólumes ante la cifra que denota la violencia aparentemente imparable entre géneros. Y no es que no exista violencia hacia los hombres, sino que desgraciadamente la violencia y muerte de mujeres en nuestro país es mayor, así lo indican instituciones como el Cecasem Bolivia, entre otras. 

Bajo ese escenario, es inevitable preguntarnos qué estamos haciendo mal. ¿Qué hace falta para evitar el asesinato de más mujeres? ¿Se puede detener la violencia de género? Las sanciones establecidas en la normativa correspondiente (Ley 348 de 9 de marzo de 2013) no han causado un efecto de persuasión para detener los feminicidios. Aún faltan por desarrollarse recursos materiales y humanos para atender con mayor celeridad los casos de violencia intrafamiliar, de género y mucho más casos de asesinato en grado de tentativa. 

Dentro de los eslabones que componen el gran problema de la violencia de género (y que puede terminar en la trágica muerte de otro ser humano) se encuentran los padres como principales educadores de las nuevas generaciones. Entre ellos existe lo que se conoce con el término de “hiperpadres”, término que deriva de “hiperpaternidad”, introducido en Latinoamérica por Eva Millet (escritora y periodista española) y descrito como un estilo de crianza que implica la hiperatención, hiperprotección e hiperestimulación. 

Existen diferentes niveles dentro de la hiperpaternidad. Muchos de ellos tienen que ver con el hecho de que los denominados hiperpadres viven detrás de sus hijos, se adelantan a sus contratiempos y no permiten que ellos experimenten el rechazo o la frustración, por lo que les resuelven sus problemas, por más pequeños que éstos sean.

En muchos casos justifican y defienden a ultranza a sus hijos ante profesores y educadores, fundamentando un deficiente desarrollo académico. De acuerdo con  psicólogos y expertos en el tema -la hiperpaternidad actualmente tiene varios estudios, al alcance de todos-, ese tipo de conducta crea dependencia y adicción de hijos por sus padres, ansiedad y una falta de autonomía para actuar ante la vida, entre otros problemas.

La hiperpaternidad se refugia en la gran intención de proteger a un niño o niña de todo el peligro que puede existir en la sociedad actual. El amor de los padres ha llevado a varias generaciones de niños que hoy son jóvenes o adultos a no saber cómo lidiar con el rechazo de su pareja; centenares de personas con terror a separarse de una relación violenta por miedo a quedar solos.

Otro tanto de personas que sólo han aprendido a expresar sus celos e inseguridades a través del maltrato físico. Generaciones de personas que no aceptan que se les diga No; incluso padres con hijos adultos que aún sobreprotegen y defienden el hecho de que hayan provocado la muerte de su pareja.

Pareciera inofensivo proteger a un hijo; sin embargo, en tiempos en los que la violencia de género, lejos de detenerse se ha incrementado, encontrar el justo equilibrio entre la protección y la hiperprotección (entre otras actitudes de educación parental) podría ser una de las tantas respuestas para que a largo plazo empecemos a deshacernos de la pandemia social llamada violencia de género.

Pamela M. Quino Montenegro es abogada.

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