Hernán Cabrera M.

El ejercicio de la política en manos del pueblo

miércoles, 08 de enero de 2020 · 00:09

Toda acción del  ser humano es política. Porque se trata de una búsqueda permanente del bienestar individual, social y colectivo. El hombre es un animal político, lo dejó sellado Aristóteles.

El ejercicio de la política ha dejado de ser un oficio de exclusividad de los políticos, es decir, del presidente, vicepresidente, diputados, senadores, ministros, concejales, asambleístas, alcaldes, gobernadores, dirigentes partidarios, y se ha instalado en la sociedad, de la que todos somos integrantes.

En las históricas jornadas de octubre y noviembre de 2019, que concluyeron con la huida de Evo Morales y su renuncia a la Presidencia del Estado, la ciudadanía se empoderó de todas las formas de hacer política, pero lo viene haciendo respirando democracia, debatiendo en democracia. Se sienten en el ambiente otros vientos de libertades. Como que la gente le perdió el miedo a discutir e interpelar al poder, tanto de los que se fueron como de los actuales y de quienes buscarán el sillón presidencial.

Todos hacemos política, porque es la acción que transversaliza el accionar del ser humano. El gobierno anterior de Evo Morales hizo política las 24 horas del día. El gobierno de Añez hace política todo el tiempo. La gobernación de Rubén Costas hace política todo el día. El gobierno municipal de don Percy Fernández vive y convive con la política. El Comité pro Santa Cruz tiene un accionar político. Las juntas vecinales demandan políticamente. Los movimientos sociales se revisten de política en sus reivindicaciones.

Los medios de comunicación ejercen una labor política importante. Los obispos  y curas en sus documentos y homilías dan mensajes políticos. Los empresarios privados hacen lobby político para sus reclamos.

La lucha por los derechos humanos es esencialmente política y social. Quizás los únicos que no hacen política son los payasos de los circos y los sacasuertes. Cada acción, cada discurso, cada movilización, cada marcha, cada obra que se inaugura, cada pliego petitorio, cada interpelación, cada marcha tiene profundas y amplias connotaciones políticas. Son actos esencialmente políticos, no son gastronómicos, ni de quiromancia, ni de adivinos, o magia.

El arte de la política es buscar el bien común, es el arte de gobernar bien y para todos. Platón decía: toda ley o acción del gobierno debe mirar siempre el bien colectivo, y tomar en cuenta al pueblo.

Mucho más ahora cuando estamos en un proceso electoral, hay una sociedad movilizada e informada, y atenta a los hechos. La charla obligada en reuniones, en encuentros familiares, en los velorios, en las fraternidades, el tema que sale a relucir y que enciende pasiones y fuertes debates es lo que pasó en Bolivia y lo que se viene. Pero siempre se mantiene la esperanza de que el único camino que debemos recorrer es la democracia, no la violencia ni el enfrentamiento entre bolivianos, que ya nos cobró cara la factura.

La política se ha revalorizado, y ha dejado de ser exclusividad de los políticos o de los que buscan el poder. No hay propietarios ni amos ni patrones ni titulares del accionar de la política, porque ella reside en el pueblo. De ahí, que estimados lectores, todos somos políticos y hacemos política todo el tiempo, a excepción del camino al cementerio, cuando estemos dentro del ataúd.

 

Hernán Cabrera M. es periodista y ex Defensor del Pueblo.

 

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