Lupe Andrade

Regalos de los Reyes Magos

miércoles, 08 de enero de 2020 · 00:10

La Navidad se fue, Año Nuevo pasó como una ráfaga y los Reyes Magos llegaron  anteayer dejando sus regalos míticos antes de partir hacia destinos ignotos.  Llegaron en silencio, y se fueron sin ser vistos, pero que sí vinieron, es indudable.  Supe, por fuentes también ignotas, que a nosotros los bolivianos, los sabios de Oriente nos dejaron tres regalos hermosos y complicados.  Este año,  20 siglos y dos décadas después de su primera visita a un pesebre, esos tres sabios viajantes nos dejaron, igual que al Niño, oro, mirra, e incienso... en formas modernas, claro está.

Oro, es decir dinero, pero más en forma de deudas que en dinero contante y sonante.  Deudas de la anterior administración del país, y hoy en gastos imprescindibles para recuperar el impulso económico y un nuevo espacio de crecimiento. Con este regalo tan complicado, deberemos convertirnos en magos también, para que lo que tenemos ahora sea suficiente para hoy, y que luego quede algo concreto para el mañana.

Mirra, ese milenario ungüento sanador y alimento esencial, es más necesario que nunca  para restañar nuestras heridas, para sanar el alma vapuleada del pueblo, para olvidar resentimientos, desterrar odios, recuperar fuerzas y lograr elegir un sano y restaurador Gobierno de ley, por la ley, y que actúe dentro de la ley. 

Incienso  (savia fragante de la planta Boswellia sacra), para que todos sepan que veneramos al cielo, que respetamos las leyes eternas y que ofrecemos el sacrificio de noches sin dormir, de turnos de vigilia y cansancio, de resolución y espíritu de sacrificio para que los bolivianos podamos nuevamente despertar con un luminoso amanecer.

No podemos,  no debemos, aceptar los “regalos” de conflicto y odio que nos rodean.  No podemos aceptar el regalo de un legado turbio o corrupto.  No podemos mentir a los demás, y menos mentirnos a nosotros mismos.  Como con cualquier regalo, lo que traen estos reyes milenarios significa aceptar obligaciones implícitas: 

Primero, que no podemos volver a votar por reflejo hormonal o muscular.  Tenemos que pensar a conciencia que aquí no debemos votar por el más macho, o el más guapo, el más tibio o que menos rabia nos provoca.  Debemos votar con cabeza y alma por quien tenga la capacidad y experiencia de llevar esta nave -que hoy navega en mares de tormenta- hasta un puerto seguro.  Y no importa el partido o el color.  Lo que importa es la capacidad y dedicación.

Segundo, que debemos sanar heridas, curar lastimaduras y olvidar ofensas.  Los rencores no alimentan, los odios destruyen.  Este momento es para construir, y eso significa construir para todos, no solamente para un grupo, familia o lugar.  Pensar que merecemos favores, o creer que de este esfuerzo pueden salir brotes verdes y dolarizados sería fatal.  Rifar este espacio de reflexión que se ha conseguido con tanto sacrificio sería una insensata locura. Necesitamos trabajo recto, obras rectas, espaldas cansadas, mentes abiertas y corazones generosos.

Tercero, que levantemos los ojos hacia metas más altas que la mera seguridad o el dinero.  Como el humo del incienso, tan vaporoso y liviano que se eleva al cielo, así deberían levantarse nuestros espíritus en busca de algo más grande, más puro, más duradero, que beneficie e incluya a todos.

Y finalmente, deberíamos recuperar nuestra alegría, festejar el coraje, la decisión, las sorpresas y la inteligencia.  Que no nos menosprecien ni los mexicanos ni los españoles, ni los arrogantes argentinos (que bastantes problemas tienen en casa para meterse con los nuestros).  Nosotros no necesitamos tener ni los rostros ni el alma encapuchada.  Tenemos caras blancas, morenas, apellidos españoles o indígenas; historia milenaria, estandartes propios y tradiciones auténticas. 

No somos ni seremos fantasmas,  ni seremos títeres de otros, pero para ello tenemos que ser, sentir, y actuar como hermanos.  La Navidad fue momento de paz, el Año Nuevo nos trajo esperanza, la Estrella de Belén nos dice que es momento de poner el hombro a una construcción de país, grande, común y generoso.  Esa tarea es posible, es importante, y es necesaria.
 

Lupe Andrade es periodista.

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