Max Murillo Mendoza  

Revoluciones o sueños derrumbados

lunes, 12 de octubre de 2020 · 00:07

¿Por qué todas las revoluciones terminaron destruidas,  traicionadas o corrompidas? Es cierto, en principio, que las ideas de revolución o cambios sociales, seguirán siendo un faro que se encargue de iluminar a los pueblos, mientras hayan injusticias y ausencias de derechos en las sociedades. Sin embargo, tenemos que ver en profundidad las razones de los derrumbamientos, de las implosiones internas que se encargaron de destruir todas las revoluciones. En el caso de Europa del este, ya investigados en profundidad, se derrumbaron por causas internas: corrupción,  demandas crónicas de las poblaciones insatisfechas, atraso tecnológico y crisis económica constante y también crónica. El muro de Berlín cerró ese capítulo europeo.  

En América Latina, lugar de innumerables abusos de poder, de historias de continuidad colonial, de brutales gobiernos militares o civiles totalmente al margen de las básicas leyes de convivencia institucional, o democrática, las ideas de revolución y cambios sociales siempre han sido constantes en el imaginario popular. 
Ya a principios del siglo XX la revolución mexicana, sembró las esperanzas de cambios para todo el continente. Después vino la revolución boliviana de 1952, y la que quizás fue el demiurgo de los cambios por estos lados del mundo, fue la revolución cubana en 1959.  

Desde entonces Cuba y su revolución se convirtieron  en el ejemplo a seguir, o  todo lo que deberíamos hacer a lo largo y ancho del continente. Los jóvenes de los años 60, 70 y 80 del anterior siglo, en Bolivia y en los países vecinos, soñaban con visitar Cuba o recibir sus enseñanzas para hacer la revolución. Figuras del Che o Fidel, eran simplemente los líderes por antonomasia a los que había que leer o al menos estar atentos a sus discursos, que realizaban en distintos espacios de Latino América o el mundo.  

Pero todo ese entusiasmo se fue terminando en los años 80, cuando las crisis de los socialismos reales que se iban derrumbando y las noticias no eran precisamente interesantes: corrupción, crisis económicas, protestas, encarcelamientos masivos, que llegaban de aquellos países, empezaron a minar también en los imaginarios de los jóvenes de estos lados. 
Sectores críticos, intelectuales como Octavio Paz, y otros, lanzaban libros y ensayos sobre esos fracasos. Que después se confirmaron con el derrumbe del muro de Berlín. Se destaparon los gulag, las cárceles del sistema, los sistemas de inteligencia y vigilancia de sus propias poblaciones.  

Por América Latina después de los estragos económicos y sociales del neoliberalismo, todavía hubo unos impulsos en estas ideas, en lo que se llamó el socialismo del siglo XXI. A estas alturas, eso también es un rotundo fracaso. No por culpa del imperio, sino por implosión propia: inmensa corrupción de los feligreses del socialismo, insostenibilidad del modelo económico, estatismo extremo como totalitario que ahogó experiencias privadas en todos los campos: educativos, productivos, etc. Pues oportunidad tomada por restauradores del sistema: iglesias evangélicas ultraconservadoras, algunas cúpulas de la iglesia católica, derechas nostálgicas. Debemos subrayar que los errores de los feligreses del socialismo, fueron realmente imperdonables y desanimaron a grandes sectores de la sociedad, como las clases medias, que fueron marginadas y maltratadas por esos sectores totalitarios, que confundieron a nuestros países con los Petrogrados de Rusia, o las visiones de Lenín en países donde no somos industriales sino más bien agrarios y con culturas que nada tienen que ver con aquellas visiones de la Rusia zarista, o la Europa del siglo XIX y principios del siglo XX.  

En Bolivia además tenemos el fenómeno que la izquierda de los últimos tiempos, carece de pensadores, de intelectuales de calibre. De investigadores y escritores de primera línea. En todos estos años no produjeron al menos un libro, respecto de las líneas maestras sobre movimientos sociales y socialismo, es decir interpretaciones sobre nuestras realidades desde los instrumentos de análisis del socialismo. Simplemente no existe un solo texto. En general, lo que hay, son elucubraciones del socialismo, de sus glorias y alabanzas; pero no investigaciones e interpretaciones científicas. De hecho no podemos citar a nadie, en Bolivia,  en esta línea.  

Las revoluciones fueron hijas legítimas de la modernidad, en visiones teleológicas y lineales. Sus coincidencias con el liberalismo son asombrosas, desde las fascinaciones de ambas por la industrialización, el consumo y el crecimiento económico. El siglo XX fue el siglo privilegiado de la revolución y el espacio de lucha  a muerte contra el capitalismo.  También fue su tumba, su crisis de sentido, su agonía y hacia finales de ese siglo su muerte.  

Las ideas de cambios sociales seguirán siendo las banderas más importantes de la especie humana, mientras haya pobres y marginados del sistema. Mientras las injusticias no sean eliminadas de la historia humana. Sin embargo, las ideas de revoluciones como modelos, han llegado a su fin, han cumplido su ciclo vital e histórico con sus resultados trágicos por todo el mundo. Aun así el hombre seguirá buscando otros modelos, otros derroteros de liberación en ese sueño del morar en la tierra sin explotados, ni explotadores. 
 
Max Murillo Mendoza   es ciudadano boliviano.

 

 


   

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