Juan Pablo Guzmán

Un voto por los significados

lunes, 12 de octubre de 2020 · 00:10

Una de las maravillosas riquezas del idioma es su continua capacidad para cambiar, adaptarse a los nuevos tiempos y fortalecerse, con el fin de enriquecer la lengua y, sobre todo, la comunicación entre todos. 

El cambio de significados es parte de ese dinámico y fértil proceso de evolución. Lo que un día significó algo, décadas después puede implicar un concepto totalmente distinto, porque el consenso social y el uso frecuente así lo determinan.

En el diccionario de 1780, por ejemplo, la palabra “formidable” significaba “horroroso, pavoroso, y que infunde asombro y miedo”. Hoy, nadie asociaría ese término con tal significado, porque otro es su sentido. Sería imperdonable pensar en la actualidad que al decir “formidable victoria de Roger Federer” se quiere expresar que se trató de un triunfo pavoroso que infundió miedo a los espectadores.

Villano, en 1495, hacía alusión únicamente a “aquel que mora en una villa”, mientras hoy es quien comete acciones “negativas y dañinas”. Incluso villano, gracias a la película Mi villano favorito  evoca un personaje mordaz, pero simpático. En el siglo XVII, cuando el avión ni siquiera se asomaba a la mente de los inventores, azafata significaba “asistente que guardaba las alhajas y vestidos de la reina”. Hoy, nadie pensaría en ese concepto al ver una guapa aeromoza.

Pero mientras el cambio de significados de algunas palabras en la lengua castellana tomó décadas e incluso siglos, los estrategas del Movimiento Al Socialismo (MAS), cual mágicos heraldos, lograron cambiar el sentido de muchos términos en apenas 13 años, nueve meses y 18 días, dejando con seguridad estupefacto  (sorprendido, asombrado o desconcertado) al más lúcido académico de la Real Academia Española (RAE).

Nacionalización significa “hacer que pasen a manos de nacionales de un país bienes o títulos de la deuda del Estado o de empresas particulares que se hallaban en poder de extranjeros”. El MAS no hizo nada de eso, ya que sólo renegoció los términos de contratos con muchas empresas extranjeras que quedaron operando muy felices en el país, pero hizo creer a medio mundo y más que “eso” era una nacionalización.

Otro genial invento del lenguaje masista fue el concepto “proceso de cambio”, que un buen lingüista entendería en España, y en cualquier país hispanoparlante, como una sucesión de actos y decisiones que transforman algo. Cuando, en realidad, lo que vivimos en Bolivia fue la perpetuación de los valores del populismo en lo político, el reforzamiento del extractivismo en la economía y el intento de sedar la libertad para fundar un pensamiento único en la sociedad.

Al mundo indígena se lo llamó “reserva moral de la humanidad”, es decir -entiendan académicos de la RAE- sector puro en lo moral  e impoluto en cada uno de sus gestos. Pero, en la realidad, resultó que decenas  de los integrantes de esa “reserva” cometieron algunos de los hechos de corrupción, infamia y sordidez más escandalosos de la vida republicana y plurinacional.

El “nuevo diccionario” de la lengua castellana trabajado con una persistencia sin par por el aparato ideológico masista incluyó también otras joyas. Reinventaron el significado de golpe de Estado (destitución por medios inconstitucionales de autoridades electas) para intentar hacer creer que en noviembre de 2019 hubo uno, cuando en realidad presenciamos una masiva indignación por  fraude electoral que derivó en la renuncia del huido y la aplicación estricta de la sucesión constitucional.

Y así se podría seguir enumerando ejemplos de ese “nuevo” diccionario con significados trastocados, que sin duda sobrepasarían los términos incluidos en el famoso libro Las 500 dudas más frecuentes del español, del Instituto Cervantes.

Por eso, en honor a Cervantes (de acuerdo al léxico masista, seguro, un “colonialista del lenguaje”), por lealtad a los exquisitos creadores de obras maestras de la literatura, como Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa (“intelectuales de la derecha”) y, más que todo, por fidelidad al significado real de cada término de nuestra lengua (“antítesis de las lenguas originarias”), recuperemos también esa parte de nuestro ser el 18 de octubre.

Para que las palabras, en nuestra vida diaria y en la historia que quiere comenzar a construir gran parte del país desde esa fecha, signifiquen lo que todos entendemos;  no  lo que lo que los  laboratoristas políticos del lenguaje quisieron engatusarnos, para hacernos creer que el gato es liebre y que la libertad es miedo.

Juan Pablo Guzmán es periodista.
 

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

66
8

Otras Noticias