Fernando Patiño Sarcinelli

Debate: el sesgo de mi hermano y los míos

martes, 13 de octubre de 2020 · 00:10

El debate es un fundamento de la democracia. Es una exposición de opiniones con base en experiencias e interpretaciones personales de cada individuo, siempre saludable. Quienes se han excluido del último debate han perdido una gran oportunidad de demostrar su espíritu democrático. 

Recientemente, mi hermano Jorge ha publicado “Sesgos que influenciarán tu voto”, donde se “limita a resumir y comentar” los sesgos que pueden afectar el voto en las próximas elecciones. Muy bien destaca que la elección del periódico favorito o autor es una costumbre inconsciente que a la larga forma opinión y puede influenciar en el voto.  No obstante, el sesgo de Jorge es que está alejado de nuestro territorio, no ha tomado en cuenta algunos hábitos de nuestra población originaria, que prefiere escuchar la radio a leer periódicos. 

El sesgo no es ningún pecado, es una opinión consecuente del conjunto de experiencias vividas, a veces inconsciente. Las opiniones y elecciones deberían ser honestas o genuinas, pero en política prima el sesgo de los intereses personales donde se pierden esas características. 

Jorge no ha mencionado nuestra cultura quechua y aymara, que entre otras lenguas autóctonas menos influyentes, ejercen fuerte influencia en el proceso político nacional. Creo que el factor lengua es más influyente que el factor racial que ha sido tan manipulado por el MAS. Si algún líder actual fuera fluido en uno de estos idiomas, la historia de Bolivia sería diferente. Admiro la inteligencia de algunos aymaras, como albañiles o carpinteros, con quienes he podido trabajar. He aprendido mucho de Gumer y Alejo. Algunos personajes ilustres como Rosemary Mamani (pintora aymara) y Tomasa Yarhui (abogada y exministra quechua) demuestran que cuando se ofrece igualdad de oportunidades, todas las culturas se pueden destacar. Admito que mi visión en este tema puede ser sesgada desde mi infancia. 

Mi papá tuvo la suerte, felicidad que yo no tuve, de pasar la infancia con niños en la hacienda Calacoto, donde sólo se hablaba aymara. Era un aymara parlante genuino. A pesar de su medio pelo gringo, hasta los últimos años de su vida disfrutó de ir al mercado donde practicaba con las caseras para comprar las mejores paltas y chirimoyas. Una recompensa sabrosa y divertida. Pero su gran ventaja era conocer la mentalidad y cultura aymara en su propia lengua, una deficiencia de muchos políticos de hoy y del pasado. Sería una gran ventaja para cualquier candidato, no importa la ideología, pero muy necesaria en estos tiempos. 

Otro elemento influyente poco reconocido en este proceso electoral es la radio. Apuesto que ninguno de los lectores de esta página (digital o impresa) recuerda la última vez que ha tomado en las manos una radio de pilas. Un tercio, cerca de 33% de la población que me rodea, tiene la radio prendida por casi 10 horas al día, en aymara. La radio es otro factor que ejerce fuerte influencia en nuestra población, un hecho ineludible. Aclaro que somos tres personas en la casa y una de ellas escucha radio casi todo el día.

Frecuentemente en el proceso electoral, en economía, salud y otras ciencias que interesan a toda la población influye la manera cómo se presentan datos en porcentaje. Un tercio es lo mismo que 33%, lo que hace parecer mucha gente en mi casa. ¿Notan cómo un porcentaje puede causar distorsión de cantidad? El resultado de toda encuesta se presenta en porcentajes, presten atención.  

Casi a diario, mientras preparo mi desayuno (costumbre placentera y metódica), escucho la radio de Anita, quien guarda celosamente su opinión política, pero está atenta cuando oye en la radio las palabras “votos, electores, MAS” y otras que no existen en su lengua nativa. Ella no lee La Razón, pero tiene curiosidad por los titulares de Página Siete que recibo regularmente en la casa. Observo que lee los titulares, dudosa de su veracidad por las contradicciones con lo que escucha en la radio. Jamás lee los editoriales, ni a los hermanos Del Granado o al exalcalde Mac Lean, personajes bien conocidos en su historia. Tampoco lee a quien escribe esta nota, a pesar de las delicadas insinuaciones que le hago.

Todo debate y proceso político es modificado por los sesgos personales de cada actor. Cómo no quisiera que tuviéramos un líder que pueda entender profundamente nuestras culturas y las necesidades de la población originaria.

 
Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.
 

 

 


   

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