Pablo Mendieta Paz

El buen decir de Carlos Mesa

miércoles, 14 de octubre de 2020 · 00:09

Hace unos años, conmovido mi ánimo por una materia apasionante como es la persuasión, cuya raíz esencial para su estudio fue la elocuente y hasta sublime frase de Blaise Pascal “antes de convencer al intelecto es imprescindible tocar y predisponer el corazón”, escribí un texto acerca de una singularidad que pone de relieve la identidad de Carlos Mesa como político: su fuerza o vigor para aproximarse al pueblo mediante una cualidad expresiva que infunde respeto y que, por tanto, despierta confianza y credibilidad.

Esta peculiaridad, sostenida en el tiempo, ha originado que su figura goce de la más alta consideración en nuestro país y en el extranjero. No por nada, luego del primer debate presidencial de hace unos días, el connotado periodista vasco-boliviano Ricardo Bajo, director de Le Monde Diplomatique en Bolivia, sostuvo en la columna que escribe en un diario de circulación nacional que Carlos Mesa es, de lejos, el mejor orador de Bolivia.  

Recordemos, a propósito, que en septiembre del año 2015, entrevistado Carlos Mesa en el programa El Informante, de Televisión Nacional de Chile, por un punzante Juan Manuel Astorga, periodista fogueado en mil lides, el actual candidato de Comunidad Ciudadana tuvo la capacidad y fortaleza de sustituir preguntas de tono negativo en respuestas de índole positiva, un constante remecer acerca del tema marítimo que dejó muy mal librado al comunicador Astorga y muy bien posicionado a su ocasional invitado. 

Fue de tal magnitud el recurso retórico expuesto por Carlos Mesa, que, entre otras autoridades, algunos integrantes de la Cámara de Diputados de ese país aprobaron una declaración para expresar su malestar a TVN-Chile “por la entrevista realizada”. Pero la entrevista no fue mala, ni tampoco pecó de incompetente el periodista. Lo que ocurrió fue que Carlos Mesa salió airoso de la entrevista por su claridad en el razonamiento, en las expresiones y en el estilo.       

 Sostiene Foucault que la retórica es el inventario y el análisis de los medios a través de los cuales se puede actuar sobre los demás mediante el discurso, o es también el arte de hablar bien y convincentemente; lo cual para los griegos residía “en la techné del buen decir, de encantar y seducir a los auditores”, mediante el instrumento que hace posible la más penetrante de las influencias sociales: la persuasión. Coinciden quienes cultivan el arte de la persuasión que el enfoque propuesto por los antiguos no ha sido superado aún, pues es a todas luces manifiesta la íntima afinidad de sus principios con la noción de persuasión que exponen las corrientes actuales del pensamiento, tal como puede evidenciarse en el concepto de retórica que ensaya Foucault.

Con la exteriorización de un modelo dialéctico muy próximo a los preceptos de retórica tradicionales que sustenta el filósofo y sociólogo francés, el candidato Carlos Mesa ha logrado atraer vivamente la atención del electorado de toda Bolivia, traducible en los elevados porcentajes de apoyo que enseñan las encuestas. En ellas, como fruto de una experiencia a toda prueba, y de un genuino y elevado concepto de nación, se configura a un estadista sensato, aplomado, reflexivo, y, sobre todo, a una personalidad afín a todas las generaciones de votantes, especialmente a esa inmensa colectividad joven que exige a quien la gobierne trabajar con la más absoluta transparencia y lealtad, siempre en coherencia con aquello que propugnaba Pascal.

  
Pablo Mendieta Paz
es ciudadano boliviano.  

 

 


   

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