Lupe Andrade Salmón

Yo voto, tú votas, él vota, nosotros votaremos

miércoles, 14 de octubre de 2020 · 00:11

No es el verbo votar el que me preocupa: es el futuro del país, y la pregunta de quién será responsable del futuro boliviano tiene como única respuesta real: usted.  Usted amigo, usted lector, usted ciudadano, usted que se rasca la cabeza ante la indecisión.  Usted es responsable de cumplir su deber cívico y, por lo tanto, es corresponsable del futuro del país.  Si usted no vota, está renunciando a su potestad política; está abdicando a su derecho de exigir un buen gobierno, y de ser protegido como ciudadano.

El futuro no está en las manos de Arce Catacora, ni de Carlos Mesa, y menos de Camacho.  Está en sus manos amiga, amigo o lector a quien llegan mis palabras.  Si no vota, y con usted miles de ciudadanos renuncian a sus derechos con la excusa de que votar no sirve de nada, que ya todo está dicho, que le da flojera, que es peligroso y demás circunloquios del caso, no puede quejarse nunca más de los políticos o de los gobiernos.  Nunca más. ¿Soy clara en esto?  Y si repito la palabra “vote”, es porque no hay otra mejor, ni más fuerte o apropiada.

La democracia conlleva responsabilidad.  Los dictadores no obedecen la ley o al voto, y por lo tanto el ciudadano es libre de criticarlos, temerlos, y luchar contra ellos.  La democracia no es así: somos corresponsables de lo bueno, lo feo y lo malo.  El que sí vota puede quedar frustrado con el resultado... así es la democracia... pero tendrá derecho/obligación de protestar y criticar.  El que no votó, aunque no lo diga a nadie, deberá saber en lo más íntimo de su ser que traicionó a sus principios y a su país.  Aunque nadie más lo sepa, cada vez que abra la boca para quejarse o criticar, estará consciente de que al no votar traicionó a su país. 

Si usted no sabe por qué o por quién votar, y eso lo hace renuente al voto, piense en el ejemplo que dejará de herencia a hijos y nietos.  Piense en las personas que más admiró: sus padres, maestros, amigos.  Piense en quienes lucharon y murieron, aquí en Bolivia, para que usted pueda votar.  No hacerlo es un insulto a su memoria, una confesión de indiferencia casi culpable.  

No soy tremendista, y definitivamente no soy odiadora.  Puedo pensar en A y reconocer que si B es elegido, aún con mi voto en contra, la mayoría decidió algo diferente.  Eso no es lo que me atormenta. Lo que no comprendo desde ningún punto de vista, es la declaración hecha por casi un 20% de los encuestados bolivianos, de que ya se han rendido.  Han alzado cobardemente las manos, aunque seguramente creen que todavía podrán criticar y lamentarse.  No señor.  No.  Habrán perdido ese derecho moral al dejar que la indiferencia mande más que su conciencia.

¿Qué es el voto?  No es una simple alternativa de “éste o aquél”.  Es un deber de alma y corazón; es un derecho ganado con esfuerzo de muchos para que nuestra voz pese y valga.  Encogerse de hombros es claramente cobarde.   Si le da flojera, si está cansado, si nadie le gusta, si siente temor, no importa.  Hay que votar.  Es un deber, una obligación moral, un acto de conciencia.  Aún entre dos opciones que poco le entusiasman, debe ir hasta el recinto y votar, o allí, con plena conciencia de abdicación, abstenerse.  

Pasar un domingo más de ocio, no es aceptable.  Refunfuñar porque “da lo mismo” es perder antes de haber luchado; decir que “un voto no hace diferencia” es ignorancia, porque uno más uno más uno suman a la larga un millón.  Si usted o alguien cercano a usted no vota, abdica sus derechos y abre la puerta grande a las tiranías o dictaduras.  No votar es un derecho; sin embargo, no votar es también claudicación, cobardía moral, ceguera o egoísmo.  

Sin saber quién leerá estas palabras, me dirijo a él o ella, habiendo vivido largos años como testigo de nuestra conflictiva historia.  Recuerdo vívidamente el doloroso camino que hemos recorrido para poder escoger, opinar y actuar.  Respete ese sacrificio.  Hágalo con profunda seriedad.  Aquí se juega nuestro presente y el futuro de hijos y nietos.  Vote.  

Si usted no vota y el resultado es tenebroso, le aseguro que la sombra de esa decisión lo acompañará toda su vida.  La próxima semana será demasiado tarde.  Esta es, como pocas, una decisión inaplazable.  Vote.

 
Lupe Andrade Salmón es periodista.

 

 


   

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