Max Murillo Mendoza 

El abismo y otras cuestiones

viernes, 2 de octubre de 2020 · 00:08

 Bolivia estuvo varias veces al borde del abismo. Es una parte perdurable de su destino, las razones son varias y variadas. Desde clases altas sin sentido de destino en este país, que no fueron capaces de construir un mínimo Estado, no fueron capaces de diseñar algo de nación, entre la diversidad de naciones que somos desde siempre. Pero también somos un conglomerado desordenado y  caótico, que ante la ausencia histórica de Estado e institucionalidad, recurren al expediente clásico y normal: bloquear  a los demás para conseguir sus propósitos, sean estos legítimos o no. Probablemente no haya ni un día en que alguien esté bloqueando, ya sea una calle, ya sea un camino, ya sea una avenida. Ya ni nos importa porque tenemos bloqueada la mente colectiva. 

En lo que respecta a mi generación, recuerdo el inicio de la democracia y la destrucción muy temprano de ella. La corrupción generalizada de miristas, comunistas y de todos los partidos de aquel momento destruyeron al país, por lo que las élites  instauraron la época neoliberal a mediados de los 80. Relocalizaron a 30 mil mineros, quizás otros miles de fabriles y desmantelaron al Estado. Estuvimos también al borde del abismo. Después vinieron las revueltas de la década de los 90 y 2000, con muertos y heridos de por medio, y se desterró a la época neoliberal. 

Luego vino el proceso de cambio, otra vez como una esperanza ante el desastre de la época neoliberal. Sin embargo, porque ya es historia, dicho proceso de cambio también terminó en desastre. Los detalles ya son de conocimiento general. El Estado se corrompió como el Estado romano de Calígula. Al terminar estos años de “proceso de cambio”, para variar estuvimos al borde del abismo. Y Bolivia sigue nomás en esos tumbos, saltando de privatizadores a estatistas con los mismos resultados: sin resultados. 

Sin embargo, hay al menos lecciones con meridiana claridad. Como en varios momentos históricos, izquierda y derecha son absolutamente la misma cosa. De hecho a estas alturas ya es obsoleto y caduco ese esquema binario, que ya no tiene capacidad de explicar la complejidad del mundo. Pero seguirá funcionando para el circo romano. Con razón están reaccionando los masistas más lúcidos e inteligentes, contra la izquierda oligárquica que fueron los que le rodearon al mandarín. La derecha, cumple su papel tradicional, siempre cavernaria y por supuesto sin ninguna idea de lo que es este país. Esos hermanos gemelos, izquierda y derecha, no tienen ya legitimidad ni autoridad moral alguna después del desastre que ambos han ocasionado al país. 

Es decir, seguimos al borde del abismo. Además de la tragedia mundial de la pandemia, que sus brutales coletazos nos han terminado de destruir totalmente. Desnudando estructuralmente lo débiles que seguimos siendo como país, lo pobres que somos en lo educativo, en lo económico, y en todos los demás aspectos. Ni siquiera tenemos capacidad de autoconsumo alimentario. El trigo de nuestro pan de cada día sigue siendo de importación. Pues nuestra economía no ha cambiado desde hace 50 años. Seguimos nomás como costumbre muy boliviana al borde del abismo, sin posibilidades de esperanza en el corto o mediano plazo, porque no tenemos esas costumbres de la planificación, de los sueños a mediano o largo plazo. La coyuntura corta y sangrienta, es la preferida de la colectividad: aprovechar al máximo el momento. 

Romper esta tragedia del corto plazo, de la sobrevivencia política y tercermundista, de la pobreza generalizada mental y educativa, del colectivo muchas veces brutal e irracional, que destruye la convivencia cotidiana, básica y normal, pues son desafíos colosales para salir de la trampa coyuntural y de socialización de la pobreza. 

En lo estructural, la construcción de Estado e institucionalidad, absolutamente ausente en la historia republicana, son también prioridades, como lecciones de estos años. El Estado republicano que no es tal, hasta ahora nos muestra con nitidez absoluta que no existe institucionalidad alguna, por tanto la ausencia de políticas de Estado afecta desde siempre al conjunto de la sociedad. Los inventos y ocurrencias de cada gobierno nunca funcionan, sólo coyunturalmente y sirven sólo para enriquecer a los militantes de esos gobiernos, no para afectar la calidad de vida de la sociedad. Esquema que no ha cambiado ni con izquierdistas, o derechistas. 

Hoy los desafíos son los mismos, pero en magnitud son más complejos. La pobreza generalizada, la miseria, el hambre, la ausencia de Estado y las secuelas de la pandemia son insumos suficientes para el desánimo. Y a pesar de que estamos al borde del abismo, tenemos que ser capaces de reponernos, de sacar fuerzas de las flaquezas. Acudir a los mejores ciudadanos y ciudadanas del país para empezar a consensuar entre todos los bandos, entre todos los que no están en las lógicas de la muerte y la tragedia o la coyuntura enfermiza. 

Ya estamos en medio de la tragedia. Ojalá haya consciencia de no saltar al abismo. Entonces nos queda mucho trabajo, porque hay que reconstruir todo. Los jóvenes tienen mucho que aportar, los jóvenes tienen la oportunidad de demostrar su sello de generación, a pesar de la ausencia de condiciones. Pues de eso se trata. 

 Max Murillo Mendoza  es ciudadano boliviano.

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