Marlen Baspineiro  Calderón

Aquello que nos impulsa

sábado, 24 de octubre de 2020 · 00:07

Debido a la reacción de un determinado sector de la población ante los resultados de las recientes elecciones, es evidente que lo que se logró el pasado año con las protestas ciudadanas fue la renuncia de Evo Morales, pero respecto a los propósitos que impulsaron a cada individuo a salir de su casa para demostrar su inconformidad con los eventos políticos del momento, encontramos un escenario mucho más diverso.

En su momento nos enorgullecimos por las movilizaciones, tildándolas de la mejor demostración de unidad en Bolivia, y aquel 10 de noviembre del 2019 llegó a ser histórico, mas ahora estamos en el 2020, y por fin se dieron las tan aclamadas elecciones. Sus resultados serían la fehaciente muestra de que aquellos veintiún días de paro no fueron en vano, pero ¿qué ocurrió?, a media noche logramos ver que en realidad nadie había luchado por Bolivia, porque nadie había comprendido lo que esta era, es y será.

Nadie que no respete los resultados de estas elecciones puede atribuirse el que el año pasado defendía la democracia, porque es claro que no entiende lo que esta significa; tampoco puede atribuirse el título de defensor de Bolivia, porque ha caído en el error de definir un país a partir de lo que su círculo social y mediático demuestra. Tampoco manejen el discurso de que no pueden permitir que las muertes del año pasado sean en vano, no se olviden que también hubieron muertes en el “otro bando”, y que para ellos esas muertes tampoco pueden ser en vano, y si hay algo que más bien deberíamos aprender de ellos, es que a pesar de no ser en lo absoluto un partido inmaculado, al menos si sabían lo que querían, y actuaron según eso hasta conseguirlo, algo que claramente nosotros no pudimos.

Ahora podemos apreciar de mejor manera que las redes sociales no solo le dan el título de experto a quien sea que se atreva a hablar de determinado tema, sino también le dan el atributo de patriota a cualquiera que guiado por su sesgado entorno se cree adecuado y capaz de luchar por lo que define como justo. Que no nos sorprenda su victoria frente a una oposición que sabía a la perfección en lo que se estaba equivocando, y que a pesar de eso fue apoyada en sus diversos frentes. En Bolivia la gente no escoge mal, solo se escoge.

¿Nos merecemos lo que está pasando? Sí, aun no los merecemos, porque en catorce años no hemos aprendido que nadie nunca va a estar de acuerdo con todo lo que pensamos, en catorce años no hemos aprendido que somos diversos. Nos merecemos que haya gente en puestos de poder que nos recuerde que si nos molesta o indigna más un número de votantes, que el que un “periodista” (Alejandro Estrambaguas) llame a bolivianos según su preferencia electoral “personas con un nivel intelectual nulo”, no hemos aprendido nada, no quieren defender Bolivia, solo quieren defender aquello que los hace sentir superiores.

Ahora estamos en manos de un partido tan fracturado como solo Bolivia puede estarlo, en manos del partido que para bien o para mal no deja de sorprender, aquel que tiene como tarea enmendar muchísimos de sus errores, y que mínimamente deberá tomarse el trabajo de hacer que cada voto a su favor valga la pena. Un partido que nos ha hecho mucho daño, tanto que cuesta creer que otros hayan podido hacerle competencia.

Por lo pronto, además de preocuparnos por el futuro de un país que nos negamos a reconocer, debemos preocuparnos por aquellos problemas que tenemos la capacidad de resolver, como ser: nuestra falta de análisis; nuestra más que falta de dialogo, falta de comprensión; nuestras actitudes machistas; y si sentimos urgencia de exigir algo, exijamos el cuidado del único suelo que tenemos para habitar, porque ese también está en llamas. Y si de todas formas queremos sentir pena por alguien, que sea por aquellos que nacieron con la verdad absoluta, los que se niegan a tener gente a su alrededor que les dé el honor de estar equivocados y aprender de eso, aunque eso signifique tener pena de nosotros mismos. Tenemos aquello que nos muestra que hay algo más allá de nuestros ojos y eso debería ser lo que nos mantenga firmes y con esperanza.

Marlen Baspineiro  Calderón es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCB La Paz.

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