Gregorio Lanza

Más allá de los lamentos, ¿qué pasó?

sábado, 24 de octubre de 2020 · 00:08

Evo Morales no se pudo reelegir. Es una buena noticia. Una semana antes de las elecciones de este 2020, en un discurso encendido dijo: “Ganamos y estaré entrando a Bolivia al día siguiente por Yacuiba”. Evo no ha vuelto. Algo sucede, se mueven poderosas corrientes subterráneas.

Antes de  las elecciones del 2019 la imagen de Evo Morales estaba profundamente erosionada. Las encuestas mostraban que la gente del área rural atribuía a los dirigentes sociales corruptos frenar el flujo de recursos para obras en las comunidades; por eso mismo no iban a votar por Evo, porque su victoria significaría consolidar esas camarillas.

Evo Morales conocía de esa tendencia desfavorable por eso montaron el fraude. Nombraron un Tribunal Supremo Electoral espurio. Arce Zaconeta eligió los notarios, parte de los jurados electorales, el aparato masista se estructuro en todos los Tribunales Departamentales Electorales , y en el área rural, donde no había presencia de oposición,  llenaron las ánforas, y movieron las tendencias.  Hicieron fraude y por eso Evo Morales tuvo que huir del país; por lo mismo las poblaciones no se levantaron. Es verdad que días después, en lo que sería una señal,  frente a la afronta a la Whipala se unieron y se produjeron  los enfrentamientos, confusos, en Sacaba y Senkata, donde tampoco los ministros tuvieron el valor de asumir sus acciones:  en Senkata debían evitar que una mega explosión de los depósitos  de hidrocarburos ponga en riesgo  la vida de miles de alteños.

 En un año, cambio todo. El MAS ganó las elecciones con más del 50 %.     ¿Qué paso? Es complejo contestar.  Algunos apuntes provisionales nos pueden dar algunas pistas. El  proceso de transición que llevó a Añez a la Presidencia, con el mandato de hacer elecciones transparentes, fue dinamitado con su candidatura, y así comenzaba  un largo suplicio   por el infierno. Gobierno de principiantes, de amigos que se distribuyeron el poder, ineficientes, corruptos una buena parte y, lo más grave, posicionaron un discurso anti-indígena campesino.  La expansión de la pandemia se debía a los alteños que no cumplían las medidas de seguridad, a los campesinos que estaban de fiesta antes de seguir los mandatos de las autoridades erigidas en cónsules. Y esas imágenes que se repetían, día a día, fueron amplificadas desde oriente, donde incluso el presidente del Comité Cívico llamó de bestias  a los que bloqueaban en agosto.

 Así, junto al sentimiento étnico cultural, se articuló la tensión oriente-occidente. La mesa estaba servida. Los sectores rurales y migrantes en las ciudades se sintieron profundamente amenazados por el apocalíptico retorno al pasado. Y se cohesionaron.

En el otro lado, desolación. Mesa hizo su parte.  En las elecciones del 2019 su votación le alcanzaba para concurrir a   una segunda vuelta; la gente lo eligió por sus dotes de historiador y de hombre letrado,  a pesar de una campaña  señorial y sectaria  y donde el voto útil hizo su papel  para derrotar a Evo. En 2020 quiso repetir la misma historia sin comprender que la situación había cambiado. Sin un equipo profesional que oriente su  campaña, ni encuestas, ni plata;   aislado, aún más  por  la pandemia. Con mensajes  parcos y repetitivos por las redes, alejado de la calle y las pulsaciones de la gente.

Mesa, en  2019, ganó en Santa Cruz, en 2020 quedó tercero. Allí están los  puntos que  le faltaron para acercarse al MAS y generar un ambiente competitivo. En ese ambiente insípido,   Camacho,   que hizo su parte en la salida de Morales,  nunca pudo desmarcarse de una imagen, clasista y discriminadora, acompañado además  de los viejos políticos del MNR y ADN que jugaban su propio partido detrás de bambalinas. Su ensimismamiento y auto-elogio del poder camba le hizo olvidar que Santa Cruz es la primera en crecimiento y desarrollo porque también existe esa población que le dio el 35 % de voto al MAS. Y si quería ser presidente necesitaba de occidente. 

Ni Mesa ni Camacho  tuvieron la visión ni voluntad  para acercarse hacer un pacto por un gobierno de transición y la unidad del país;  el resultado, es el que conocemos.

Ahora, más allá de los lamentos, es hora de entender lo que paso y mirar hacia adelante.  Paradójicamente las tensiones  y  grandes problemas estarán en la cancha de Arce y  Choquehuanca . No podrán crear ni entregar  140 ministerios como piden ciertas elites burocráticas de los movimientos sociales. Posiblemente van a devaluar la moneda   y encima  tendrán a Evo Morales respirando en sus espaldas, todo para saciar su fijación con el  poder. 

Lo bueno de esta situación es que se   han sepultado a los viejos referentes  y  tanto en el MAS como Comunidad Ciudadana e incluso Creemos,  aparecen rostros nuevos y jóvenes. La  magnitud de la crisis  será un poderoso aliciente para   dialogar e intentar  resolver los grandes problemas que enfrenta  el país.

Gregorio Lanza  es economista con maestrías en políticas públicas.

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