Erick San Miguel Rodríguez

Sobre la intervención de monumentos en actos de protesta

sábado, 24 de octubre de 2020 · 00:09

Con motivo del Día Nacional de la Mujer (11 de octubre) y del Día de la Descolonización (12 de octubre) se han producido actos de protesta en los monumentos de Isabel la Católica y de Cristóbal Colón en la ciudad de La Paz. En el primer caso, la estatua de la monarca española fue vestida con pollera, manta, sombrero de chola y un aguayo en la espalda; en el segundo, se echó pintura roja. La originalidad de la idea y su ejecución en el primer caso ha causado impacto al punto que ha sido reflejado en diversos medios de comunicación de la prensa mundial.

En tanto que, en nuestro país, más allá del hecho noticioso, ha generado mucha controversia y sobre todo condena de sectores ultraconservadores, donde no se ha ahorrado adjetivos para calificar a las ejecutoras de esta “intervención”. Lo más sugerente es que lejos de reflexionar sobre el significado del llamado descubrimiento de América, no han faltado elogios a Colón calificado como un “gran emprendedor”, suavizando la crueldad de la Conquista al llamarla “no tan atroz”, a pesar de ser el mayor genocidio de la historia, a decir de TzvetanTodorov.

Lo cierto es que los monumentos representan una simbología de una ideología dominante y están sujetos a los cambios de percepción de la sociedad. Por eso, no es de extrañar que sean tanto lugares de veneración y homenaje como objetivos de ataque y a veces de ira. No olvidemos que en los turbulentos días de la Revolución Francesa, después de que el Rey Luis XVI fuera arrestado el 10 de agosto de 1792, una multitud tumbó la estatua de Louis XV que se erigía en la actual Plaza de la Concordia, en París.

Sería interminable una enumeración de monumentos que son removidos, cambiados o simplemente echados por tierra, no por decisiones administrativas sino por protestas sociales. Nos limitaremos a señalar algunos ejemplos que acontecieron este año 2020. 

En Bristol, Inglaterra, una multitud enardecida echó a las aguas del río del mismo nombre la estatua de un tal Colston, un negrero del siglo XVII. En Santiago de Chile, desde hace exactamente un año las manifestaciones populares se estrellan contra la estatua del general Baquedano en la Plaza de Italia. Baquedano ocupó Lima durante la Guerra del Pacífico, con toda la carga de muerte, saqueo y humillación del pueblo peruano que eso significó. 

En New York se ha decidido remover la estatua, explícitamente colonial y racista, del Presidente Theodore Roosevelt, que se encuentra en el ingreso del Museo de Historia Natural, decisión que cuenta con el apoyo de los Demócratas, pero que ha causado la furia de Donald Trump. En tanto que en Amberes, Bélgica, la estatua de Leopoldo II, colonizador del Congo, fue vandalizada, echándole -¡horror!– pintura roja. 

Los símbolos juegan un papel importante en toda sociedad, pero comienzan a incomodar cuando la sociedad cambia, cuando cambian las mentalidades. Hasta hace unas décadas se celebraba en nuestro país el 12 de octubre como del Día de la Raza, inclusive era feriado. Hoy en día sería anacrónico volver a esos tiempos. Un 12 de octubre Colón llegó al considerado “nuevo continente”, en un viaje financiado por los reyes católicos. Fue el inicio de un ominoso período de intolerancia, saqueo, humillación y de destrucción de la cultura de los pueblos y culturas que ya habitaban estas tierras antes de la llegada de los europeos. 

El “emprendedor” Colón capturaba aborígenes como si fueran animales para llevarlos como exhibición a la corte de los reyes católicos. ¿Merecerá un monumento? ¿Deberíamos agradecerle? No debería resultar extraño entonces que sus representaciones, al igual que las de sus financiadores, sean blanco de protestas como una forma de expresar repudio a la oscura etapa de nuestra historia conocida como la colonia, y que algunos historiadores prefieren llamarla con el eufemismo de “época virreinal”, para mostrar una supuesta grandeza de este medioevo en América latina y, de paso, y para calificar al siglo XVI nada menos como “fascinante”.

Los defensores de estos monumentos colonialistas no han dicho nada, sin embargo, sobre la destrucción de la réplica del templete semisubterráneo que construyó Arturo Posnansky en la plaza Tejada Sorzano, en Miraflores. De hecho, uno de los mejores espacios urbanos diseñado por el arquitecto Emilio Villanueva, que comprendía no sólo el citado templete, sino también la estela Bennet y la fachada del estadio Hernando Siles en un estilo tiwanacota, fue objeto de una sistemática destrucción. 

Primero fue el dictador Hugo Bánzer que demolió esta fachada en los años 70 so pretexto de modernización del estadio; el año 2001, el monolito fue llevado a Tiwanaku, donde se encuentra hoy en penosas condiciones sin ver la luz del sol; y, hace dos años, la Alcaldía de La Paz removió sin más el templete para instalar un sistema de pasos a desnivel. Como era una réplica de una arquitectura precolombina y no de las imágenes de monarcas absolutistas o colonizadores europeos, estas intervenciones no generaron ningún repudio de la intelligentsia paceña.

 
Erick San Miguel Rodríguez es abogado.
 

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