Oscar Díaz Arnau

Razones para una victoria y para una derrota

lunes, 26 de octubre de 2020 · 00:12

Han sido dispares las reacciones al cómputo del Tribunal Supremo Electoral, que mereció junto con la ciudadanía, por el comportamiento democrático de ésta, el reconocimiento de la comunidad internacional, pero la mayoría de los bolivianos está demostrando madurez al celebrar con mesura o al reconocer con hidalguía la victoria de Luis Arce, en aras de la tranquilidad del país.

No será fácil mantener la paz social. Algunos (que no son pocos, pero sí una minoría nacional), sobre todo en Santa Cruz se niegan a aceptar los resultados y alientan un clima de enfado que al masificarse puede degenerar en violencia. Hasta el viernes no habían demostrado las irregularidades que denuncian; entretanto, lo aconsejable es tratar de calmarse y analizar las causas de lo ocurrido el 18 de octubre. Yo tengo diez y aquí no las dispongo, necesariamente, en un orden de preponderancia:

1) La eficacia electoral del MAS, en tanto estructura organizacional de tipo sindical y con sentido de pertenencia, se explica por la inexistencia de otros partidos (bien constituidos). Esto no es casual, sino uno de los mayores logros del propio MAS.

2) El país continúa siendo eminentemente rural, pese a que la mayoría ahora reside en las áreas urbanas. La fuerte migración campo-ciudad no significa que la cosmovisión indígena-campesina haya cambiado. Solo ha cambiado de lugar.

3) Los políticos de clase media y media-alta urbana —no masistas— tienen una alarmante falta de empatía con los sectores populares de clase baja, media-baja y periurbana. Ni qué decir con el área rural.

4) Aunque parezca mentira, muchos no entienden lo profundo del concepto de plurinacionalidad y por eso no pueden hilvanar un discurso para llegar con suficiencia a personas que viven a unas cuadras de su barrio.

5) La mayoría no tolera el racismo, esa lacra humana que este año reapareció en el gobierno de Añez, en el Comité Pro Santa Cruz y en resistencias de estilo paramilitar.

6) La campaña del binomio masista —de cercanía con la gente, de visitas a mercados y reuniones con sindicatos— fue superior a la de Comunidad Ciudadana —responsablemente biosegura, pero fría, distante y centrada en redes sociales—.

7) La moderación intelectual de Mesa —sin dudas una virtud— no tiene buena acogida en un contexto de polarización MAS vs. anti-MAS, en el que prevalecen, más que nunca, las emociones.

8) Los indecisos vieron en CC a un símil del gobierno transitorio y, literalmente, tuvieron miedo. Por injusto que pueda sonar, Mesa heredó de rebote, casi por fenotipo (un prejuicio), las altisonancias de Añez, Murillo y López.

9) Contrariamente a lo que ocurría en la era Evo, hay quienes no votaron por Arce (candidato más bien soso) sino en contra de los demás, a los que consideran ineptos. “No había por quién más votar”, dijo alguien como reflejo de ese pensamiento.

10) Camacho jugó sus cartas legítimamente. En detrimento de la candidatura de Mesa, cierto, pero el resultado de las elecciones no puede ser atribuible a aquel sino a la incapacidad de éste de revertirlo.

En fin, los pragmáticos han empezado a reincorporar a su vocabulario términos que muchos creían enterrados: jallalla, whipala, hermano, hermana, Pachamama. Dicen que los usarán para asegurarse un trabajo los próximos quince años.

“Vamos a reconducir el proceso de cambio sin odio”, expresó Arce en su primer discurso como virtual Presidente. Habrá que tomarle la palabra. Eva Copa llamó al MAS a darse un baño de humildad y a enmendar sus errores. Humildad les falta también a los opositores.

El hecho fáctico de que tenemos dos visiones de país enfrentadas no sería un problema en sí, de no ser la ceguera de los que ni con lecciones de historia reciente aprenden a reconocer la existencia del otro sin apelar al desprecio y a la violencia. Lección número 1: En el país donde vives se hablan varios idiomas originarios y todos los que los hablan son bolivianos. Tan bolivianos como tú, que hablas sólo español.

El camino de la reconciliación no está fácil, pero, al menos por los discursos de los políticos de la “nueva” democracia, hay la intención de recorrerlo. Promovámoslo.

 

Oscar Díaz Arnau es periodista.

 

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