Lupe Andrade Salmón

¿Y ahora? La gran pregunta

miércoles, 28 de octubre de 2020 · 07:32

Respiremos hondo.  Contemos hasta 10.  La elección pasó.  Hoy el clima social y político está relativamente tranquilo, como si estuviéramos disfrutando de un remanso entre dos ríos turbulentos, respirando aire de paz (aún con barbijos), mirando a nuestro alrededor, y pensando expectantes en un gobierno del MAS sin Evo y todas sus interrogantes.

Pero un momento... no todo es calma y luminosidad.  Lo que tenemos por delante es un panorama enrevesado, confuso hasta para sus principales actores.  Don Luis Arce Catacora, claro vencedor de nuestras recientes elecciones,  ha tenido que reiterar innumerables veces que él es el presidente electo de Bolivia, y que será el presidente legítimo de Bolivia y no un títere de Evo.  Eso, deberá hacerlo sin dejar de respetar a quien fue su propio Presidente durante los 12 años de su gestión como ministro.  Es decir, debe lograr un equilibrio apropiado pero difícil.  Yo creo que Arce Catacora piensa ser Presidente en toda la amplitud del cargo; no creo que quiera ser subalterno, fachada y menos aún, títere.  Su gestión ministerial anterior y su reciente campaña le han permitido conocer más al país profundo y prepararse para este desafío.  

Sin embargo, no estoy segura de que el anterior Presidente, tan enamorado de su silla, que volcó un referéndum, la Constitución y un puñado de leyes para lograr su tercer régimen, esté muy feliz con esa idea.  No conozco muchos líderes de larga trayectoria que pudieron dejar el poder y retirarse tranquilo, aunque sea posible (Nelson Mandela es un gran ejemplo).  Posible, sí, pero no probable.  Lo probable es que él, creyendo ser por lo menos autor en parte de dicha victoria, quiera, pida, exija o tome un rol preeminente, considerando seguramente, que cree que tener un rol preponderante en el gobierno, aún desde el Chapare, es su derecho humano.  

Después de todo, hay un número considerable de masistas que todavía consideran a Evo como al líder “verdadero” y principal de su partido.   Requeriría mucha grandeza de parte de Morales dejar que Lucho Arce sea su propio hombre, con su propio estilo y propias ideas, cuando existe la fuerte tentación de volver a crear sus frentes de choque o dirigir sus grupos de influencia y poder.   

Pero todo eso y otras complicaciones que en Bolivia son inevitables e imposibles de prevenir, están en el futuro.  Hoy hay tranquilidad, una elección clara con un ganador indiscutible, y con un líder de la oposición también claro y de gran experiencia y entereza moral.   Es decir, podemos vislumbrar una gestión democrática y genuina, con apoyo de sus bases, con control y supervisión de sus actos por analistas y opositores, y con transparencia fiscal.

Me dirán que soy una ilusa.  Que eso no existe ni existirá.  Es posible.  Pero si nos rendimos antes de entrar a la batalla (por llamarla así) estaremos haciendo un flaco favor a la patria.  Se puede y debe ayudar -desde diferentes ángulos- a llevar a Bolivia, inmersa en este momento en la crisis del Covid y con la perspectiva de una nueva crisis económica, hacia terreno sólido y equilibrado.  Se puede, y si esa ayuda implica investigación, supervisión, o vigilancia, mejor aún.  El nuevo presidente podrá apoyarse en su propio partido y en una oposición fuerte y sensata, para que la gestión pública sea pulcra y eficiente. 

 Me dirán quimérica o ingenua, pero lo que digo no es imposible.  Este proceso eleccionario, que antes de su desarrollo fue tan cuestionado por los militantes del MAS, ha demostrado ser pulcro, honesto y eficiente.  ¿Por qué no esperar que Arce Catacora pueda ser auténtico, independiente y efectivo, sin doblegarse ante Venezuela, Argentina, Cuba o Rusia?

Debemos darle una oportunidad a este nuevo Presidente electo.  Tiene derecho a demostrar su capacidad y sinceridad en la decisión de ser, en sus propias palabras, “Presidente de todos los bolivianos” y lo repito: “de todos los bolivianos”.  Le tomo la palabra, porque confieso estar algo cansada  del larguísimo conflicto social que hemos vivido como nación.  No más bloqueos, no más luchas, no más regionalismo debilitante.  Arce Catacora merece un tiempo para responder, una espacio de tiempo suficiente para demostrar a quienes lo eligieron que puede conformar un gobierno pacífico y constructor.   

Si no lo hace, si se doblega ante influencias internas o foráneas, si escoge unos bolivianos por encima de otros, entonces habrá traicionado su mandato.  Mientras tanto, debemos dejar que asuma su cargo y responsabilidad ante la historia.  Lo demás, está en sus manos... en manos del destino, y por supuesto, en las nuestras.


Lupe Andrade Salmón es periodista.

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