Gastón Ledezma Rojas,

Prometedoras palabras

jueves, 29 de octubre de 2020 · 00:07

Concluido el período electoral con el escrutinio oficial del TSE se dio el paso fundamental para reencauzar nuestra  vida democrática, máxime si el próximo 8 de noviembre serán posesionados los ciudadanos Luis Arce Catacora y David Choquehuanca Céspedes en sus funciones de Presidente y Vicepresidente del Estado,  respectivamente, por el periodo  2020-2025.

Esta elección se funda en la fuerza obligatoria que emana de la Constitución  para conferir legitimidad al nuevo órgano de poder, luego de un lapso de inestabilidad que sirvió para hacer propicio el retorno a un clima de corrupción e improvisación de algunos nuevos aventureros en las esferas del gobierno de transición.

Una gran parte de la nación, idónea y responsable, sin intereses sectarios, viene en aceptar el resultado electoral y comprobando con pesar el estado de nuestro país, decide contribuir a salvarlo del estado lacerante al que fue llevado durante 14 años de un gobierno ofuscado e irreflexivo. Esta decisión la adopta en apoyo a las ponderadas palabras dichas por el Presidente Arce ante las oscuras pretensiones del autócrata que intentaba retornar como amo y señor de la patria de Bolívar.

No puede dejarse de lado la peregrina idea del expresidente Morales de pedir al TSE que se anule y deje sin efecto el procedimiento instalado por el fraude en que incurrió el MAS en las elecciones de octubre de 2019 y, al mismo tiempo, la libertad de quienes intervinieron y participaron en la referida mofa y escarnio al pueblo. A esto, se agrega que, previendo las sanciones por la violencia perpetrada y las  amenazas de cometer otras con autoría del MAS, piden se promulgue una ley de indulto para garantizar la impunidad de sus cabecillas.

Cobra más relieve que el pueblo, al margen de sus preferencias políticas, hubiese reconocido entonces, con júbilo, las primeras actitudes y expresiones del señor Presidente, quien en sus inicios ha puesto en su lugar al susodicho expresidente, especialmente en relación a su temerario interés por retornar al país a prestar su “valioso concurso”.

En efecto, se daba por hecho que éste tenia expedita la vía para recibir al retorno de su dorado exilio, el título honorifico de “el poder detrás del trono”, acreditación que condice con el “culto a la personalidad” del que es su reconocido feligrés.

Y, aquí viene la correcta determinación adoptada por el flamante Presidente, Luis Arce, quien respondió textualmente ante ese justificado temor según registra el matutino Página Siete: “Si Evo Morales quiere ayudarnos, será muy bienvenido, pero no significa que Morales estará en el gobierno. Será mi gobierno”. Más tarde, entrevistado por la Agencia Reuters, fue más preciso: “No va a tener ningún rol en nuestro gobierno” dijo y luego complementó: “Él (Morales) puede venir al país el rato que quiera, porque es boliviano, pero en el gobierno yo tengo que decir quién entra y quién no entra”, haciendo primar el principio de ser la primera autoridad política.

Luego, en un párrafo de la crónica  en descargo del mismo Morales, se lee: “Tres dirigentes de la cúpula del MAS coincidieron en señalar que ‘Morales no será el poder detrás del trono, como se especula en algunos círculos políticos…’ (Página Siete. 21 de octubre de 2020. Pág. 3).

Las atinadas expresiones del nuevo Presidente son, por antonomasia, un prólogo a las políticas del tratamiento que el señor Morales merecerá en su condición de expresidente y dirigente sindical.

En otro orden de ideas y en el contexto de la elaboración del plan de acción gubernamental, se presume que el gobierno entrante se encuentre, prima fase con los grandes problemas nacionales y muchos de los cuales demandan urgente atención que fueron olvidados o pretendidos en el tintero de los candidatos.

Uno de los poderes, el Judicial, es, irrecusablemente, el pilar sobre el que se cimenta y descansa la seguridad, garantía y razón de ser de la existencia del Estado. Precisamente, no se puede postergar un aspecto de suyo trascendental en un gobierno que asume sus riendas en las actuales circunstancias, postergando la atención y solución “de uno de los más significativos de los órganos estatales, como es el Poder Judicial… un problema político de primera magnitud”, como subraya el ilustre jurista Néstor Pedro Sagüés en su libro “Reforma Judicial”.

Esta Reforma Judicial se impone ahora más que nunca. Decir que ya se “reformó” con la designación de jueces mediante voto popular, es, sencillamente – una falacia haberse coadyuvado a su descalabro –. Se rebajó aún más, su ya mermada calidad, al haberle arrebatado su intrínseca independencia.

Con notable oportunidad y fina causticidad, el hábil caricaturista Abecor de Página Siete  en la edición del día martes 27, muestra con su refinado humor la calidad de la actual justicia cuyos fallos llevan adherido el color (azul) en una cara del mazo, es decir, identificando la causa con el color del régimen.

Esta representación está impresa en el pensamiento del insigne tratadista italiano Piero Calamandrei, en su obra “Proceso y Democracia” al expresar que “en los regímenes totalitarios, el juez no es independiente, es un órgano político, un strumentum regni. La independencia del juez sólo puede asumir su pleno significado en las democracias que se apoyan en el principio de la separación de poderes”. La ignorancia, madre de la improvisación, es ahora sinónimo de Poder Judicial.

La transcripción de las breves y contundentes palabras del señor Presidente conduce a esperar que ellas se encuentren tejidos con el brocado de las ideas de Calamandrei.

 Gastón Ledezma Rojas, es abogado y fue Presidente del ICALP.

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