Walter Gómez D’Angelo

No estamos pensando en la crisis que se nos viene

viernes, 30 de octubre de 2020 · 00:10

El comentarista Rafael Puente pregunta en Página Siete del 2 de octubre de 2020 si estamos pensando en la crisis que se nos viene. La respuesta corta es No.

La espléndida bonanza económica de los años 2006 a 2013 y las medidas adoptadas por el gobierno resultaron en cuantiosos excedentes públicos y superávits en las cuentas externas. Estos recursos permitieron al gobierno una rápida expansión de sus gastos, ampliar el empleo público, incrementar salarios a todos los asalariados, al mismo tiempo que se acumulaban reservas internacionales, a pesar de revaluar el tipo de cambio. Fue un periodo de gran holgura.  El MAS descubrió que cuando se dispone de mucho dinero se lo puede gastar irresponsablemente, y aun así la economía crecerá. 

La fiesta terminó en 2014. Al caer bruscamente los precios de nuestras principales exportaciones, el superávit fiscal se tornó en déficit. Lo mismo ocurrió con el balance externo. En lugar de adoptar medidas correctivas, el MAS anunció que estábamos blindados. En los siguientes años los desbalances macroeconómicos se manifestaron en un sostenido incremento de la deuda externa y un continuo drenaje a las reservas. 

Una de las más nefastas consecuencias de la política económica del MAS fue la revalorización cambiaria. El tipo de cambio real se revalorizó en un 60% entre 2010 (cuando gozábamos bonanza) y el presente.  ¿A eso le llamamos estabilidad de precios? Estabilidad para los consumidores. Para los productores un desastre. Pretendemos diversificar la economía, pero desalentamos las correspondientes inversiones. Hablamos de promover el empleo e importamos desempleo. ¡Quién nos entiende!

Los costos de producción en Bolivia subieron en un promedio del 5% anual en el periodo 2010-2020. Sólo quienes explotan recursos naturales utilizan métodos de producción intensivos en capital importado, o grupos de poder que pueden conseguir subsidios para subsistir pudieron continuar exportando. Peor fue la suerte de quienes soñaron competir con las importaciones. En pocos años cualquier excedente original se les esfumó con la sostenida subida del 5% anual en sus costos de producción.

El nuevo gobierno necesitará cuantiosos recursos externos para financiar la ansiada reactivación de la economía y enfrentar, al mismo tiempo, las deficiencias en salud y las necesarias reformas institucionales para poner la casa en orden. Cuando esas autoridades se acerquen a las entidades multilaterales y gobiernos amigos, encontrarán las puertas abiertas. Estarán dispuestos todos a colaborar generosamente, siempre y cuando el gobierno de Bolivia resuelva primero sus estructurales desbalances macroeconómicos. Nadie querrá financiar el actual desequilibrio fiscal, porque esos recursos se evaporan en consumo y no generan incrementos en la producción. Financiar cada año ese desequilibrio estructural significaría incrementar irresponsablemente la deuda externa. Nos exigirán aumentar los ingresos públicos y reducir los gastos. Pero. ¿cuáles ingresos?, ¿cuáles gastos?  La única salida será corregir sustancialmente el tipo de cambio. ¿Cuán grande será esa devaluación? Lo necesario para eliminar el déficit fiscal, o por lo menos reducirlo a niveles manejables, en la confianza de que también restablecerá el equilibrio externo.

La corrección cambiaria será necesaria, pero no suficiente para promover inversiones y reactivar la economía. Se necesitarán también seguridad jurídica, reglas de juego claras y estables, disponibilidad de crédito, un sistema impositivo adecuado, y otras medidas. Lo más difícil será convencer a los inversionistas que estos escenarios mejorados y un tipo de cambio que se adecúe a la inflación interna se mantendrán en el largo plazo. Nadie se animará a invertir si teme que en pocos años el gobierno sacrifique nuevamente a los productores con la excusa de ayudar a los consumidores.

 
Walter Gómez D’Angelo, PhD en Economía y Matemática, Especialista en Comercio Internacional
 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

48
3

Otras Noticias