Jaime Aliaga Machicao

La Paz de mis sueños

sábado, 31 de octubre de 2020 · 00:09

El 20 de octubre pasado, la ciudad de Nuestra Señora de La Paz cumplió 472 años. Con casi millón de habitantes, ni la altura, ni la presión atmosférica, ni los índices de contaminación hacen que pierda ese “jeito”. Vivir a 3.600 msnm y disfrutarlo.

El municipio de La Paz tiene buena administración,  economía saludable, ingresos anuales de más de 2.000 millones de bolivanos y superávits. Sucesivas gestiones han aportado mucho, pero hay temas pendientes. Para que La Paz sea realmente una ciudad maravilla, al menos quisiera:

Que los nueve macrodistritos tengan similar curva de Lorentz y menor coeficiente Gini de desigualdad.

Que calzadas y aceras cumplan su objeto. Poder parquear por tres bolivianos la media hora en La Illampu, la Santa Cruz, la Eloy Salmón, en la avenida Buenos Aires, como en la Montenegro o la Campos. Caminar por aceras completas de la 21, o la Mariscal Santa Cruz .¡No a la discriminación entre distritos! 

Que cada macrodistrito cuente con un gran  mercado de abasto.

Que no se adulteren matrículas de propiedad para adueñarse de espacios urbanizables nuevos y que se evite aumento de pisos en edificios más allá de lo normado.

Quisiera una La Paz con huella cada vez más baja de carbono, con un aire cada vez menos contaminado y por tanto:

Sueño con una empresa municipal mixta que construya la red de tren urbano súper liviano, velocidad media, silencioso, a tracción eléctrica, que corra sobre los embovedados -precedidos por un eficiente manejo de cuencas superiores- de los ríos Choqueyapu, Orhojahuira, Irpavi, Achumani, Jilusaya, Huayñajahuira y La Paz. Que haga sinergia con una red cada vez más amplia de Pumas y Chiquititis, el Teleférico y el transporte público tradicional optimizado. Sueño con el transporte privado y el transporte público tradicional que transiten hacia la tracción eléctrica.

Sueño con una gestión de residuos sólidos que en lugar de rellenos sanitarios, previa selección para reciclaje, incinere, minimizando emisiones, gran parte de las 600 toneladas de basura generada por día, y obtenga electricidad para su propio consumo e inyección a la red. 

Sueño que los paceños, ya familiarizados con el reciclaje, lo optimicen y usen bolsas de colores producidas con el plástico reciclado, para cada tipo de residuo (vidrio, metal, papel, plástico,  residuos hospitalarios  y electrónicos). 

Sueño con un municipio que promueva alianzas con industrias o empresas conscientes, para que los paceños obtengan beneficios al reciclar de manera adecuada los residuos sea del hogar, los que resultan del consumo o los recogidos. Instalarían en sus predios máquinas o sistemas de intercambio de residuos: tantos kilos por tantos certificados municipales de reducción de emisiones, CMRE’s, canjeables por una hamburguesa, una presa de pollo, un café, un traje, o impuestos.

Sueño con un sistema de alumbrado público y semáforos que opere con energía eléctrica solar fotovoltaica. Las casi 45 mil luminarias de 200 W de potencia promedio consumen  2.970.000 Kwh-mes. A 0,78 Bs el Kwh, son 2,3 millones de Bs/mes y 27,8/año sin contar gastos por usos de postes, reposición y mantenimiento. 

Por su ubicación cercana al ecuador, La Paz  goza de irradiación solar envidiable, entre 5,4 a 5,7 Kwh/m2-día, que se debe aprovechar. Las luminarias solares implican un costo similar o menor por unidad, menor costo de instalación, mantenimiento casi nulo, y vida útil de ocho a 10 años, dependiendo de la proveniencia de la tecnología; pero, por sobre todo, cero costo de energía y consciencia municipal sustentable. Se recicla el cableado y las luminarias de tecnología obsoleta van a nuevas urbanizaciones o se adaptan a panel solar o eólica. Mejorarían barrios sin iluminación, parques y plazas oscuras e inseguras.

Me encantaría que se aproveche el caudal de esos siete ríos temibles para generar energía eléctrica hidro-cinética, así como la velocidad del viento (aprox 3,5 m/s promedio). Que los techos de casas, edificios, fábricas se conviertan en “techos verdes” o se llenen de paneles solares o aspas para generar energía eléctrica limpia y que en algún momento la movilidad eléctrica use nuestras baterías de litio e inclusive pilas de combustible de hidrógeno. 

Sueño por tanto, con un “Mecanismo paceño de desarrollo limpio” que premie a todos los que reduzcan su huella de carbono: ciudadanos y empresas que reciclen, autogeneren energía limpia o dejen de usar combustibles fósiles. Que esos CMRS’s sean transables y sirvan para impuestos de la gestión.   

Total, soñar no cuesta nada, pero conste que en lo que toca, este sueño es aplicable a todas las ciudades del país.

  
Jaime Aliaga Machicao es un ciudadano soñador.

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