Antonio Soruco Villanueva 

Cara de argentino

lunes, 5 de octubre de 2020 · 00:11

El presidente de la Argentina   Alberto Fernández   afirmó  en defensa del expresidente Evo Morales,  refugiado en dicho país, que  “es el primer presidente boliviano que se parece a los bolivianos”, haciendo alusión a su ascendencia indígena  y, por colación, a que todos los bolivianos somos o deberíamos tener raíces aymaras o el rostro indígena, o por lo menos parecernos al expresidente, el mismo que,  casualmente y constitucionalmente, fue sustituido por una presidenta mujer de origen beniano, que  representa la otra cara de la población boliviana, la oriental,  que concentra el 50% de la población boliviana. Pequeño detalle que el Presidente argentino  ignora o trata de ignorar, en su afán de desprestigiar la transición democrática que se produjo en noviembre pasado.

Los bolivianos, señor Fernández, somos una nación plurinacional, orgullosos de nuestra dversidad étnica y cultural, que difícilmente puede ser  entendida por personas que se vanaglorian de su origen  plurieuropeo o pluriinternacional, luego de haber  exterminado a sus propios  aborígenes que poblaban extensas zonas del territorio argentino; pasado que los hace creerse mejores, especialmente a los porteños, cuya vanidad y soberbia discriminan a los demás argentinos provincianos, y, en particular, a  la población con rasgos indígenas, a quienes despectivamente llaman “cabecitas negras”.

Parafraseando sus palabras, usted también tiene cara de argentino, pero no de los argentinos que siembran y producen y  mantienen a los políticos  o aquellos que honraron a su patria como  Jorge Luis Borges , Julio Cortázar, Leopoldo Lugones o Domingo Sarmiento, por citar sólo algunos  argentinos destacados, que en vez de dedicarse a hacer demagogia improductiva o hablar de la solidaridad social, desde los cómodos sillones del poder,  construyeron su nombre y fama desde el interior de  las bibliotecas, sembrando por propio esfuerzo, valores y conocimientos que contribuyeron al desarrollo universal. La cara que usted representa es la de los otros argentinos,  aquellos que se ufanan de sus raíces extranjeras, de su color de piel y  cuyo comportamiento -como decía el filósofo español Ortega y Gasset refiriéndose a ellos- “es demasiado repulido para ser sincero, puesto que lo que vemos es una máscara, fachada  que produce el azoramiento de hablar con una careta y cuya única preocupación central es la figura o el puesto social que ocupa”.

El encantamiento que tienen ciertos argentinos de sí mismos se origina en creerse lo que imaginan ser. Viven -como otra vez afirma Ortega y Gasset- “absortos en la atención a su propia imagen al igual que Narciso, que ocupado exclusivamente en contemplarse, se ahoga en su propia imagen. El guarango califica muy bien al que siente un enorme apetito de ser algo admirable, superlativo, único. No sabe bien qué, pero vive embriagado con esa vaga maravilla que presiente ser”.

Señor Fernandez: ocúpese de su país que anda cada vez peor y deje de pensar en Venezuela como modelo económico y democrático, cuyas transgresiones son censuradas por la mayoría de los países, a excepción de usted, que complacientemente mira para otra parte.

Antonio Soruco Villanueva  es ciudadano boliviano.

 

 


   

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