Carlos Rodrigo Zapata C. y Marco Zapata C.

El régimen electoral alienta la fragmentación y la polarización

viernes, 9 de octubre de 2020 · 00:07

Unos de los instrumentos más adversos que tenemos los bolivianos para orientar las “energías nacionales” (Tamayo) hacia nuestra unión y entendimiento es el Régimen Electoral Vigente (REV).

Producto de décadas de tratar de complacer a intereses locales y partidarios hemos producido el mayor instrumento de dispersión y división nacional al fomentar cada vez más las miradas regionales y locales en detrimento de la visión nacional. 80 circunscripciones territoriales de diverso tipo, con pesos y finalidades diferentes y con un mecanismo de conversión de votos en escaños, que permite ganar mayorías en las cámaras con bajos porcentajes de voto popular, incluso con menos del 35% de los votos, ya nos muestra el grado en que las mayorías van siendo pospuestas en favor de minorías.

Basta preguntarse, ¿qué pasaría si el MAS pierde las elecciones pero controla una o las dos cámaras? Ese resultado no sólo es posible con el REV, sino que además es probable por las reformas que se han ido dando desde los años 50 del pasado siglo, pero especialmente a partir de la introducción de las circunscripciones uninominales (CU), en los años 90, lo que ha contribuido a reducir cada vez más la proporcionalidad del mismo; es decir, a requerir cada vez menos votos por escaño.

Incluso la elección mediante primeras mayorías en las CU ha reducido la necesidad de conformar mayorías absolutas, licuando cada vez más nuestra democracia. Las consecuencias que podría suscitar ese resultado pueden llevar al país a una confrontación fratricida.

¿Cuál es la razón? Porque los electores que apoyan a un candidato no sólo no apoyan a los adversarios, sino que los rechazan, con mayor o menor grado de contundencia. Ese es el retrato de una nación partida, dividida. En buena medida ello sucede por la primacía que se ha otorgado a la dimensión territorial en el diseño electoral para elegir representantes, esto en el afán de reducir votos para ganar (la regla del 40/10 es paradigmática al respecto) a la posibilidad de separar la elección del Legislativo y Ejecutivo con la doble vuelta, introduciendo la sombra de un poder dual legalmente elegido.

De modo que los electores deben enfrentarse no sólo con el REV, sino con los partidos empeñados en dividir el voto y los que se han mostrado incapaces de diseñar e implementar estrategias de alianzas y pactos, e incluso contra un partido que sigue en carrera, pese al fraude electoral cometido y haber hecho escarnio de la Constitución y el Estado de derecho. Salir con todos los huesos sanos de esta confrontación será muy difícil.

El problema con que se enfrenta el electorado es aún más grave. Pese a que algunos observadores consideran que el MAS ya llegó al techo de su votación (hasta se habla de 30%), es indispensable tomar en cuenta que existe una amplia gama de fuentes adicionales de votos y decisiones que aún pueden acrecentar su caudal o favorecer su posición.

Entre dichas fuentes vale la pena destacar los votos blancos y nulos (¿recuerdan la proyección a votos válidos de Tu voto cuenta que le da el triunfo al MAS?), la abstención de votar (hay  encuestas que señalan que quienes no apoyan al MAS son más flojos a la hora de ir a votar), mantener dividido el voto (la estrategia regionalista de Camacho es el ejemplo es extremo), alentar a los partidos que no tienen chances de ganar (el MAS ya parece  jefe de campaña de Creemos), no controlar cuidadosamente el voto en el área rural (donde predomina el voto consigna) y el exterior (¡hasta de Fernández/Kirchner hay que cuidarse!), todo lo cual incide en la producción de sesgos electorales, el caballo de Troya en esta batalla; es decir, a requerir cada vez menos votos por escaño.

A eso hay que añadir que hay que cuidar que no se use las casillas destinadas a Juntos (¡!). La experiencia de Chuquisaca del 2015 en la elección de gobernador marca un hito en la manipulación del voto.

Quienes creen que el MAS ya llegó a su techo y que ya no hay por qué mantenerse en guardia están sumamente equivocados. El MAS, por acción y omisión, puede alzarse con la victoria en primera vuelta y controlar ambas cámaras. Los bolivianos que quieren una patria con futuro tienen el deber de salir a votar, pese a la inmensa incapacidad que mostraron los partidos para forjar pactos y alianzas y evitar la división. El destino de nuestro país está como nunca antes en manos de cada elector.

Carlos Rodrigo Zapata C. y Marco Zapata C.

 

 


   

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