Héctor Revuelta Santa Cruz

Llunkerio: ¿octavo pecado capital?

miércoles, 11 de noviembre de 2020 · 00:07

El término llunku,  que se lo utiliza como adjetivo peyorativo, proviene de un adagio quechua que dice: “siky llunku”, que traducido al español (con las disculpas del caso) quiere decir lame trasero: es decir que llunku es lamer, o sea que es  un verbo. Es difícil encontrar, en el idioma español, una palabra que exprese tan cabalmente ese calificativo.

El sinónimo más próximo de llunku sería adulador, junto a otros como zalamero, lisonjero, etcétera. El término zalamero, normalmente, se emplea cuando se quiere describir a una persona que resulta ser excesivamente mimosa; es decir, que se muestra más cariñosa de lo que lo hace la media considerada normal. Una zalamería es aquella demostración de cariño que se caracteriza por su exageración y empalago, con el propósito de recibir algún beneficio. Un poco de cariño y de mimo, por supuesto, serán bienvenidos; pero, cuando ya se convierte en una acción reiterativa suele aparecer como inoportuna y fastidiosa, causando malestar en unos y  satisfacción en otros.

La Adulación, del latín adulatio, es la acción y efecto de adular (hacer o decir lo que se cree que agradará a otro). La adulación o el llunkerio, por lo general, es interesada  con la intención de obtener algún tipo de beneficio o reconocimiento, es  “arrodillarse” o hacer una reverencia servil frente a una persona considerada superior.

El llunkerio parece tener origen, en la historia de la humanidad, cuando aparece el poder, probablemente en la prehistoria. Los caciques, monarcas, presidentes y dirigentes casi siempre tuvieron y tienen llunkus que se encargan de alabarlos a ultranza o defenderlos con cualquier argumento, así sea descabellado.

¿Hay llunkerio en la Biblia? Parece que sí. Existe un Yavé que pide continuamente adulación y hasta sacrificios humanos y quien sabe si los salmos son una clara expresión de exagerada alabanza, más parecida al llunkerio.

Los ejemplos más burdos de adulación tienen lugar en las altas esferas del poder. Para obtener dádivas, el llunku, se encarga de alabarlos. Cuando son recurrentes y cotidianos, el llunkeado, cada vez cree más en las maravillas que dicen de él y, seguramente, esos excesos han creado, en la historia, la divinización de varios líderes.

El llunku, con frecuencia, vivirá contento mientras reciba frutos de su llunkerio; pero, cuando cae en desgracia su llunkeado, a menudo se vuelve su enemigo convirtiéndose en un tránsfuga.

El llunku, calificado frecuentemente por el llunkeado como leal, no siempre es apreciado por él y muchas veces menospreciado y hasta maltratado. También deben haber llunkus que tienen la conciencia intranquila, pero muchos la aquietan con los frutos que reciben.

El síndrome del llunkerio, que es universal, da la impresión de que en Bolivia está más acentuado que en otros países, tal vez por una estratificación social muy marcada en el pasado  y la reverencia que se dio a los españoles durante la conquista y posteriormente a los patrones en el área rural. Esto se nota, frecuentemente, en las cartas dirigidas a las autoridades, cualquiera sea su rango: “…felicitándole por la magnífica gestión que usted realiza en favor…me dirijo a su digna autoridad...”

Si bien a la mayoría de los políticos les gusta el llunkerio, pero a muchos les desagrada.

Otra cosa muy diferente es la afabilidad que permite mostrarse a una persona amable, cordial y cortés, frente a otras personas; pero, ante todo, es sincera y desinteresada. El afable es una persona que inspira confianza con un comportamiento agradable. Un reconocimiento de las cualidades o actividades que realiza un individuo es algo que todo el mundo aprecia y desea obtener.

            Cuando se elaboraba la Constitución, no se sabe si fue en broma o en serio, alguien propuso que a la trilogía ama sua, ama llulla, ama qhella había que aumentar ama llunku.

 En conclusión: ¿El llunkerio, como un defecto en el hombre, está más cerca a un pecado capital? de aceptarlo, sería el octavo.

Héctor Revuelta Santa Cruz es ingeniero civil, docente de la UMSA

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