Franz Xavier Barrios Suvelza

No me fío del Guerrero del Arcoíris aunque quisiera

lunes, 16 de noviembre de 2020 · 00:10

Entiendo el que mucha gente de bien se aferre a Choquehuanca como si él fuera quien pudiera lograr una fisura en la argamasa de 55 quilates del Leviatán masista. Me parece que esa es una esperanza embarazada de frustración. Es cierto que Choquehuanca —que se autodenominó alguna vez “Guerrero del Arcoíris”— reclamó en su discurso que el poder fluya y no pocos se emocionaron hasta las lágrimas porque creyeron ver en él una especie de Lord Acton andino. Temo que no será así. Su invocación a esta circulación del poder no creo que haya sido en el sentido de valorar la minoría no masista, sino en el de que la nomenclatura evista no sea tan sinvergüenza y comparta la torta con el Pacto de Unidad y sus organizaciones sociales de base. 

La torta pues —creo yo— se quedará nomás dando vueltas dentro del intestino masista. El Guerrero de Arcoíris es tan contrapeso a Arce o Morales como lo fue Trotsky frente a Stalin. O sea, se trata de refriegas por quién es mejor garante de un mismo sueño que, no por criar camaradas dispuestos al pugilato interno, deja de ser torcido. A pesar de los logros que, en áreas sensibles, le trajo al país la realización de este sueño. Con timbre engolado añadió Choquehuanca en su arenga: “Vamos a promover las coincidencias opositoras para buscar soluciones entre la derecha y la izquierda” y otra ola de entusiasmo estremeció a la gente de bien. 

Pero escúchese bien: no parece haber dicho que se va a respetar aquello en lo que no se coincide con la oposición, sino aquello en lo que se coincide. Por ejemplo, se coincidirá con la oposición en que el Covid-19 puede causar fiebre. ¿Es esto un gran avance? Temo que no. Sus dardos a Evo fueron evidentes, como cuando mencionó el “culto a la personalidad”, pero en vano he buscado en la prensa alguna acción pública de este Guerrero del Arcoíris para oponerse al museo del Jiliri Irpiri. Es más, recuerdo que hace años, Choquehuanca le dijo a una periodista de Página Siete que le confesó a Evo que no desearía estar en Bolivia el día que Evo dejara de ser candidato porque habría “matanza”. ¿”Matanza” porque el caudillo ya no nos fecundaría con su candidatura? Cómo no podía ser Evo un atropellador si, por lo visto, hasta el Guerrero del Arcoíris que dice descender de los incas, le masajeaba extasiado el ego. El relato del cóndor que el Guerrero del Arcoíris lanzó en su discurso también hizo loquear las endorfinas en mucha gente de bien. Debo reconocer que a Choquehuanca este cuento le salió mejor que cuando cantó el Cóndor pasa durante la campaña. Pero lo de su cóndor volador, siendo menos estrambótico de lo que fue su sugerencia de desplazar el viagra por la papaliza, es probablemente sólo una finta; salvo que él, como Presidente nato del Congreso, repusiera los 2/3, cosa que dudo.

Cuando en su discurso dijo “ya no más judicialización de la política”, la gente de bien, una vez más, se volvió a enternecer. Sin embargo, no creo que el Guerrero del Arcoíris haya estado abogando por aquella modalidad de justicia originada en Roma que algunos despistados valoramos. Eso no cuadraría, pues olería a ese eurocentrismo que en su discurso dijo que estaba yendo a su “muerte”. Es más probable que haya apuntado a los innombrables abusos que el Añez-cismo perpetró durante sus vergonzosos meses de gobierno, dejando chiquito al mismísimo Quintana. En otras palabras: cuando Choquehuanca espetó en su discurso “justicia hermanos” no creo que lo hubiera hecho pensando en el albañil que, por decir “Bolivia dijo No” acabó entre rejas (no oí que Choquehuanca lo visitara). Es más probable que lo hiciera reclamando el que la “autonombrada” no hubiera dejado salir a sus “hermanos” de la madriguera mexicana. 

Sin desmerecer las virtudes, luchas, logros, y sobre todo autenticidad de Choquehuanca, creo que él es, por decir lo menos, ambiguo y no es de fiar. Dice que no son de la cultura de la guerra, pero se mofó de García Linera en una entrevista con Página Siete, alardeando de que éste era “sólo” guerrillero, mientras que él era guerrero a carta cabal; no un loquito que se entusiasma con las armas en “las universidades”. “Guerrillero” despreciado como aprendiz de verídico Larama, “Matanza” entre bolivianos, “Guerrero” del Arcoíris, “muerte” del eurocentrismo… me percato que Choquehuanca parece tener un asunto subliminal más con tánatos que con eros. Pero vaya. Mucha gente crédula seguirá babeando con la retórica meliflua de Choquehuanca. Esta gente es tan candorosa, que si se topara con un tipo que anuncia subir los impuestos a los ricos y con otro que proclama al “hombre nuevo”, creería que el segundo es un peluche y encima eunuco. Yo más bien le temo al segundo, pues el primero aspira justicia terrenal y el segundo a una curación social que generalmente acaba siendo totalitaria.

 
Franz Xavier Barrios Suvelza es economista.
 

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