Hernán Cabrera M. 

Los hijos y nietos de la democracia multiétnica y pluralista

martes, 17 de noviembre de 2020 · 00:08

Hace 38 años Bolivia vive en democracia. Con turbulencias fuertes y leves hemos llegado a esa edad democrática. Han pasado ocho gobiernos en este periodo democrático. Neoliberales, populistas y socialistas. Pero todos ellos productos de la democracia. Goni, Víctor Paz, Jaime Paz, Rodríguez Veltze, Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Jeanine Añez, Evo Morales, Hernán Siles Zuazo fueron  los productos del sistema democrático, no fueron presidentes por alguna acción militar o del inframundo.

Pero no solo ellos han sido paridos por esta democracia, sino los diputados y senadores que acompañaron a sus gobiernos. Los alcaldes, concejales, gobernadores y asambleístas le tienen que agradecer el voto a los ciudadanos, que ha cumplido cada cinco años en su reencuentro con las urnas.

Esta democracia no es propiedad de nadie en particular, ni tiene dueños, patrones o caciques. Es un sistema político que nos cobija a todos y todas, generando las acciones en todos los ámbitos para el bienestar individual y colectivo.

El 18 de octubre de 2020, los 7 millones de votantes cumplieron con su tarea ciudadana. Fueron a las urnas, votaron y esperaron los resultados electorales. Y lo hicieron con esperanzas para afrontar los retos del país, que atravesó una dura pandemia, que trajo golpes duro a la economía, a la sociedad, a las familias, a las vidas humanas.

De este ejercicio democrático salió el gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca, que postuló el MAS y ahora tiene cinco años largos y difíciles para hacer gestión pública. Junto a ellos fueron electos 130 diputados y 36 senadores, con tres fuerzas políticas repartidas: el MAS, Comunidad Ciudadana y CREEMOS, que expresan la Bolivia diversa, plural y multiétnica. Ahí tenemos diputados y senadores profesionales, campesinos, indígenas, clase media, dirigentes vecinales, urbanos y rurales.

Los diputados y senadores están convocados a garantizar un proceso democrático sin racismo, sin odio racial, sin discriminación, porque provienen de diferentes clases sociales, de regiones distintas, de pueblos indígenas, que han sufrido carencias y han tenido privilegios; que se han forjado en la dirigencia y con el ejercicio de sus profesiones; que han escalado posiciones paso o paso o se han quemado las pestañas estudiando. Que vienen de lugares remotos del país o de las ciudades. Es uno de los grandes retos democráticos que tienen las tres bancadas, bajo los fundamentos de la democracia multiétnica.

Precisamente el politólogo germano-estadounidense, Yascha Mounk, en su libro “El pueblo contra la democracia”, advierte que para evitar el caos y el camino sin retorno de un Estado es el fortalecer esa democracia:  “La aspiración de una democracia multiétnica, en la que ciudadanos y ciudadanas de todo credo o color tengan verdadera consideración de iguales, es irrenunciable. Por difícil que a países con una honda concepción monoétnica de sí mismos les haya resultado aceptar a los recién llegados y a las minorías, esa transformación es la única alternativa realista a la tiranía y al conflicto civil.

Pero vemos algunas señales peligrosas de ambos lados. Unos que aseguran que los diputados del MAS no han cursado estudios y que son indios ignorantes, que no están capacitados para ser diputados y senadores. Desde el otro lado, se dice que son los blancos y oligarcas odiadores de los indígenas y de la gente pobre. Ni lo uno ni lo otro para este país, que ahora más que nunca necesita certezas, paz y bienestar colectivo e individual.

Mounk remata con esta tesis: “Pero el noble experimento de la democracia multiétnica solo puede triunfar si todos sus partidarios comienzan de una vez a destacar lo que los une mas que lo que los separa. La única sociedad que puede tratar a todos sus miembros con respeto es aquella en al que cada individuo goce de derechos individuales basados en su condición de ciudadano, no en su pertenencia a ningún grupo particular”.

Los Gutiérrez, Rojas, Mamani, Ezequiel, Llapiz, Cori, Yucra, Yupanqui, Cuéllar, Condori, Maita, Quispe, Flores, Alarcon, Villagra, Nayar, Pietro, Balcazar, Morón, Huallpa, Lara, Martínez, Huanca, Reck, Tupa, Ortega, Maniguary, Divico y los demás, son hijos, nietos, nietas paridos por esta democracia y no pueden ni deben atentar contra los derechos individuales y colectivos que instituye nuestra democracia de 38 años de edad.

Hernán Cabrera M.  esnlicenciado en Filosofía y Periodista

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