Evelyn Callapino Guarachi

¿Quién merece la corona?

miércoles, 18 de noviembre de 2020 · 00:12

Las reacciones sobre el Miss Bolivia llevado a cabo hace unos días han dado mucho de qué hablar.

No fue tanto como cuando Gabriela Oviedo, Miss Bolivia, en 2004, hizo afirmaciones racistas, haciendo mención con orgullo a la Bolivia donde está la gente blanca, alta, gente “no india”, ella se refería al oriente, dividiendo al país de una forma despectiva. Esta percepción no refleja sólo el pensamiento de Oviedo, sino el de un grupo social que está presente hasta ahora. 

El hecho de que ahora usaran fotografías de  Bartolina Sisa, Adela Zamudio, Mariana Zudáñez y otras no cambia la realidad de este tipo de eventos. Estas imágenes hicieron de este escenario algo bastante contradictorio, dado que se veían mujeres que habían cuestionado injusticias sociales y desigualdades, y quienes rompieron ciertos patrones opresores, y, por el contrario, estaban las misses luciendo trajes típicos, mostrando su mejor perfil, en el que debía resaltar su figura.

La contradicción es que dentro de este tipo de eventos se siguen pasos exigentes para acercarse lo más que se pueda a un estereotipo de belleza que tiene que estar lejos de la concepción “india”, como lo percibía o percibe Oviedo y quienes piensan de esa forma hasta la actualidad. 

Es por ello que concursos de belleza están dirigidos a una determinada clase social, a una elite que impone un estereotipo superficial y occidental lejos de la realidad. 

La misma no representa a la mujer boliviana porque hasta la belleza es un constructo opresor, que es fomentado por las industrias de modelaje. Pues ahí está la importancia de la estatura, el tono de piel o de cabello, las medidas, los rasgos faciales que son superficiales, lo que no representa la diversidad boliviana. 

Lastimosamente, he notado que este tipo de eventos genera mucha más opinión pública que noticias sobre mujeres mineras, indígenas, comerciantes o grandes de profesionales que abundan en nuestro país. O cuando existe un premio sobre ciencia, arte o deporte que pasa de forma inadvertida. Tales son los casos de la artista boliviana Elvira Espejo, que ganó la medalla Goethe este año; o Narel Paniagua Zambrana, quien recibió un premio en el área de Etnobotánica en 2019; Ángela Castro, una gran deportista y muchas otras que están en toda Bolivia.

Es triste que la sociedad dé más valor a eventos de una elite, haciendo de lado la realidad de muchas bolivianas; no se da la merecida importancia  a actividades que están ligadas a una incursión de mujeres    en otros espacios de mayor relevancia.

Estos concursos fomentan la subordinación de las mujeres en la sociedad, porque nos reducen a meros estereotipos de belleza bajo los imaginarios occidentales, y de forma inconsciente nos alejan de nuestra identidad y diversidad.


Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata. 
 

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