Jorge Patiño Sarcinelli

Cuidado con la chauchera

viernes, 27 de noviembre de 2020 · 00:10

En periodos de incertidumbre como el que vivimos todo parece más arriesgado, pero nos vamos anestesiando contra el riesgo, volviéndonos osados: con el virus y con el dinero. 

Una de las paradojas materiales de la vida es que mucha gente trabaja treinta años para acumular una platita para cuando se acaban los ingresos y todavía hay que pagar cuentas, pero cuando lo logran, no saben dónde meterla. El sueño realizado se vuelve problema.

Este problema es común entre personas ni ricas ni pobres, y no es nuevo. Las soluciones conocidas son poner la plata en un banco, meterla bajo el colchón, comprar una casa o abrir un negocio. Ninguna es perfecta. 

Los bancos pueden quebrar y si se viene una devaluación como resultado de la crisis post virus, ese dinero podría terminar valiendo menos. Los bancos hoy parecen gozar de buena salud, mejor que en otros tiempos, además que hay un seguro de depósitos (no todo el mundo lo sabe). Pero las tasas de interés están muy bajas y es natural querer más.

La opción del colchón o encima del armario tiene los mismos problemas del banco en peor. Los colchones se queman, las casas con robadas, y la inflación erosiona el valor. 

La compra de un departamento te hace dueño de algo tangible, pero si necesitas el dinero para una emergencia lo tienes en ladrillos y nunca sabes si en el apuro no lo tendrás que vender mal. Es decir, aunque tengas un buen inquilino (no siempre fácil) y un ingresito al mes, puedes perder al vender.

Puedes optar por abrir un negocio. Te mantiene ocupado, y algunos negocios van envidiablemente bien. Pero esa ocupación puede ser una esclavitud y, así como van bien, los negocios pueden ir mal, a veces muy mal, y puedes perderlo todo. Si además te has prestado del banco para cubrir lo que faltaba, el desastre es total. 

Puedes invertir en una mina, importar autos, construir para vender, prestarle a un amigo para su negocio o a tu hijo, pero, aunque puedas ganar o ser feliz, del riesgo no escapas.

Para seguir con el inventario de lo legal, están las inversiones financieras. La bolsa de valores puede ser una buena opción en el largo plazo para los que tienen acceso, pero, como lo muestra esta crisis, los mercados suben y bajan y se puede perder mucha plata en acciones. No es una opción para cardíacos. Con bonos y fondos de renta fija, el riesgo es menor, pero en un ambiente de tasas bajas, los rendimientos suelen ser pobres.

Ahí es donde aparecen los tipos “creativos”, los magos alquimistas de las finanzas, que venden la posibilidad de cuadrar el círculo; es decir, de dar un tentador rendimiento sin riesgo, lo que es el equivalente financiero del elixir de la vida eterna, el perpetuum mobile o El Dorado. Es decir, no existe, o, como se dice en buen latín, janiwa utjiti.

Sin embargo, así como no faltan los que compran tónicos contra la caída del pelo, cloroquina y polvos de cuerno de rinoceronte para la virilidad, en todos los tiempos hay gente que cae en el cuento de esos tahúres que venden desde bulbos de amapolas y acciones de empresas en mares lejanos hasta los Ponzis y los Madoffs de nuestros días. En Bolivia hemos tenido los nuestros -Finsa, Aserfin y otros de triste memoria- y ahora no faltan.

Los esquemas que produce la creatividad de los pajpakos difieren en los detalles pero tienen dos cosas en común: proponen altos rendimientos a bajo riesgo y, lo que es más importante tener en cuenta, todos se caen, esencialmente por el mismo motivo que se caen todas las pirámides: porque en finanzas también hay leyes y las mentiras tienen patas cortas. Y cuando caen, los incautos lo pierden todo. 

Nadie vende suertes sin blanca y si algo parece demasiado bueno para ser verdad, en cuestiones de dinero, casi siempre lo es. Es mejor arrepentirse de haber dejado pasar una oportunidad de ganar mucho, que lamentarse de haberlo perdido todo. 

Entonces, en la incertidumbre, ¿qué pesa más: la prudencia o la codicia? Cada uno a lo suyo, pero esto me recuerda a Don Juan Seguro, que murió de viejo, pero no se hizo rico.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

 

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