Iván Miranda Balcázar

Isaac Sandoval, grande hasta el final…

martes, 3 de noviembre de 2020 · 00:10

Hace tantos años, cuando la lucha entre cañones, matones, cenizas y riesgos era el acto más digno de un revolucionario. En ese fragor estuvo Isaac Sandoval Rodríguez, un hombre que hizo de su compromiso una forma de ser en la realidad boliviana y latinoamericana. 

Cómo será sentirse con el corazón partido y el alma en partida. Entre su natal Bella Vista (Santa Cruz), donde hasta las piedras de la abuela fueron inspiración para sus novelas y recuerdos; y el camino al Collao, como él dijo, otra de sus pasiones en medio de los parajes perdidos en los Andes, todo en un sentido de auténtica identidad nacional. 

Fue ministro del general Juan José Torres, un presidente que alentó con todas las consecuencias la Asamblea Popular, y también de Lidia Gueiler, qué manera de ser consecuente y persistente, sabiendo la crueldad de los paramilitares de García Meza. Procesos políticos que sólo los grandes saben del trance por sus ideales.

Este hombre irreverente con el poder, la política y los políticos dejó memoria, historia y vivencias. Quienes compartimos su amistad, sus estresantes clases y sus noches y amaneceres de bohemio, evocamos con él ese su coraje de compartir las vicisitudes de los trabajadores mineros, fabriles, campesinos, gráficos, periodistas, ferroviarios y otros en todos los espacios de esperanza y justicia.

Lo conocimos en la sencillez de su compromiso con la creación de la carrera de ciencias políticas, cuando luchaba por las materias verticales y dejaba las horizontales a sus colegas. Era un hombre distinto a los ojos de su tiempo. No quería más a políticos con discursos de plazoleta.

Fue el primero en la reflexión sobre las profundas diferencias, escisiones y los antagonismos de etnias, regiones y clases en Bolivia, su caracterización en su obra Nación y Estado en Bolivia (1991) es la síntesis totalizadora sobre la dolorosa realidad boliviana.

La dominación de un Estado sin nación no coincide “ni en lo administrativo y en lo económico con las regiones bolivianas históricamente determinadas”, menos con los pueblos indígenas y las clases sociales excluidas del campo del poder.

Recuerdo otro momento. En la antesala del Palacio de Gobierno junto a Cirilo Jiménez y Víctor López Arias, dirigentes de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, de ese histórico organismo, esperando la firma del presidente Hernán Siles Zuazo para la creación de la Universidad Nacional Siglo XX. Fue su mayor contribución de la academia para el pueblo, vivió en Llallagua con los obreros, los campesinos del Norte de Potosí y los estudiantes para consolidar la universidad minera, campesina y originaria.

Como dice Gabriel García Márquez, tal vez no fue al acto más heroico de su vida, pero fue el más digno.

En la celebración de los 31 años de Carrera de Ciencia Política y Gestión Pública (2014), la UMSA le otorgó la distinción Doctor Honoris Causa en reconocimiento a la vitalidad del pensamiento de un cruceño con alma de colla. Muchos fuimos sus alumnos, otros sus colegas, algunos amigos de sus pasiones y todos a su manera deben recordar anécdotas, sus picarescas imaginaciones o la furia de su impaciencia con el facilismo o las excusas.

Esta iniciativa de la distinción Doctor Honoris Causa compartimos con el señor abogado, autoridad del Órgano Judicial y docente de nuestra facultad, doctor Iván Campero y el periodista, licenciado Edwin Flores, propuesta que mereció todo el respaldo y compromiso del director de la carrera, licenciado Diego Murillo, del decano, doctor Julio Mallea, el vicedecano, licenciado Ramiro Bueno, el director de la Carrera de Derecho, doctor Javier Tapia, los honorables consejos de ambas instancias y el rector, doctor Waldo Albarracín. 

El 21 de septiembre de este año, hace escasas semanas, en el homenaje a los 37 años de la carrera, tuvimos el privilegio de contar con su presencia virtual, escuchar sus lúcidas ideas de la política, su pensamiento gramsciano y la paciencia de compartir los recuerdos de estos decenios de construcción de la disciplina. 

La contribución al país, a la clase obrera, a la nación y el desarrollo del pensamiento político boliviano está en su obra, el mejor homenaje es seguir profundizando los ideales heredados e izar en alto el aporte a la lucha del pueblo boliviano. 

En homenaje póstumo se creó la cátedra Isaac Sandoval para que los estudiantes, los académicos, los intelectuales, investigadores, líderes sociales y los practicantes de la política tengan acceso a este espacio de estudio, reflexión, análisis y comprensión del profundo sentido histórico que hereda con sus obras sobre la compleja trayectoria nacional.

Deja un legado formidable para entender las fracturas de un país, las antípodas internas y el augurio de superar los accidentados momentos de estos cerca de 200 años de creación de Bolivia. Vivió consecuente con sus ideas, ideales y principios, de los pocos grandes…

Iván Miranda Balcázar es docente universitario.

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