Dunia Sandoval Arenas 

Loida Rodríguez: vivencias y desafíos de una luchadora

lunes, 30 de noviembre de 2020 · 00:10

Conocí a Loida en los cursos que recibíamos los niños hijos de exiliados en Lima, en 1976. La dictadura de Banzer mandó a centenares de familias al exilio, entre ellas a la de Daniel Rodríguez Cárdenas, dirigente de los periodistas, y a la nuestra, dado el exilio obligado de mi padre Isaac Sandoval Rodríguez. 

Los exiliados organizaron unos curiosos cursos de bolivianidad donde los niños aprendíamos oficios, aficiones y mucho amor a Bolivia. Ahí estaba Loida enseñándonos a declamar con emoción y buena dicción los poemas de Óscar Alfaro. Ella con profesionalismo y usando su maravillosa voz nos marcaba signos de entonación. Ahí conocí a mis amigos Cathia y Daniel. Amistad entre las familias que perdura por generaciones.

Ella fue una de las primeras mujeres periodistas profesionales. Estudió en Brasil cuando no existían facultades de periodismo en Bolivia. En la Escuela de periodismo en Río de Janeiro, la confundían con una estudiante del sur de Brasil, por su muy leve acento. Llegó a hacer locución en portugués. Era una formación muy exigente pero ella estaba preparada para cualquier desafío. 

Formó su familia con Daniel Rodríguez. Los recuerdo como una pareja que debatía de temas interesantes, estaban al tanto de la política de Bolivia y el mundo, con un lúcido análisis, compartiendo veladas con los exiliados bolivianos. Cuando cayó la dictadura y retornamos del exilio, en 1979, Daniel falleció al poco tiempo. La familia Rodríguez sobrevivió con mucha determinación y coraje, a pesar de la nueva dictadura de García Meza. Loida trabajaba en radio, prensa y agencias de noticias. Atravesábamos ya la dura crisis de los años 80.

Luego trabajó varios años en Unitas, Unión Nacional de instituciones para el Trabajo y la acción social (1985-1990), una red de ONG donde ella trabajó en la línea de comunicación para el desarrollo y el cambio social. Su facilidad de establecer diálogos la llevó a establecer puentes y a solucionar conflictos. Era cochabambina, pero adoptó a La Paz como su lugar de vida, seguramente porque ahí estaba el núcleo de lo político y social en Bolivia.  

Con gran compromiso fue Secretaria Ejecutiva de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (Apdhb), y luego dirigió la Unidad de Comunicación del Viceministerio de Asuntos de Género, Generacionales y Familia. “En los años 90 se aportó a la creación de institucionalidad de género en Bolivia y tuvimos muchos logros que hoy se desconocen”, me comentaba. Ella entendía que los avances son una construcción de generaciones y no el mérito de un solo partido. 

Ella formó parte de las luchas por la equidad de género, por la participación política de las mujeres, por su derecho a vivir una vida sin violencia. También fue responsable de pedagogía constitucional del Tribunal Constitucional de Bolivia bajo la presidencia de la doctora Elizabeth Íñiguez de Salinas. Al momento de su fallecimiento era Presidenta del Tribunal de Honor de la Asociación de Periodistas de La Paz.

Conozco mucho de ella, no solamente por la amistad que tenía con mis padres, sino porque tuve la oportunidad de sostener largas conversaciones durante toda la vida y especialmente, durante mi etapa en La Paz, entre 2015 y 2018. Ella me aconsejaba y asesoraba con sabiduría, experiencia y conocimiento sobre las coyunturas políticas en las que me veía inmersa por el trabajo. Como somos las mujeres, diversas y flexibles, ella pasaba de un análisis de actores políticos de coyuntura al consejo preciso para mamás. Ella no separaba lo “público” de lo “privado”, acción propia de la mujer íntegra que fue.  Ya imaginarán cuánto extraño esas pláticas. 

 Loida, la admiro porque nunca tuvo “poses”, ni falso orgullo, aun teniendo tanto conocimiento. Usted asumió con valentía todos los desafíos de apoyar a sus hijos y educar como madre a sus nietos menores, estando a la vez pendiente de nietos en el exterior. La última vez que conversamos, una semana antes de su partida, se declaró ganadora de la batalla contra el cáncer, pero también me dijo que lo importante era morir con “dignidad” -como había sido el fallecimiento de mi padre- manteniendo la lucidez hasta el final. Cathia, Daniel, tengan la certeza de que seguiremos su legado de integridad y sabiduría.

Dunia Sandoval Arenas  es comunicadora social.

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