Jorge Patiño Sarcinelli

La triste tragedia de Jeanine

viernes, 6 de noviembre de 2020 · 00:10

La historia la escriben los vencedores, es una frase que se suele usar para referirse al hecho muy visto de que la versión de la historia que se impone la dictan los poderosos, acomodando los hechos y sus causas a su favor; mientras que los débiles y oprimidos deben esperar que surja un revisionista que cuente su versión.

Los vencedores del momento son los del MAS, y son ellos los poderosos que ahora dictarán la versión oficial de lo ocurrido. Como hay un historiador entre los perdedores quizá veamos pronto ambas versiones.

La versión de los vencedores es que el gran líder ejerció su derecho humano de candidatearse cuantas veces lo pida el pueblo; que en unas elecciones limpias, que apenas tuvieron unos problemitas técnicos, él salió ganador, pero los traspiés dieron lugar a que la derecha inventara un fraude; lo que, a su vez, precipitó la intervención del Ejército, que dio un golpe de Estado, el que Jeanine Añez, que no estaba en la línea de sucesión, usó para autoproclamarse Presidenta.

La ilegítima Presidenta ejerció entonces el poder de manera arbitraria, matando y atropellando derechos, lanzándose a la candidatura, desdiciendo su palabra, y para su campaña usó los bienes del Estado - cosa que el gran líder nunca había hecho - e incurrió en actos de corrupción, cosa también ajena a la ética del austero paladín de pobres y oprimidos.

Finalmente, para demostrar que no había habido fraude, bastaron dos exministros candidatos para arrasar en unas nuevas elecciones y devolver todo a la situación que siempre había querido el pueblo y que los vendepatrias neoliberales quisieron alterar, pero sólo lograron demostrar lo mal que lo hacen en el poder. Por eso es mejor que lo devuelvan.

Ahí cierra ese capítulo de la historia oficial, que ya está siendo repetida por bien y mal intencionados políticos y periodistas del primer y tercer mundo, a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, los perdedores también tienen su versión. Apostaría que uno de éstos añadirá un nuevo capítulo a su compendio de estadísticas presidenciales y dirá que la culpa de todo la tienen Pepé y Teté, pero no Memé.

Sin duda, la gran perdedora de este episodio de la historia nacional es Jeanine Añez, quien, como en una tragedia griega, fue puesta por el destino en un lugar que nunca soñó en ocupar y quien, como personaje de esos dramas, terminará destruida por fuerzas que ella no invocó ni podía controlar.

Desde esta perspectiva, hay una versión de los hechos que también debe ser rescatada´, no con imparcialidad, que eso en historia no existe, pero al menos sin la saña y desmemoria que están ya siendo desatadas.

Jeanine llega al Senado y después a la segunda presidencia de ese órgano, como lo hacen muchos; con una mezcla de contactos y chiripa. Ahí está en octubre de 2019, esperando el final de gestión, cuando 21 días de patriótica insurrección provocan la renuncia y fuga del Presidente y Vicepresidente del Estado, del primer presidente del Senado, y del primer presidente de Diputados, y ¡zas! le toca a ella ser Presidenta del país.  ¿Yo? ¿Qué hice para merecerlo? No hiciste nada. Elay, ¡te tocó!

A partir de ahí fue como un barco que ella nunca había piloteado, sin timón en alta mar, zarandeada por olas y vientos, sujeta a presiones, pandemias y obstáculos, sin compañeros ni partido. Reza y hace ofrendas, pero presa de manos inexpertas, cae en errores de exceso e ineficacia, que no son pocos. Los más graves fueron hacer quisotis con su candidatura y dejar que un ministro revanchista abuse de la justicia, provocando el resentimiento popular.

Y cuando su candidatura iba a hacer aguas, ella tira la pita, y mitad del país canta en coro: ¡Patriota, oh, lúcida patriota! Pero ya era tarde. Las huestes opositoras ya estaban en las puertas y la invasión fue devastadora. Nuestra heroína es conducida al calabozo y ahí tendrá que esperar para ser llevada a la guillotina civil.

Esta es la triste historia de la bella Jeanine y su pueblo desalmado que ningún bardo cantará.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.

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