Hernán Cabrera M.

Filosofar el Covid-19 en el posconfinamiento

viernes, 11 de diciembre de 2020 · 00:09

La pandemia del Covid-19 tiene dos dimensiones. Una es eminentemente médico y la humanidad reaccionó en ese marco. Gobiernos se movilizaron para mejorar los sistemas de salud; la gente era tratada con medicamentos, o medicina natural; el personal de salud que estuvo al frente de la batalla. Se hicieron esfuerzos para descubrir la vacuna contra el virus. Hay miles de muertos y contagiados. Pero la vida siempre debe triunfar.

Pero también la pandemia tiene su dimensión filosófica, ese diálogo con el alma misma, como lo planteó Platón. Casi toda la humanidad se recluyó en sus hogares, en sus trabajos, en sus lugares preferidos. Dostovieski decía “toda persona ha de tener un hogar donde poder refugiarse”. Y nos refugiamos en nuestro interior, en nuestras mentes, en nuestros corazones. Y sobrevivimos ante el embate y lo seguiremos afrontando.

En la etapa del posconfinamiento y con la segunda oleada del terrible virus, la humanidad está preparada en la parte médica, es decir, los hospitales se equiparon; los médicos y enfermeras fueron capacitados, conocen las reacciones, los medicamentos a suministrar y la gente tiene los cuidados respectivos.  Ahora se puso en marcha las campañas de vacunación a raíz de la vacuna adecuada contra el Covid-19, lo que hace más llevadera esta etapa a finales del 2020.

“Curar el alma” es una de las funciones de la filosofía o el “diálogo consigo mismo”, o el navegar en aguas turbulentas, o el filosofar sobre los problemas de la vida, en medio de tempestades, ir tras la “paz filosófica” y tantas otras características, le han impreso los filósofos a la capacidad más innata y más propia del ser humano: el ser pensantes, el pensarnos y el de pensar al otro. Es precisamente esta dimensión que ahora debemos cultivar en la etapa del posconfinamiento.

Sin duda, la filosofía nos ofrece esta enorme oportunidad de hacerlo de forma inmediata, urgente e imprescindible. Lo que los grandes filósofos lo pensaron, debatieron y escribieron hace 100, 200, 400 o 1.000 años sobre las adversidades que atraviesa el ser humano; los retos que debe asumir en cada situación; sobre los sabores de la felicidad e infelicidad y tantos otros temas propios del actuar humano, es tan actual hoy en día, que merece volcar nuestros ojos hacia esas enseñanzas, porque el filosofar trasciende fronteras, tiempos, épocas y barreras, como lo dijo Max Horkheimir: “La filosofía es el pensamiento que no anda en busca de enseñorearse, ni tan siquiera de nuevos hallazgos -quien habrá en nuestros días tan avisado que pudiera desenmascarar y perescrutar todas las cosas-, sino que insiste en encontrar, no la consigna, sino la palabra para la experiencia de este tiempo y que, justamente por eso, no está sometida al tiempo”.

La filosofía nos impulsa a provocarnos, mirarnos por dentro, ver nuestros errores, sentir nuestras debilidades, tocar fondo, levantarnos y mirar de frente, y resurgir como el ave fénix. También consiste ponernos a prueba frente a los miedos, a los tormentos, al dolor, a la muerte, a los prejuicios, a las presiones, a los chantajes, a las cobardías, a las carencias, porque así como decía el filósofo Seneca: “El oro se prueba por el fuego, el valor de las personas por la adversidad”, e inevitablemente se trata de aplaudir y gozar de nuestros logros y de los pasos que hemos dado en el ajetreado afán de vivir. 

Filosofar la pandemia del Covid-19 no causa dolores de cabeza, ni fiebre a 38 grados ni malestares en el cuerpo ni falta de respiración en los pulmones ni diarreas fuertes, se lo garantizamos. Si se deja atrapar por la filosofía en esta etapa del posconfinamiento, sentirá poderosamente otros efectos y se sentirá liberado y aliviado.

Necesitamos más filosofía y menos ibuprofeno. Más Platón y menos paracetamol. Más Nietzsche y menos sedantes. Más Kafka y menos propanolol.

 
Hernán Cabrera M. es periodista y licenciado en Filosofía.

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