QU  Dongyu

No debemos dejar atrás a las montañas ni a sus habitantes

domingo, 13 de diciembre de 2020 · 00:09

Una proporción cada vez mayor de personas que sufren los peores niveles de hambre, vive en las montañas.

Un nuevo estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y sus asociados muestra que el número de habitantes de las montañas vulnerables a la inseguridad alimentaria en los países en desarrollo aumentó de 243  millones a casi 350  millones entre  2000 y  2017.

En términos sencillos, uno de cada dos habitantes de las montañas en los países en desarrollo se encontraba en riesgo de no disponer de alimentos incluso antes del estallido de la pandemia por Covid-19. 

En todo el mundo, los países trabajan duro para cumplir la Agenda  2030 para el Desarrollo Sostenible. Pero los habitantes de las montañas corren el riesgo de quedarse atrás.

En vez de que mejoren sus condiciones, una gran parte se ve afectada por el deterioro de los entornos montañosos, la permanente marginación y la falta de acceso a alimentos, mercados, servicios básicos e infraestructura.

Los ecosistemas donde viven son frágiles. El cambio climático, al provocar la degradación de los ecosistemas montañosos y aumentar los deslizamientos y las sequías, desempeña una función destacada. En los países en desarrollo, aproximadamente el 80 % de la población rural de montaña vive en zonas afectadas por tales peligros.

El sobrepastoreo, las prácticas agrícolas insostenibles y la urbanización también pueden dar lugar a la degradación de la tierra, lo que conlleva a la pérdida de tierras agrícolas y reduce la capacidad productiva.

La crisis de la Covid-19 ha contribuido a esta situación. Las restricciones adoptadas en respuesta a la pandemia han intensificado las vulnerabilidades de las comunidades que habitan en las montañas, cuyos medios de vida dependen principalmente de la agricultura, el turismo y las remesas de los migrantes. 

Seamos claros: el deterioro de los entornos montañosos es un problema para todos nosotros. 

Las montañas proporcionan entre el 60% y 80% del agua dulce del mundo, esencial para el consumo doméstico, el riego, la industria y la producción de alimentos y energía. Las montañas albergan alrededor de la mitad de las zonas de mayor biodiversidad del mundo. Muchos de nuestros cultivos alimentarios y nuestro ganado son originarios de las montañas, incluidas las papas, los tomates, las llamas y los yaks. 

Todos nosotros dependemos de la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos respaldados por las montañas.

Entonces, ¿qué debemos hacer para revertir las espeluznantes estadísticas?

Abordar el cambio climático es clave. La transformación de los sistemas alimentarios mediante el fomento de la agricultura y los medios de vida sostenibles, con el apoyo de las políticas, la innovación, la investigación y la participación de la comunidad, también es vital.

A medida que entramos en el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, la comunidad mundial debería centrarse en las montañas como uno de los principales ecosistemas que requieren atención. La mejora de la resiliencia de los ecosistemas montañosos puede ayudar a mantener la biodiversidad. Asimismo, protege a las poblaciones que viven en las zonas aguas abajo contra las inundaciones repentinas y los deslizamientos. Al mismo tiempo, los paisajes restaurados garantizan la productividad del agua y del suelo, que es fundamental para la alimentación y la agricultura.

La Alianza para las montañas, una colaboración de las Naciones  Unidas, trabaja en la mejora de los medios de vida y la gestión de los recursos naturales en las comunidades que habitan en las montañas. Con el apoyo de los gobiernos de Andorra, Italia y Suiza, su iniciativa sobre los productos de la Alianza para las montañas  promueve los productos que proceden de pequeños productores en las zonas montañosas y preservan la agrobiodiversidad local y las técnicas tradicionales.

Dando un paso más en este concepto, la FAO está lanzando la iniciativa 1. 000 aldeas digitales, que se centra en aumentar la resiliencia, diversificar los ingresos y reconstruir mejor en las zonas rurales a través de las tecnologías digitales, incluido el comercio electrónico y la promoción innovadora del turismo rural.

Las zonas montañosas deben formar parte de la transformación digital rural impulsada por la urgencia de reducir la brecha digital entre el medio rural y el urbano y las disparidades regionales, acelerar la creación de puestos de trabajo, diversificar la economía rural, promover el agroturismo,  y mejorar los ingresos y los medios de vida de los agricultores.

La biodiversidad de las montañas fue el tema del Día Internacional de las Montañas de este año, que se celebró el 11  de diciembre. Este día debería recordarnos que los gobiernos, las organizaciones y las comunidades pueden y deben hacer mucho más para ayudar a los habitantes de las montañas a proteger los recursos naturales, mejorar sus medios de vida y mantener sanos los entornos montañosos.

Cuando decimos que no dejaremos a nadie atrás, que sea en serio.

QU  Dongyu es director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
 

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