Carlos Derpic

Verdad, no contubernio

lunes, 14 de diciembre de 2020 · 00:10

Por varias razones el MAS se interesa en mostrar que en noviembre de 2019 hubo golpe de estado en Bolivia. 

1. Busca cubrir el fracaso de su estrategia de “vacío de poder y caos” para el retorno de quienes ya estaban en fuga luego de su renuncia. Seguros de que nunca fallaban, no pensaron que, en situaciones extraordinarias, se aplican precedentes; desconocían lo sucedido en 2001 respecto a la sucesión constitucional.

2. Intenta esconder la formidable movilización pacífica del pueblo boliviano en contra del enésimo abuso del MAS, agravado con el desconocimiento del referéndum de 2016, que le dijo NO a la reelección indefinida, y con las vergonzosas actuaciones del TCP y el TSE, incluida la aplicación anticipada de la Ley de Organizaciones Políticas para habilitar al binomio Morales-García, todo ello rematado con el fraude electoral de 2019.

3. Busca ocultar la vergonzosa fuga de los dos ex primeros mandatarios, que tiraron al tacho de basura el “Patria o muerte, venceremos” y demostraron que solo fue un slogan destinado a humillar a unas Fuerzas Armadas cuyos Comandantes se prestaron a ello.

4. Es un medio para perseguir y procesar a opositores y para disciplinar a militares y policías que se negaron a continuar sometidos a los dictados de los ex gobernantes o que desobedecieron la instrucción de no intervenir, para que los bolivianos nos matemos entre nosotros.

5. Es una herramienta para ocultar la feroz represión que ejecutó la policía contra el pueblo en el lapso 21 de octubre – 8 de noviembre de 2019, a la vez escoltaba y protegía las movilizaciones masistas. Intenta también ocultar el despliegue que, desde distintas instituciones del Estado, se desarrolló para atacar al pueblo movilizado contra el escamoteo de la voluntad popular. Y la acción de grupos de choque masistas que hicieron de las suyas.

Para mostrar que su gobierno fue angelical, el MAS pretende echar mano del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la CIDH que se encuentra en el país. 

Si este grupo, conformado por destacados profesionales que conocen la importancia de los derechos humanos y que saben muy bien que la vida es un absoluto, se deja manipular y permite que sus investigaciones se realicen en medio de asambleas con claque incluida, que no sólo aplaude sino que también agrede; si actúa acompañado abiertamente de activistas identificados totalmente con el MAS; si investiga sólo lo que la Defensoría del Pueblo le dice que debe investigar, no sólo desprestigiará a sus miembros, sino que echará más sombra al accionar de la CIDH.

Esta importante instancia defensora de los derechos humanos durante las dictaduras militares, en el último tiempo ha dado pasos en falso que llevan a identificarla con ciertos gobiernos y no con la defensa de los mencionados derechos. 

La muerte de don Julio Llanos y las de Montero, las emboscadas de Vila Vila y Challapata, la quema de las casas de Waldo Albarracín y Casimira Lema y de 66 buses Pumakatari, los asaltos a locales comerciales en La Paz, las amenazas de “ahora sí, guerra civil”, la profanación de cadáveres de los muertos en Senkata, las órdenes de cercar ciudades, deben ser investigadas con la misma seriedad que todos los demás lamentables hechos sucedidos en octubre y noviembre de 2019.

Informes falsos y tergiversación de la realidad, nunca dan fruto, como lo muestra la historia; pero, contribuyen a sembrar desazón, injusticia y muerte.

Verdad, no contubernio, es lo que esperamos del GIEI.

Carlos Derpic es abogado.
 

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