Hernán Cabrera M.

Alto consumo de cocaína y marihuana carcome a la sociedad

sábado, 19 de diciembre de 2020 · 00:09

Con la pandemia se han encontrado nuevas r   utas para el tráfico de las drogas ilegales; con el virus que nos mandó al confinamiento, el consumo de las drogas ha aumentado entre la población joven y como efectos negativos se incrementaron las consecuencias en la salud  de las personas y los muertos por sobredosis, son algunas de las conclusiones que arribó la  Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en su Informe Mundial sobre las Drogas 2020.

El País de España acaba de publicar el reportaje “La cocaína universal”, llegando a  constatar que este año “jamás se consumió tanto, jamás se produjo tanto; el tráfico de la droga ha mutado como industria y se ha adaptado a los nuevos tiempos. Así lo ha hecho” (El País, 13/12/2020).

El 1 y el 11 de diciembre de este año, Página Siete  informaba de sendos operativos de la Policía, en los que decomisó más de 500 kilos de cocaína y 150 kilos de marihuana, en distintas ciudades del país. “Que significa una  afectación económica de casi un millón de dólares a esta actividad ilícita”, recordó el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo.

En tiempos de pandemia, este lucrativo negocio no ha descansado un solo día y sus tentáculos han abarcado a más gente, así como lo alerta el Informe Mundial sobre las Drogas de la ONU:  “Los grupos marginados y en situación de vulnerabilidad, jóvenes, mujeres y personas en situación de pobreza pagan el precio por el problema global de las drogas. La crisis por el Covid-19 y la recesión económica amenazan con agravar aún más los efectos de las drogas en un momento en que nuestros sistemas sanitarios han sido llevados al límite y nuestras sociedades están luchando para hacer frente a esto”, afirmó la directora ejecutiva de la Unodc, la señora Ghada Waly. “Necesitamos que todos los gobiernos muestren una mayor solidaridad y proporcionen apoyo, sobre todo a los países en desarrollo, para combatir el tráfico ilícito de drogas y ofrecer servicios basados en la evidencia para los trastornos causados por el uso de drogas y enfermedades relacionadas, de modo que podamos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), promover la justicia y no dejar a nadie atrás”.

Guillermo Davalos, director de la Fundación SEPA, alertó que la lucha contra el narcotráfico, que mantiene la misma visión desde hace 30 años ha fracasado de forma contundente en Bolivia y prueba de ello son los datos de personas que cada vez consumen las drogas ilícitas, como la cocaína en sus versiones clorhidrato y pasta base, además de la marihuana.

El Informe Mundial de Drogas 2020, en relación a nuestro país, alertó que en el 2018, 0,6% de la población boliviana consumía cocaína. Dicho porcentaje equivale a casi 42.000 personas consumidoras de cocaína, y cerca de 14.000 que consumían pasta base en 2018.

Esta es la realidad en Bolivia: el consumo de la cocaína y marihuana, solo para hablar de estas dos drogas, está presente en las ciudades, en las familias, en las unidades vecinales, en los lugares de trabajo, en los colegios, en las universidades, en las calles, en las plazas, o parques y el otro dato preocupante, es que las instancias competentes no han desplegado planes integrales de prevención contra la drogadicción, lo cual, sin duda, tendrá que ser tarea prioritaria del Consejo Nacional de Lucha contra el Narcotráfico, que en Santa Cruz tiene un hermoso edificio, con toda la infraestructura necesaria, operativa, de convertirse en el ente articulador, coordinador y ejecutor de estos planes, exigiendo a los gobiernos municipales y gobernación que lleven adelante estos planes, que deben basarse en el respeto de los derechos humanos de quienes son atrapados por el vicio.

Asi lo planteó en mi reciente libro Desgarrados por la cocaína, que fue editado por la importante institución Centro de Estudio y Apoyo al Desarrollo Local, que viene trabajando en estos planes de prevención, educación y formación. El problema de la drogadicción tiene una dimensión fundamentalmente humana y quienes están en el infierno deben recibir un tratamiento desde los derechos humanos, no represivo ni de castigos severos. Además si somos conscientes y responsables, la prevención desde las familias y en las escuelas es un asunto de vital importancia.

El Deber en su editorial del 29 de diciembre planteaba: “Lo que el país no tolerará es que se pretenda desconocer que el narcotráfico es un problema real. Un sinceramiento es un buen punto de partida para avanzar. Lo agradecerán todos los bolivianos que aún esperan que en Bolivia no se corra la suerte de México o de Colombia. (El Deber 29-11-2020).

Así es, el 2020 también es el año de la cocaína y la marihuana, que han llegado a más consumidores, y con ello, más problemas y más retos para el Estado y la sociedad boliviana, que demanda priorizar varias tareas, entre ellas, la prevención contra el consumo de estas drogas y otras.
 

Hernán Cabrera M. es periodista y licenciado en Filosofía.

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