Héctor Arce Zaconeta

Un gobierno de reconciliación, justicia y unidad

domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:09

El domingo 18 de octubre de 2020 será un día que vivirá grabado para siempre en la memoria positiva de la nación boliviana, un día en el que se recobró la democracia, la dignidad, la justicia y la paz. Todo el mérito, una vez más fue del pueblo boliviano, que al asistir a las urnas pacífica y democráticamente decidió, por 55,1%, dar continuidad a un histórico proceso de transformaciones económicas, políticas y sociales que será irreversible para bien del mismo pueblo.

Sin embargo, y con el fin de no cometer los errores del pasado que tuvieron altísimos costos para los sectores sanos de la nacionalidad boliviana, traducidos en un año de oscuridad y terror, en los que los derechos humanos fueron prácticamente suprimidos, quedando la nación en manos de personas marcadas por el odio y la maldad, es necesario tomar algunos recaudos en relación fundamentalmente a la reconciliación, la justicia y la unidad. 

En el ejercicio la política, en democracia y en institucionalidad republicana, importa por sobre todo conciliar, aunar criterios, respetar a las minorías.  Si hay algo que no tolera la sociedad boliviana es la mínima idea de autoritarismo e imposición, por ello es muy importante que se cambie la lógica de gobernar, introduciendo el diálogo a todo nivel, como paso previo y permanente para todo tema que pueda generar controversias o conflictos; en otras palabras, priorizar siempre la conciliación y tratar de buscar el consenso a toda costa. 

 Hoy son tiempos diferentes y difíciles, la clave del éxito está fundamentalmente en reconciliarnos entre todos los bolivianos, indiferentemente de nuestra condición social, ideología política, región donde vivamos. Será necesario acabar con la venganza y el odio que caracterizó lamentablemente al gobierno transitorio.

La reconciliación y el reencuentro no quiere decir, desde ningún punto de vista, que haya impunidad y ausencia de justicia. En cuanto a esta importante función del Estado, más allá de la fundamental e impostergable reforma que debe darse, en lo inmediato podemos acabar con la guerra judicial (lawfar) que tanto daño hizo a personas inocentes este año de sombras que concluye. 

Para lograr una efectiva e inmediata humanización de la justicia se puede utilizar la “amnistía constitucional”, como un valioso instrumento. Esta figura jurídica universal, creada para generar paz en la sociedad, la política y la administración del Estado, no debe ser alterada por diferentes hechos que siembran injusticias y dolor en contra de los más humildes y desamparados, como ocurrió recientemente. Es fundamental una amnistía para los ciudadanos, para el pueblo que fue perseguido y encarcelado entre el 10 de noviembre de 2019 y el 8 de noviembre de 2020. 

Adicionalmente, los bolivianos, en esta coyuntura, debemos apostar por la unidad en todo sentido, unidad entre todos los bolivianos frente a las adversidades que nos golpean y golpearán el siguiente año; unidad dentro del gobierno, unidad de la oposición y sobre todo buscar la unidad y el consenso entre todos los actores políticos. En definitiva, construir una sociedad de paz, armonía y reconciliación que cierre sus heridas y que se disponga a construir su futuro bajo los valores y principios que solamente surgen y se aprenden de las grandes debacles que sufren las naciones antes de hacerse fuertes y empezar a creer en sí mismas. 

Para ello es fundamental que se vean puntos de coincidencia entre todas las fuerzas políticas, es necesaria una amplia y verdadera vocación de diálogo de parte del gobierno, empero, lo más importante, es necesaria una oposición política constructiva, algo que lamentablemente no se ha dado en Bolivia en los últimos quince años. 

Las organizaciones políticas, sus líderes y parlamentarios, llamados de oposición, además de  no plantear nada,  sólo se movieron por el odio, la maldad y los intereses oscuros, mezquinos y sectarios; quizá por ello cuando tuvieron la oportunidad de gobernar interinamente y pudieron haber marcado un cambio de era en la política del país, no lo hicieron, se envenenaron con su propio veneno. En menos de un año tuvieron que devolver el gobierno al único proyecto viable de nación que Bolivia tuvo durante toda su historia republicana. La actual oposición tiene la gran oportunidad de marcar diferencia, ser constructiva, propiciar el diálogo, abandonar la mentira, las falsas acusaciones y, en definitiva, ofrecer un planteamiento de país.  

Dependerá de la actual oposición el actuar madura e inteligentemente a tiempo de avanzar en las grandes transformaciones que el Estado necesita. La necesaria e impostergable reforma de la justicia puede ser el primer gran acuerdo que se logre en un gobierno de reconciliación, justicia y unidad.

  

Héctor Arce Zaconeta fue ministro de Justicia y Procurador del Estado.

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