Marcelo Montenegro  

Fariseos de la economía

martes, 22 de diciembre de 2020 · 00:11

El Gobierno Nacional viene implementando un conjunto de medidas económicas hacia la reconstrucción y reactivación, con el objetivo de volver a dinamizar la economía nacional y mejorar la situación de los hogares bolivianos; sin embargo,  algunos sectores y, en particular, ciertos representantes políticos, como Samuel Doria Medina, critican estas medidas con argumentos que no tienen asidero técnico, reflejan su posición y falta de solidaridad en situación de pandemia, cuando el país necesita del apoyo de todos para salir de la crisis.

Una de las medidas cuestionadas por Doria Medina es el Impuesto a las Grandes Fortunas (IGF) del que sólo una ínfima fracción de la población será contribuyente, tiene el objetivo de aminorar la regresividad del sistema tributario y de manera óptima se pretende que un sistema tributario deba tender a ser progresivo, es decir, que los que ganan más contribuyan más, y los que tienen menores ingresos lo hagan en similar proporción; muchos millonarios en Bolivia sí tienen una actitud proactiva y están dispuestos a pagar el IGF, pero otros pocos no, lo que revela su pobreza en términos de solidaridad y actitud contributiva con el país.

El reintegro del Impuesto al Valor Agregado (IVA) va en el mismo sentido, beneficiar a la población de menores ingresos. Tanto el RE-IVA y el IGF favorecen la redistribución del ingreso y la mejora en la progresividad tributaria, queda claro que en épocas de pandemia y de crisis la solidaridad se efectiviza en una mayor carga tributaria para los ricos y menor carga a los de menos ingresos, basta mencionar que, según la reciente teoría de la solidaridad que ha cobrado protagonismo en los últimos años, el bienestar es un bien común y se debe promover el aumento en el bienestar de la población pobre, es decir un proceso redistributivo en marcha, que finalmente contribuye a la consolidación del bienestar general. 

En otros países incluso los millonarios, alrededor de una centena, están aportando y piden aportar más impuestos para contribuir en los nuevos programas gubernamentales y reactivar sus economías ante los efectos de la pandemia; muchos otros se realizan cuantiosas donaciones, como la multimillonaria Mackenzie Scott de Estados Unidos que donó hasta casi $us 6 mil millones en lo que va de este año.

De igual forma, la lectura en relación a que estas medidas son procíclicas también es errónea. El reintegro al IVA es contracíclico, pues significa una devolución de impuestos en un escenario recesivo y crisis para quienes más los necesitan y representa una proporción mucho mayor que aquellos sujetos al IGF. Por el contrario, fue el gobierno transitorio, del cual fue aliado Doria Medina, no sabemos si como asesor económico, el que llevó adelante una política procíclica al paralizar la inversión pública con sus efectos catastróficos para la economía boliviana.

En cuanto a la afirmación de que se presiona al sector privado y que éste haya sido objeto de “odio” del gobierno previo, son falsos. En los 14 años de gobierno se diseñaron diferentes medidas para promover al sector privado. Por ejemplo, el Fondo Capital Semilla (FOCASE) que es más efectivo que un sistema tributario específico para el sector productivo emprendedor; también lo hicieron los créditos productivos en el marco de la Ley de Servicios Financieros de 2013, los aranceles cero para la importación de bienes de capital para el sector industrial, la gestión y búsqueda de mercados, coordinada con el sector privado, como fue el caso del sector cárnico, entre otros, al que se suma el actual Fondo de Reactivación para Empresas Grandes, Medianas, Pequeñas y Microproductores, con tasa del 0,5% y condiciones blandas, que fomenta la producción de bienes finales e insumos que sustituyan importaciones, establecen un sendero de impulso a la producción e implementación de proyectos industriales y manufactureros que ahorren divisas y generen empleos.

Las medidas de refinanciamiento y reprogramación de créditos contribuyen a seguir impulsando a estos sectores, llevar adelante la reactivación económica y cuidar la salud del sistema financiero boliviano.

Por tanto, artículos y posiciones políticas de confederaciones y otros que critican las actuales medidas, que se atribuyen ser representantes de sectores productivos y emprendedores, solo muestran la intención de defender sus intereses propios y su falta de solidaridad. Evidentemente, no son la voz de todos los empresarios o de toda la población de mayores recursos, existen sectores y personas adineradas que no se niegan a contribuir al proceso de redistribución y reactivación económica del país. No es ético que políticos que fueron parte del gobierno de facto, que tuvieron la oportunidad de contribuir con medidas para apoyar al sector privado productivo y a la reactivación, que no lo hicieron en su momento, arremetan ahora como “fariseos” de la economía contra las actuales medidas que pretenden reactivar el aparato productivo que, finalmente, beneficiarán a los empresarios y en general a toda la población.

 

Marcelo Montenegro  es ministro de Economía y Finanzas Públicas.

 

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